Natalie Martin: «El contenido no tiene que ser perfecto, tiene que ser real, porque no hay una sola forma de hacerlo»

¿Cómo nace una de las cuentas de redes sociales más queridas de la cocina nacional? Aquí la historia y el camino de una influencer «por accidente» que cambió la crítica de élite por la honestidad de la picada.

Aunque todavía es un tema que le cuesta racionalizar. «Yo me volví influencer por accidente», admitió varias veces. Y es que Natalie Martin —la mente detrás de @locomidoylobailado_ en Instagram y TikTok— suele volver al mismo punto. Jamás imaginó que sus reseñas gastronómicas la convertirían en una de las foodies más queridas de Chile, conquistando a punta de recomendaciones honestas, con alegría y un humor rápido que se refleja en sus reels.  

«Para mí esto es una pega en el sentido de que siempre debo estar pensando en generar contenido. Hay veces en que la vida se interpone y no sé qué subir o cómo hacerlo, pero hoy lo veo completamente como un trabajo que disfruto mucho. Algo que obviamente no era así en un principio».

Conversamos en uno de sus locales favoritos en La Reina al que, curiosamente, aún no le ha dedicado un reel. Se trató de un espacio de estética animé y una carta asiática que mantuvo el lugar concurrido, con un bullicio ambiental que enmarcó el relato de su historia. 

Natalie siempre fue buena para comer —«de chanchear», como dijo, «no del arte de comer y los maridajes»—. Trabajadora desde los 14 años, ya siendo mayor de edad se desempeñó como garzona en barrios como Bellavista y otros sectores bohemios de Santiago, hasta que de un momento a otro apareció una oportunidad distinta. En el restaurant de un conocido hotel capitalino.

«Donde la gente se sentaba y te pedía, no sé, pato; pero también una recomendación, una opinión… querían saber cómo prepararon el plato o de dónde venía la carne, y al comienzo yo decía: «no sé» (ríe). Por esa pega aprendí en tiempo récord sobre servicios, comida, maridaje y acompañamientos; fue muy intensivo. Tenía 20 años».

Tras esa inmersión en la alta cocina y con la oportunidad de comer más rico que nunca, por supuesto que ella quiso empezar a visitar todos los restaurantes que ofrecían lo mismo. Sin embargo, en ese entonces vivía en San Bernardo y se iba a trabajar a Vitacura todos los días. Las jornadas eran extensas y el tiempo y las ganas muchas veces no le alcanzaban para ir. Este revés la obligó a cambiar el foco, abrirse a nuevas posibilidades y sensaciones. Empezó a descubrir más picadas.

«Mi intención era la misma de lo que hago ahora, pero con los carritos de la feria», mencionó. «Mi familia es feriante, cuando era chica pasaba ahí y aprendí bastante de comida. Pero yo soy arqueóloga de profesión y este gusto lo vinculé con mi carrera. La relación de la comida con la cultura, con la emoción, algo que para mí es muy significativo y bonito. La veo como un vehículo que permite conectar con las personas. Saber por qué nos gusta algo también sirve para entendernos».

Al instante de servirnos unas limonadas para comenzar a grabar pidió disculpas porque se considera una persona muy tímida. «No introvertida, sino tímida. Agarro confianza, pero necesito tantear». Y aunque nunca tuvo una fijación por las redes sociales, en la época de Facebook comenzó a subir fotos de lo que comía. Imágenes que acompañaba de un comentario que en poco tiempo la convirtieron en el amuleto de sus amigas para ir a la segura.

Para comer algo rico.   

Eran tiempos en que Natalie egresaba de su carrera y comenzaba su trayectoria en el área de la investigación. Una época que recordó con nostalgia porque vino de la mano de algo que se iba apagando lentamente: el hábito de escribir. «A mí siempre me gustó escribir, y como había estudiado teatro, tuve ese lado artístico muy presente», recordó.

«Cuando entré a estudiar arqueología, algo más riguroso, científico y qué sé yo, sentí que ese lado artístico, esa creatividad murió para siempre. Escribía, pero desde lo formal. La cosa es que, en el mejor momento de mi vida laboral, me llegó una invitación de trabajo como arqueóloga por un año para irme a vivir al sur. Yo estaba con tragedia: soy muy santiaguina, amaba Santiago y no me imaginaba viviendo en otro lado. Era en plena pandemia».

