Entre el rigor del Derecho y la autenticidad de las redes sociales, la creadora de contenido abordó la necesidad de romper los moldes de la abogacía convencional, usar el entorno digital a favor del desarrollo profesional y sobrellevar la exposición pública.
Hay veces que le cuesta qué decir primero a la hora de presentarse: si abogada o creadora de contenido. No porque considere una cosa mejor que la otra, o que una haya sido antes —pues, en estricto rigor, las dos partieron casi al mismo tiempo—, sino porque se identifica plenamente con ambas y ha aprendido a navegar entre esos dos mundos que, aunque suelen parecer distintos, comparten pilares fundamentales.
La comunicación, la construcción de confianza y la capacidad de conectar con la gente.
«Durante mucho tiempo se pensó que las personas debían elegir una sola identidad profesional. Mi experiencia ha sido la contraria. El derecho me ha entregado pensamiento crítico, rigurosidad y capacidad analítica. Las redes sociales me enseñaron sobre cómo comunicar, sobre la adaptación y cercanía con las personas. Es así como hoy veo ambas experiencias como complementarias y creo que esa combinación será cada vez más valiosa en un mundo donde la comunicación y la confianza son fundamentales».
Para Anahí Vega (28) es simple: no cree que debamos elegir entre ser profesionales, creativos, deportistas, emprendedores o cualquier otra faceta que nos propongamos. Todos podemos desarrollarlas simultáneamente y construir algo grande, una vida más completa. En ese sentido, a ella las redes sociales le han permitido desarrollar habilidades comunicativas, así como el posicionamiento y la gestión de su imagen, competencias que según dijo hoy se complementan muy bien en su formación jurídica.
«Gracias al tiempo que llevo de influencer, donde también he sido mi propia manager, he aprendido mucho de comunicación estratégica, negociación con marcas, manejo de crisis, marketing digital y generación de audiencias», agregó.

***
Nos juntamos en una cafetería cercana a su trabajo en Providencia. El día era soleado, tranquilo y perfecto para conocerla más allá de lo que podemos ver desde nuestros teléfonos. Anahí es simpática, cordial, locuaz y ágil para conversar. Es de respuestas largas, tiene sentido del humor, un gusto impecable para vestir —esta vez con una chaqueta de cuero, unos aros grandes, un suéter carmesí de cuello largo y una bufanda de animal print que combina con sus lentes de sol— y una memoria privilegiada para recordar cuándo, cómo y por qué surgió su faceta de influencer.
Fue en el periodo entre que estaba saliendo del colegio y entrando a la universidad para estudiar derecho, «y la verdad es que fue totalmente innato, o fuera de mi control porque no lo busqué, no lo tenía en mente ni lo quería. Tengo todo un tema con la fama y la sobreexposición. Con todo este hype o locura que gira en torno a alabar ciertos personajes cuando se vuelven públicos, y también a todas las presiones que se generan a la persona cuando es conocida externamente».
Continuó. «Todo fue muy rápido. De hecho, hace un tiempo estuve viendo mi carrete de fotos y encontré unos screenshots que tenía de mi perfil antiguo. Estaba en el colegio y ya tenía como cuatro mil o cinco mil seguidores. Como en ese tiempo mi mamá era muy mediática, daba lo mismo qué se hablara. Sea de ella o de mí, me llegaba gente de sapa (ríe)».
Anahí Vega siempre se quiso mantener al margen de toda la exposición posible, en parte por el reconocimiento público que siempre ha tenido su madre, la actriz Yasmín Valdés. De carrera en el modelaje, el teatro, las teleseries y otros formatos televisivos (matinales, programas estelares, de farándula, reality shows), inevitablemente la carrera de “la Yayita” hizo interesante su vida personal, amorosa y familiar. Eso llevó a que Anahí, su hija mayor, haya salido a la palestra.
Y aunque al principio podía parecer atractivo algo de reconocimiento mediático, eso duró poco, pues vivió en carne propia lo difícil que era estar bajo tanto escrutinio sobre quién era, qué hacía, cómo se veía, y sobre todo, lo que la gente podía opinar de ella sin siquiera conocerla.
Es algo en lo que profundizará en los siguientes párrafos. Lo cierto es que como esta atención en redes sociales le llegó sin buscarla, «fue un poco inevitable tomar una decisión al respecto. O me borraba de las redes o empezaba a ocupar esto a favor mío y aportar con un grano de arena. Algo que vive mucho en mí es aportar positivamente. No me gustan las cosas tan banales o que giran en torno a lo superficial, y creo que en el mundo hay demasiada gente conocida por nada, que pierde por completo el espacio para ser una voz importante y hablar de temáticas relevantes».