Fue una decisión difícil que finalmente tomó, instalándose en Angol, en la Región de La Araucanía. Vivía sola y con tiempo tras la jornada laboral para conocer rincones nuevos y que, por supuesto, canalizó con la gastronomía. Fue en esa búsqueda que empezó a escribir pequeñas reseñas sobre los platos que probaba. Práctica que adquirió por la repetición y que estimuló otras aventureras líneas suyas dedicadas al diseño y la moda, dos asuntos que le encantan hasta el día de hoy. 

Hace poco, mirando hacia atrás sobre sus inicios, subió una historia a Instagram donde recordó este periodo. Un layout con seis fotos que tituló con mayúsculas “NUNCA PENSÉ NI BUSQUÉ SER INFLUENCER”:

“Con la Foca —su animal de compañía que el año pasado trascendió a otra dimensión el año pasado a los 16 años— queríamos tener nuestra choza, así que por chamba nos fuimos a vivir al sur.  En plena pandemia y sin conocer a nadie, para entretenernos empecé a escribir, algo que siempre me ha gustado. Así, nace mi Instagram, un espacio para escribir de comida y para que mis amigas, que siempre me pedían datos, pudieran ver mi opinión y fotitos”. 

Y como no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su hora, esta práctica tomó un segundo aire. Lo consultó con sus amigas para terminar de convencerse.  Dio el paso y creó su propio Instagram dedicado a la comida. En estricto rigor, el inicio de @locomidoylobailado_

«Con fotos bonitas, pero cero fotos mías. Yo jamás en mi vida pensé en salir hablando en los videos. Ahora suena muy normal, algo que todos hacen, pero en ese entonces no era así. Lo que había era desde el experto, del crítico, de lo bueno o malo; y yo quería enfocarme en otros factores, también por mi formación. Lo mío tenía más que ver con el sabor, obviamente, pero también con la experiencia. Lo que transmitía el espacio, cómo influía y cómo te hacía sentir ese lado tuyo mientras comías».

Su primera publicación fue un post lúdico de tres imágenes sobre una de sus heladerías favoritas de Santiago. Coincidentemente, su primer reel también tuvo como protagonista a un local de helados de la ciudad.

Al principio lo leían sus amigas, el círculo más cercano, luego unos peregrinos seguidores y así, a fuego lento, esto alcanzó su ebullición. Ella dijo que fueron así como dos a tres meses cuando los likes y los comentarios empezaron a subir. Más preguntas sobre otras preparaciones, si probó determinado postre, si conocía tal picada. «Y te juro», se llevó las manos al pecho, «siempre dije que nunca iba a salir yo, que nunca iba a poner mi voz, porque objetivamente la mía no es tan agradable o tan bonita, y físicamente cuando eres mujer mostrarte generaba algo que en esos tiempos no me gustaba. Creo que ahora ocurre cada vez menos, estoy full en redes sociales desde hace cuatro años».

—¿Cómo siguió todo?

—Como esto para mí era un hobby pero que empezó a crecer, obviamente me generó ansiedad. En un minuto, yo que me pasaba haciendo fotos, de pronto aparecieron los reels. Me gustó la idea y me propuse hacer uno sin hablar. Un video de 10 segundos con subtítulos y música. Imagínate, yo con eso estaba feliz. Pero llegó el día de las elecciones presidenciales -la segunda vuelta donde es electo Gabriel Boric- y no sé si recuerdas que ese día mucha gente no podía ir a votar porque no había micros. Me acuerdo que unas personas me pidieron ayuda para mover información de traslados. Yo puse todas las historias que me llegaban, pero en una pasó que tal persona, Juan Pérez se podía juntar, y a un caballero casi le hacen un portonazo.  

—Oh…

—Tuve que hacer una historia conmigo hablando. Diciendo que era una persona real, le di seriedad al asunto y expliqué por qué puse esa historia. Ese día estaba aterrada. Salí hablando y fue extraño. Yo subía harto contenido, era como un reel al día, algo impensado hoy. Cuento corto, salí y fue una sensación rara. Como de “ahora todos saben quién soy”. Fue horrible. Qué es lo que hice, me decía. 

Lejos de alejarla de las audiencias digitales, Natalie nos contó que una de las maneras de fortalecerse luego de esta situación fue aceptar lo sucedido. Aceptar lo sucedido para bien. «Ya había salido, ya me habían escuchado la voz, ya había pasado que yo dije ya, qué tan malo puede pasar. Qué de malo tiene. Y ahí empecé a mostrarme y nunca, jamás en mi vida, esto fue un plan. En ese mostrarme adquirí una libertad nueva. Pude hablar, podía hacer más historias, mostrarme en cámara, exhibir mejor el plato. Se sintió distinto. Un alivio. Podía hacer muchas más cosas». 

Aunque todavía es un tema que le cuesta racionalizar. «Yo me volví influencer por accidente», admitió varias veces en nuestra conversación. Y es que Natalie Martin —la mente detrás de @locomidoylobailado_ en Instagram y TikTok— suele volver al mismo punto. Jamás imaginó que sus reseñas gastronómicas la convertirían en una de las foodies más queridas de Chile, conquistando a punta de recomendaciones honestas, con alegría y un humor rápido que transmiten sus reels.

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Desde el Chile profundo de los sándwiches de potito y pernil, desde el calor de la mesa chilena hasta la técnica de una focaccia perfecta o la frescura de la cocina peruana. Alimentos que se comen con cubiertos, con la mano, con tiempo o con rapidez. El abanico no tiene límites y esa versatilidad es la que ha consolidado a @locomidoylobailado_ como una guía infalible a la hora tener un buen lugar para comer. 

Los números lo confirman, pero el cariño en su caja de comentarios es lo que realmente la consagra. Con una comunidad de +213 mil seguidores en Instagram y +80 mil en TikTok, se ha vuelto una de las voces más influyentes y cercanas para confiar en algo tan placentero como la buena mesa.  

Pese a su notable reconocimiento digital, algo que no todos conocen de ella es que nunca ha dejado de ejercer como arqueóloga. Hoy está dedicada mayormente al impacto ambiental y a la investigación. «Yo trabajo en una empresa, tengo un cargo alto, entonces es súper loco el tema de las redes sociales, porque hay acceso a mi vida privada», contrastó al comenzar a hablar de su carrera.

Tal como proyectan sus videos, hablar con Natalie es encontrarse con un estado de ánimo a toda prueba cuando se trata de aquello que la apasiona. El día que nos vimos en el establecimiento asiático ella venía de entrenar, tras una jornada de trabajo en Los Andes. Una rutina que comenzó desde muy temprano en su casa en Ñuñoa. Es en las tardes, luego de la pega, como también los fines de semana, donde asiste a los distintos locales que nos recomienda a través de nuestros teléfonos. Y nos contó que aprovecha los trayectos durante su trabajo para editar. 

—En el último tiempo, ¿hay algún tipo de restaurant que te haya sorprendido?

—A esta altura, cuesta que me sorprendan. Mucho. 

—Te lo pregunto porque tus seguidores nos hemos sorprendido por lo que recomiendas.

—Es una buena pregunta, creo que hace tiempo no me sorprendo. Me acuerdo que fui a comer hamburguesa japonesa y me gustó harto, era de Wagyu y de Angus. Eso me sorprendió. Nunca he ido a Japón, quiero hacerlo pronto. E imagínate, cuando yo subí ese reel dije es increíble, va a ser un boom, y no fue tan así. 

—¿Qué es lo que más disfrutas de este camino recorrido de los sabores de Chile?

—Poder conocer personas que admiraba, sentarme a preguntarle lo que una piensa como típica comensal. Cómo se le ocurrió esto, qué tiene esto otro, o cómo se prepara para que quede así. Cómo surgen las ideas, cómo vas practicando. Eso es muy valioso. Finalmente, en todas las buenas cocinas que conozco es entretenida la historia detrás de cada plato, porque para mí es una locura que con los ingredientes puedes crear algo tan diverso. Otro detalle es la comunidad, que es impagable, un bono. Yo todavía no dimensiono lo lindo que es tenerla y que cuando me pasa algo malo puedo contárselo a una audiencia que no me conoce. Puede sonar muy loco, pero es como una red energética que cubre y protege. Creo que también es porque yo gestiono mis redes y nunca he estado en situaciones conflictivas. La comunidad hace todo muy desde el cuidado. Y lo otro que disfruto es que esto partió desde un ejercicio de escritura, de creatividad, y que esté conectado con lo que hago ahora es muy bonito. 

También me impulsa y desafía estar buscando qué decir, cómo decirlo, por qué digo que algo es interesante. Me obliga a estar atenta a mi ciudad y mi rubro, que es algo que muchas personas lo tienen. El máximo temor que tengo en la vida, esto puede ser muy random, es morirme. Por lo mismo, digo que tengo que aprovechar todos los días y hacer todo lo que pueda. En esa búsqueda estoy intentando hacer proyectos, poner mi energía en distintas actividades. 