Ella optó por ser una de esas personas con algo para decir y empezó a usar estas plataformas para opinar sobre temas políticos, mayormente vinculados al feminismo. Ocurrió en su primer año de derecho, y lo recuerda bien porque volcó toda la inspiración de su incipiente carrera para socializar reflexiones. «Y así fue que algunas ideas polémicas que dije terminaron siendo noticias. También influyó que, por mi mamá, me etiquetaban como “la hija de”».
—¿Qué sensaciones tenías cuando se referían a ti públicamente por tu mamá y se hacía un contenido a través de eso?
—Sensaciones muy conflictivas porque siento que aún vivimos en una sociedad muy machista. A mi propia madre por su trabajo le tocó ser cosificada, sexualizada y sacada de contexto, y yo vi cómo la pasó mal por eso. A mí me ocurría exactamente lo mismo, porque en mi caso yo no elegí ese tipo de exposición ni tener los ojos encima. El mundo de la farándula y los realitys tiene otro foco. Transforman a las personas en un producto, la gente decide qué piensa de ellos y de ahí nadie los saca. Y eso es complejo porque cuando uno se transforma en una persona pública es imposible controlar lo que se opina de uno y pasa también que es difícil cuando no es tu trabajo o no era algo que elegiste. Es duro verte expuesta a comentarios súper pencas. De sensación fea, refiriéndose sin tener idea de mí.
—Me imagino…
—Muchos prejuicios y en mi historia de vida eso ha sido permanente. Creo que recién ahora más adulta me he dejado de enfocar tanto en eso y dejarme fluir, que me entiendan y si no, chao. Pero en el colegio viví bullying, entonces era difícil estar tan consciente de lo que los otros opinaban. El tema de redes sociales y hacerme más pública, abrir un poco el espacio a estas personas que se interesaban en mí, tenía que ver con que quería ser yo quien dijera lo que soy y no otros decidiendo qué pensaban de mí. Que al menos fuera por algo que yo estaba haciendo. Apoderarme de mi imagen.
—Claro…
—Y eso es lo que me ha llevado a mis decisiones actuales respecto a lo que quiero hacer profesionalmente. Uno se da cuenta al meterse en esta máquina de las redes sociales. Yo partí totalmente amateur, pero aprendí de gestión de marca y de imagen personal. Es entretenido ver cómo uno puede hacer crecer una audiencia, crear proyectos y a la larga, el mundo que quiere construir. Esa es la gran herramienta que tienen las redes sociales hoy en día. Totalmente.
***

Nos interesaba conocer más a Anahí Vega y su historia por varias razones. En primer lugar, por el tema que tocó al inicio de esta entrevista. La dualidad de ser abogada e influencer, y cómo eso no representa un impedimento para desenvolverse. Y por otro lado, en cómo su presencia digital, que empezó hace unos diez a once años, fue casi a la par de cuando la figura del creador de contenido emergió con fuerza en el marketing de redes sociales.
Con una presencia radicada en Instagram y TikTok, en donde suma más de 85 mil seguidores, ha consolidado una comunidad con la que interactúa por medio de contenidos relacionados al fitness, el bienestar físico y la salud mental. Y lejos del molde rígido del ejercicio profesional de las leyes, Anahí también utiliza sus plataformas para abordar asuntos del derecho, como también sus reflexiones sobre el feminismo.
Es por todo lo anterior que nos resultaba clave entender otro aspecto: desde su propia experiencia, cómo su discurso llega e impacta en su audiencia. Y de acuerdo a lo que nos comentó, en su caso el efecto desde siempre fue revelador y le reafirmaba certezas fundamentales, como por ejemplo, que no estaba sola en vivencias o emociones que creía aisladas. En esa lógica, y tal como le ocurre hasta ahora, el primer gran fortalecimiento en sus redes fue femenino.
«Mi audiencia está compuesta en su mayoría por mujeres. Si tuviera que ponerle un porcentaje, es más del 80%, lo cual es muy raro siendo mujer y creadora de contenido. He tenido la suerte de atraer a mujeres que se han inspirado en mi material, además de que fui compartiendo mucho de mi día a día. Ahí me fui dando cuenta de que contar historias es una pasión para mí. Noté que comunicar mi experiencia podía ser una gran herramienta, tanto para mí como para otros, al generar una comunidad que se sintiera reflejada en lo que yo también vivía».