—¿Cómo ha sido la evolución de tu trayectoria? ¿Con qué emoción te quedas?

—De mucha gratitud y también de sorpresa. Como te dije, nunca jamás esperé algo así. Nunca lo pensé. Cierto día pensé cómo era mi vida antes y no me acordaba qué hacía. Esto me tiene todo el día ocupada y me gusta en realidad, pero con mucha incredulidad y con desafíos. Y también con ansiedad de lo que pasará en el futuro. Obviamente, no sé si esto será eterno, no lo creo, pero si no es, ¿qué viene después? Antes, cinco años atrás, era raro pensar que una persona random iba a ser viral contándote su vida. Y hoy en día varios se han vuelto famosos haciéndolo. Adquieren cierto reconocimiento porque a otros les interesa. 

—¿Qué has aprendido a raíz de la exposición?

—A poner límites. Entender que hay aspectos que escapan. Aprendí que me puedo responsabilizar por lo que muestro y no por lo que esa narrativa genera. Creo que esos son aprendizajes en la vida. Quizás suena muy hippie, pero lo es al nivel de exposición que tengo. Las redes son constructos sociales y estos encasillamientos y estereotipos responden a una sociedad que también está en avance y que también me ha servido para vivir.  

—¿En qué sentido?

—Soy una persona vinculada a causas sociales, me gusta el tema. Y con esto he ido también tomándole el pulso y ver cómo se ha ido desarrollando Chile, dándome cuenta de cómo algunas cosas resuenan y otras no. Y me he ido sumando a eso. Me acuerdo que pasamos de un Chile que no se hablaba de política a uno que sí, y ahora a estar en oposiciones. Las plataformas te ayudan a entenderlo. De repente, desde un escenario que no es tan agradable. Nadie se quiere topar con críticas a la forma de pensar, pero esto ha sido algo importante. Y también otra cosa es no creer todo lo que se ve en el teléfono. 

—¿Si?

—Yo cuando digo que salí a una parte nunca pongo que antes estuve corriendo, que llegue a mi casa a bañarme, que salí para la cagada, etc. Eso me ha dado una paz y una libertad en mi contenido, en decir que no todo tiene que ser perfecto. Cada vez se desmoronan más esos discursos y eso igual es interesante de verlos. Ayuda en términos personales a ir soltando esas expectativas. El contenido no tiene que ser perfecto, tiene que ser real, porque no hay una sola forma de hacerlo. 

—¿Qué parte de ti no aparece en Instagram y te gustaría que el resto te conozca?

—Mi relación con las redes es una parasocial en donde uno quiere mostrar lo mejor. Y por lo menos mi forma de hacer contenido nunca ha estado tan vinculada a mi vida personal. Obviamente, sale, aparece, pero poco. Algo que me gustaría y que me cuesta que se conozca, porque creo que no se da para mostrarlo, es que en realidad tengo una vida tranquila y me gustaría hablar, por ejemplo, de mi vida más casera. Me gusta el contenido de adulto funcional. A veces muestro temas de decoración y no sé si autoayuda es la palabra, pero también todo lo que podemos conversar acá más tendido porque muchas veces no hay instancias para eso. No sé si me gustaría, pero creo que hay un lado mío que no se ve tanto, esta parte más íntima. 

—¿Tienes un reel favorito tuyo? 

—Los que son de mis viajes me gustan más. Creo que es el sueño del foodie. Ir a otros países a comer es muy entretenido porque no tienes ninguna presión, y aparte como viajo sola, siento que puedo grabar algo en los confines que soñé estar ahí. Ese tipo de contenidos donde dices que tienes absoluta libertad y que cuando es con marcas son más difíciles de hacer. Mis viajes han sido mis reels favoritos, aparte tienen la condición de ser turista. La emoción de grabar lo que vas conociendo. 

—¿En tu día a día, consumes contenidos relacionados a la gastronomía?

—Muy pocos. Sí por el teléfono, pero así como series, no. No me gustan porque no me gusta cocinar. Estos productos de Netflix me aburren un poco. Además, yo estoy cinco horas al día viendo comida, entonces lo único que quiero es ver otra cosa. Soy más de telebasura, la amo. 