Siguió. «También me permitió hablar de asuntos ligados a la identidad. Soy parte de la comunidad LGBTIQ+, lo que para mí ha sido muy importante compartir siendo una mujer bisexual, porque no se habla mucho de eso. Me expreso sobre aquello y también de lo deportivo, de lo clave que es buscar un equilibrio y no caer en que todo sea trabajo, rendir y pagar cuentas. Un espacio necesario para la salud mental. Para mí es fundamental intentar abarcar un poco de todo».
A medida que fue avanzando nuestra conversación y la cafetería se llenaba cada vez más de gente, nos adentramos en el plano estrictamente laboral, donde Anahí nos comentó que se encontraba en una etapa de redefinición profesional. Y es que aunque en sus inicios sus mayores intereses académicos apuntaban al derecho internacional público y ambiental, sus primeras experiencias laborales se dieron en el ámbito del derecho civil, comercial, familia y arbitraje. Periodos de mucho aprendizaje que le sirvieron para clarificar el tipo de camino que quería construir.
Las formas tradicionales de ejercer la abogacía —marcadas por la burocracia, los prejuicios y la rigidez de las jornadas de oficina— terminaron chocando con su personalidad, sus expectativas y prioridades. Fue así como entendió que ese formato convencional no se ajustaba a su ritmo ni a la disponibilidad de tiempo personal que buscaba.
«Precisamente, siento que el mundo del derecho sigue siendo uno demasiado tradicional y que todavía no se ha modernizado con los distintos tipos de personas que existen. Ciertas áreas del Derecho siguen siendo elitistas y muy machistas, donde importa mucho cómo te ves, de dónde vienes y qué tipo de vida tienes».
«Por eso, desde que entré a la universidad decidí que no iba a limitar mi vida ni lo que quiero hacer por entrar a un trabajo o porque me aceptaran en un lugar. Y si no me aceptaban, ese lugar no era para mí. Preferí hacer ese filtro desde un principio porque no estoy dispuesta a perder mi libertad y mi identidad. Creo que es uno de mis valores personales más importantes».
Fue en ese cruce entre su profesión y su trayectoria en el entorno digital donde identificó nuevas oportunidades. Su experiencia como creadora de contenido le permitió vislumbrar áreas del derecho que se están propagando gracias al avance tecnológico y que demandan una nueva mirada, como la protección de datos, los derechos de imagen, los contratos publicitarios para influencers y el impacto de la inteligencia artificial.

«El derecho y las redes sociales no son para nada incompatibles entre ellos, pero sí creo que hay que buscar espacios donde puedan convivir. Una persona que estudia derecho lo más probable es que sea una buena comunicadora. El derecho es lenguaje. Yo estaba entre estudiar literatura, filosofía, psicología y derecho. Siempre estuve del lado de las humanidades y escribir me fascinaba. Todo es lenguaje, todo es cómo lo comunicamos. Por ello, una abogada o abogado probablemente sabe como hacerlo bien y es una patita al frente en esto».
«A eso le sumo que cuando alguien ya crea contenido y se dedica a las redes sociales, naturalmente tiene personalidad. Y eso abre muchas puertas y en gran parte sirve para crear contactos. Hoy en día que ya he empezado a hacer trabajos aparte, nada que ver con ser abogada o influencer, algo muy importante es crear capital social y eso tiene mucho que ofrecer desde el trabajo en redes sociales. Cada momento es una oportunidad de hacer un negocio, conversar con alguien y que se te ocurra algo nuevo es preciado, y ahí creo que hay un espacio muy grande para la innovación».
En estos momentos en que Anahí se encuentra en una búsqueda de autenticidad mayor, tiene muchas ganas de vivir según lo que le acomoda, pero más importante que eso, de crear algo propio, significativo y proyectable con las múltiples facetas que componen su día a día. Esa inquietud la llevó a dar el siguiente paso en su formación: inscribirse en un diplomado de Innovación Legal, Inteligencia Artificial y Tecnologías Emergentes. Un movimiento estratégico con el que busca explorar esas nuevas vetas y abrirse paso en esos espacios jurídicos que están emergiendo.
«Hay un nicho muy interesante gracias a las redes sociales y el derecho que es lo que pretendo conseguir con este diplomado. Entregar algo más de acuerdo a los tiempos de hoy. Siento que uno puede ser muchas cosas. Una persona que le gusta la moda, tener esto de relacionadora pública enfocada en redes sociales, ser abogada y al mismo tiempo desarrollar un negocio con todo eso. Usar un poco las habilidades que uno tiene y ese click lo hice hace poco tiempo, cuando aún pensaba tener separados estos dos mundos. Ésta es la Anahí abogada y cuando iba a una entrevista de trabajo en un estudio jurídico jamás iba a mencionar que era influencer. Ojalá que ni se enteraran ni me buscaran en Google. Hoy hago todo lo contrario».
Completó. «Hoy tengo una parte de mi currículum donde aparece que tengo experiencia comunicacional en redes sociales porque de verdad es un plus. No tiene por qué ser algo que te juegue en contra. El contexto está cambiando de a poco y lo he hablado con amigos que trabajan en estudios tradicionales que me cuentan que están empezando a buscar gente que tenga una faceta así. Que conozcan un poco las redes sociales porque hoy está todo ahí. La publicidad es a través de redes sociales, las campañas políticas también. Manejar redes sociales es un desde, entonces yo creo que sí pueden convivir».

—¿Qué tipos de contenidos en redes sociales te gustan o te llaman la atención? Tanto para realizar como para consumir.
—Estás tocando un asunto que para mí es un tema de vida, porque tiene que ver con muchas cosas. Desde que trabajo con redes sociales, algo que siempre me costó fue decidir hacer una cosa. Si te das cuenta, la mayoría de los influencers tienen un tema al que se dedican. Moda, deporte, hablar de su carrera, pero a mí siempre me ha costado elegir. Creo que eso va muy de la mano con la astrología. Yo creo mucho en eso y soy libra, y los libra somos muy multifacéticos. Yo creo que por eso me cuesta mucho escoger. Siento que dentro de mí conviven 15 Anahí (ríe) y tengo mucha pasión por cada una de mis versiones. Lo que pasa es que cerrarme a un solo interés sería limitarme demasiado.
—Te entiendo…
—Me encanta el contenido deportivo, mi gran pasión es hablar, reflexionar y filosofar un poco en público. Y el contenido que más consumo es de ese estilo. Inspiracional, motivacional, gente que cuenta experiencias personales, todo lo que es superación y crecimiento, también de introspección. Yo te diría que eso para mí es lo que más me llama la atención y es el tema recurrente, y mi cabecita está todo el día en eso. Sacando conclusiones, pensando en cómo ser una mejor persona, o como ciertas vivencias llevan a otras aristas. Creo mucho en las energías, me gustaría mucho empezar a hacer iniciativas de ese estilo. Eso sí, siento que es un contenido muy vulnerable, donde se expone mucho porque uno expone también miedos o intimidades. Sobre todo porque en el último tiempo he estado en una etapa como de metamorfosis. Todavía soy cuidadosa con qué difundir o no porque vengo saliendo de un momento muy vulnerable emocionalmente y ya estoy sintiéndome con más fuerza para publicar estas vivencias más públicamente, porque también he tenido un cambio fuerte en el último año. Cambio que me encantaría darlo a conocer, como las técnicas que empecé a usar, o qué me ha ayudado a sentirme plena hoy.
—¿Te pasó algo muy heavy?
—Bueno, si te soy sincera toda la vida me han pasado cosas (ríe), pero en el último tiempo esto fue algo público y es que viví un quiebre emocional con una pareja. Fue público porque estuvimos juntos 10 años y parte de mi contenido era de pareja, entonces lo que pasó también hizo que mi contenido cambiara totalmente. Pasar de ser polola a ser Anahí y lo que quiero para mí, hacia donde va el buque y mi contenido, fue un reset. También lo fue en lo profesional, porque a la par que terminé mi relación, a las dos semanas me quedé sin trabajo de abogada. En ese tiempo trabajaba en horario de oficina, era influencer y también account manager de Revolve en Chile. Tenía estos tres trabajos, mi tiempo ocupadísimo y de repente se me fue una de estas labores, la más grande, perdiendo un poco la estructura de mi vida.
El año pasado fue uno de renacer completo. De botar al suelo todo lo que tenía estable, todo. Desde pareja, trabajo e identidad personal respecto a cómo me identificaba como abogada, hacia dónde quería que fuera mi vida. Mis amistades también fueron cambiando, entonces fue un año de reinventarme al 100%. Y eso me gustaría visibilizar un poco más porque sé que muchos también lo viven. Todos en algún momento tenemos un punto de quiebre, sea haber terminado con alguien, la pérdida de una persona o un cambio fuerte, lo que te hace cuestionar todo. De hecho, se supone que esto nos pasa a todos entre los 27 a los 30 años. El retorno a Saturno.
—¿Has recibido hate o comentarios mala onda sobre ser influencer de ese círculo tradicional del derecho que mencionaste antes?