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Conversar con ella es también una oportunidad para conocer más de la rutina de una foodie. «A veces dicen que te pagan solo por comer y obviamente no es así. Es toda la pega que hay detrás y por el estilo de vida que tengo. Yo me podría comprar la comida, pero esto es un trabajo que requiere tiempo, no hago canje. Mis reseñas son principalmente de locales que yo busco, que analizo, que veo. También me contratan pero en eso tengo criterios, no es que me escriben y listo. Cuando voy a un restaurant mando antes algunas preguntas y llego con una pauta en base a lo que se necesita».

Continuó. «A mí me gusta la historia detrás del plato y quiero que mis videos vayan en esa línea. Que no sea como me comí esto, estaba rico. O esto no me gustó. Que no sea algo tan subjetivo, sino de la experiencia. Busco que quienes vean mi contenido se sientan en el establecimiento y vivan la experiencia que yo tuve».

Sobre cuánto demora en producir un reel, bromeó con ser de esas personas que duermen muy poco. Luego volvió al punto que, como los viajes de su trabajo suelen ser extensos y constantes, ocupa cada trayecto para hacer edición, edición, edición y más edición, como ella misma reitera.

«Por video me demoraré sus 7 horas, un día y medio. Soy metódica. Igual es harta pega y editar comida es otro tema. Una cosa es que se vea rica y otra es que lo esté. O también, por ejemplo, el calor. Para mí, lo más desafiante es, por ejemplo, la comida italiana. Me encanta, pero todo lo terminas comiendo helado porque los quesos y las pastas pierden calor rápido y todo se tiene que grabar al instante. Cada tipo de gastronomía tiene sus exigencias. Cuando nos toca grabar, muchas veces me llevo la comida para calentarla en mi casa».

—¿A cuántos locales has ido?

—El otro día lo pensaba. Hice un cálculo. Yo creo que son como cinco mil. 

—¿Dentro y fuera de Santiago? ¿Dentro y fuera de Chile?

—Sí. Por Chile me toca viajar por pega, pero cuando voy a otros países la verdad es que voy a puro comer. No he comprado pasajes, pero pronto quiero ir al sudeste asiático. A ocho países, de momento. Y cuando uno viaja todo lo que come es preparado. Yo me acuerdo de casi todos los lugares donde comí. Aparte que yo cocino horrible, entonces salir es la única forma de comer bien para mí. 

—¿Cuál es tu comida favorita? 

—Es que cambio. Me gusta la cocina japonesa, italiana y española, pero si me tengo que quedar con una es la española. Me encanta. Algo que yo veo en Chile, en general, es que cada vez nos atrevemos más por la comida que no conocemos, pero aún así somos muy reticentes a la experimentación de sabores. Un ejemplo, pizza con papas fritas. Yo fui a un restaurant italiano que tenía mucha gente que escribía en redes que no, qué asco, que nunca lo probaría, y si vas a Italia eso es lo que más se come. 

Para reforzar su punto, @locomidoylobailado_ puso como ejemplo una amiga mexicana suya que vino a Chile hace poco tiempo, a quien le habría costado encontrar una opción con menú chileno. Estaba lleno de otras alternativas, incluso algunas que son competencia una al lado de la otra, pero si es por algo 100% chileno, costaba. Para eso estaba La Vega, o un dato específico, la famosa picada. 

«La otra vez fui a un local que tenía sushi con mayo, uno japonés. Y los comentarios eran puro hate. Después los dueños me dijeron algo por lo que me sorprendí: que eso era el verdadero sushi japonés. Se asume que las cosas son de una sola forma, veo que falta mucha apertura y que eso merma harto las nuevas ideas y también atreverse. La comida es experimentación».

Concluyó. «Falta en la escena gastronómica nacional que las personas se atrevan y también que salir a comer no se vea necesariamente como un lujo, sino como una forma de conectar culturalmente. Nos cerramos tanto que finalmente perdemos todo lo que implica la experiencia. Que te sirvan algo que no conoces, salir de tu zona de confort te puede abrir puertas en distintos niveles. Siento que eso falta y también que los chilenos somos muy críticos. Faltan locales chilenos, lugares temáticos. Solemos mantenernos en lo básico».

—¿Sientes que tu trabajo es un aporte para solucionar ese problema?