—No tanto, algún que otro comentario prejuicioso pero, en realidad, hoy muchos ven como un plus el tener una audiencia en redes sociales. De hecho, antes yo me censuraba con decir que era influencer en lo académico o lo legal, omitiendo por completo, hasta que me empecé a dar cuenta que muchos lo valoraban. Por ejemplo, cuando fui a participar al Moot Court de Derechos Humanos de la American University en Washington, cuando tanto los jueces como los otros participantes que eran de toda Latinoamérica se enteraron, me decían que no abandonara las redes sociales porque era una plataforma muy valiosa y que encontraban increíble que las usara como medio de trabajo y para comunicar. De hecho, después hicimos un par de transmisiones en vivo por Instagram para hablar temas de Derecho Internacional Público. Volviendo a tu pregunta, la verdad es que directamente no he recibido hate, pero sí te puedo asegurar que ha sido una barrera de entrada a ciertos lugares. Es una percepción personal.

—¿Barrera de la otra parte hacia ti?
—Claro, porque no te lo van a decir tampoco. Oye, no te contratamos porque eres influencer, no. Pero si lo he escuchado de amigos que trabajan en otros rubros que dicen pucha, probablemente te pedirán cerrar el perfil, o borrar ciertas fotos, o no hablar de ciertos temas, lo que igual es obvio porque cuando trabajas para un estudio de alguna forma eres la cara del mismo. Y si tienes ciertos clientes más complicados, o si trabajas para grandes empresas, que sepan tu postura política no es algo muy positivo, sobre todo cuando no es la ideología que comparten. De hecho, en el área tradicional del derecho entre más sobrio uno sea mejor. Ahí es donde empiezo a chocar.
—¿En qué sentido?
—Me puedo adaptar un montón pero hay partes de mí que siento como antinatural controlarlas, como que me digan cómo vestirme, cómo actuar, qué estilo de vida tener. Quienes entienden que tienen la capacidad de hacer varias cosas y buscar un equilibrio son personas mucho más completas. Incluso, pueden ser mucho más eficientes trabajando, pueden tener más puntos de vista y más aportes que otra persona que se encierra a estudiar una carrera y solamente se dedica a eso.
—Hoy en día, ¿cómo te tomas la exposición?
—La verdad es que estoy mucho más curada de espanto. Como que no es algo que me dé miedo. Para nada. Eso sí, hoy elijo mucho más cuidar cuánto expongo. Por ejemplo, como te comenté el tema de la tele, siempre me han llegado ofertas de realitys y hasta el día de hoy sigo pensando que no es algo que quiero hacer, precisamente, porque no me gusta que la atención esté en mí. Cuando uno trabaja en televisión, en ese tipo de programas, importa lo que hiciste y el cahuín, y ahí tu vida personal pasa a ser el foco.
—Así es…
—Y la verdad es que le tengo mucho respeto a esa exposición, porque claro, puede ser momentáneamente súper entretenida y te puede dejar un montón de plata, pero eso queda ahí. Expuesto para siempre y salir de eso es difícil. También está cómo editan, qué partes muestran y cuáles otras no. Obviamente, me podría servir mucho para mis redes sociales, pero yo personalmente prefiero el crecimiento lento, seguro y bajo mi control. Yo a cargo de lo que se expone de mí. Hoy en día no es que le tenga miedo a la exposición, sino que tengo menos preocupación de lo que se opine.
—Y en ese sentido, ¿cuál es tu límite o parámetros de lo que publicas con respecto a tu vida privada o tu fuero más íntimo?
—Más que nada tengo la técnica de que si voy a hablar de algo personal es porque me parece útil transmitirlo. Me he dado cuenta que no es tan buena idea hacerlo porque sí, y si lo hago es porque realmente siento que tiene una utilidad. Ejemplificar con algo para dar un mensaje o inspirar a alguien. O también porque me puede servir mucho de acuerdo a mis propios proyectos, pero no solamente por lanzar información. Eso depende mucho de los momentos de mi vida y de cómo me siento al divulgar esa información, pero hoy intento no hacerlo tanto de mi vida privada, amorosa ni detalles de ese estilo. Pienso mucho en cómo mis contenidos pueden influir, sobre todo, en mi familia y mis amigos. Siempre pienso en lo que doy a conocer y lo que puede significar a los que me rodean.
—¿Qué proyectas para este año en tus proyectos?
—Me interesa seguir formándome y estar en espacios donde pueda conectar el mundo jurídico, la publicidad, las nuevas tecnologías, las empresas, las políticas públicas y la comunicación. Creo que los desafíos actuales requieren profesionales capaces de dialogar con distintos públicos y que también entiendan distintos mundos.