—Sí. Ojalá pudiera aportar más porque cuando haces contenido tienes la presión que debe funcionar. Tampoco puedes hacerlo lejos del alcance de la gente. Y a mí me asa que cuando estás en redes vas configurando una comunidad y esa comunidad tiene ciertas formas de comportarse. Por ejemplo, yo no puedo mostrar algo hiper mega caro porque voy a recibir comentarios. Tengo gente que quiere comer rico, pero que no tiene todo el presupuesto. Ahí está la creatividad de uno de cómo vender esto a gente que querría comer aquello. Pero sí, me encantaría hacer más de lo que hago para generar esos cambios, pero de a poco. Lo que sí hago es trabajar con pymes y emprendimientos pequeños.

—El contenido dedicado a la gastronomía en Chile, durante años, se movió en una o dos vías. Programas de televisión con el conductor famoso, el crítico de diarios y revistas…

—Y siempre desde un lugar elitista. Cuando yo partí, yo le contaba a mi familia lo que quería hacer y me preguntaban por qué alguien querría ver a otro hablando de comida, si es tan personal lo que te gusta y lo que no. Ahora los influencers son algo normal, pero antes se veía muy raro. Es algo relativamente reciente. A mí lo que me caracteriza es que me gusta comer y que como mucho. Me gusta la experiencia, más allá de dónde sea. Es lo que se come. Ahora lo veo así, pero antes crear contenido similar se podía pensar hasta ridículo. 

—¿Cómo te llevas con tu comunidad digital y tus seguidores? 

—Como nunca lo busqué, nunca la imaginé como algo que iba a ser tan importante. Fue muy loco cómo empezó todo, pero se transformó en un ejercicio que ayudó a desafiar mi creatividad, a conectarme con lo que quería hacer, y que ese ejercicio me vincule con personas fue muy loco porque fue personal. Ha sido gratificante porque hay gente que está en mi misma sintonía, que busca lo mismo y que resuena con algo que para mí es entretenido de hacer. Y en verdad siento que mi comunidad es muy especial. Es raro hablarlo, puede sonar hasta ridículo, pero es como una relación. Existen. Me reconocen y la gente me cuenta sus temas. 

—En serio…

—Sí, eso me pasa seguido. Te contaba que se murió mi perro hace un tiempo, ahí muchas personas me escribieron. Me han pasado otras situaciones y una semi construye un personaje, entonces creo que también viene como de un cambio de mentalidad. Yo vivo sola, tengo mi casa, mi trabajo, esa siempre fue y ha sido mi vida. Entonces, me pasó que cuando partí, hacía comentarios como qué paja ser soltera, o hablaba de temas vinculados a la vida en pareja, y así mi contenido pasó a mostrar mi vida independiente, de cómo me arreglaba para ir a una picada. O empecé a mostrar más mi casa. Cuando empecé a hacerlo estaba con miedo, sin saber si lo iba a lograr, pero fui formando una comunidad que me estaba siguiendo y que ha seguido este proceso. Es muy bacán. 

—Además que lo que haces es cercano y sirve para recomendar un cocinería, ir a visitar un sector, celebrar una buena noticia, conocer a alguien, etc.

—Me acuerdo que cuando comencé me generaba ruido ponerle tanto efecto, filtro y sonidos al video. Busqué que fuese lo más natural, para que cuando te lo manden el contenido destaque lo máximo posible. En el tiempo no pude mantener tanto eso, pero aún lo busco. Que no se sienta algo tan comercial. Que sea más cercano. Esa es la esencia. Yo recomendándole a amigas, como partió siendo y he querido que se mantenga. 

—¿Cuáles fueron los mayores desafíos para haber logrado el alcance y masividad que hoy tienes?

—Como te contaba, lo de mostrar mi cara. Ahora me da lo mismo y como cada vez aparece más gente haciéndolo, todo se diversifica. Pero antes los que creaban contenido eran principalmente hombres, con una parada más chora, de calle. Entonces, sentía que cuando se hablaba de comida tenía que ser desde una crítica agresiva, o solamente desde eso, una crítica. Esto está mal, crudo, feo. Para mí es importante que si algo no me gusta, no lo recomiendo. Y si es algo mejorable, le digo a la persona y no lo subo. Pero siempre desde la ayuda. Lamentablemente no puedo escapar de ciertas cosas.

—¿Cómo qué?

—Hay veces que uno recomienda con la mejor disposición, la gente va y, por ejemplo, no los atienden igual que a mí. O no tienen lo mismo que yo puse. ¿Me explico? Son factores que no tengo cómo ver y cuando trato de hacerlo no siempre se puede. Al final, todo lo que me ha pasado en este camino se transformó en un punto de quiebre para llegar a otra cosa mejor. 

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