
En esta entrevista recordó sus inicios, los hitos de su trayectoria, los obstáculos que enfrentan las bailarinas y el camino para consolidar su compañía Taco Alto.
Foto de portada: @diegoescap
Lleva toda una vida bailando, pero si tuviera que fijar el inicio de todo, ese momento en que dijo “aquí comenzó mi carrera”, todo partió con el cierre de la Teletón 2012 en el Estadio Nacional. Esa noche estuvo sobre el escenario con el cantante estadounidense de origen latino Matt Hunter, entonces en el mejor momento de su carrera, desatando exaltación y entusiasmo en Chile que para esta entrevista aún recuerda.
«Euforia de las niñas fans sobre todo. Lo acompañamos a todos lados, entrevistas, shows de matinales, cosas así. Vivir de cerca cómo la gente ama a un artista, ver cómo son los fanáticos, que se vuelven locos, gritan, fue mi primera experiencia con un artista internacional. Ese día que bailé en el Estadio Nacional salí del show y dije esto es lo que quiero hacer para toda mi vida», arrancó.
Francisca Rojas (32) comenzó su camino en la danza desde muy pequeña. Al recordar esos años, una tarde después de almuerzo cerca de su casa, se describió como la típica chiquilla que bailaba en todas partes: en el colegio, en su casa, en la de vecinos o amigos. En reuniones familiares, en cumpleaños. Hasta los 9 años practicó gimnasia artística, pero la rutina dejó de motivar sus días y quiso un cambio. Así les dijo a sus papás que quería dedicarse a bailar, y ellos la inscribieron en la Academia de Claudia Miranda, que luego cerró y la llevó a continuar en la de Hugo Urrutia.
Dicha academia le abrió las puertas a sus primeros escenarios masivos y no precisamente a algo menor. Su debut llegó en el Festival de Viña del Mar de 2004: tenía 11 años y era parte del equipo de baile encargado de la obertura de una de las jornadas. También integró el staff de las que se presentaban en los espectáculos de la Teletón. «Hugo Urrutia era el coreógrafo de ambos espacios y desde muy jovencita me tiraron a los leones. Estuve mucho en la tele. Había un programa que se llamaba Zoolo TV y yo era parte del ballet también».
A medida que creció, su pasión por la danza tomó más fuerza. En esa etapa, su familia tuvo un papel decisivo. Sus padres nunca cuestionaron su deseo de convertirse en intérprete de la danza y la apoyaron desde el primer minuto. Se preocuparon por sus traslados, aportaron en todo lo que necesitaba de vestuario y la acompañaron a cada presentación. Eso sí, al terminar el colegio, su papá le pidió una sola cosa. Que si este era sueño, estudiara la carrera en la universidad.
«Lo hice en la Uniacc y la verdad es que me quise salir muchas veces (ríe). Pero no porque no quería bailar, sino que porque sentía que la carrera me atrasaba en cuanto al mundo real. La universidad era un poco cerrada y yo no veía cómo funcionaba la industria como tal. Lo que hice entonces fue continuar, pero comencé a tomar clases por fuera».
Así ingresó a la academia de los Power Peralta y abrió su camino para generar contactos fuera de su entorno habitual. Amplió amistades dentro del círculo mientras seguía con los ramos y una rutina universitaria que cada vez exigía más. Y para quienes nunca hemos imaginado cómo es estudiar danza, nos comentó que las jornadas partían a las ocho de la mañana y terminaban a las seis de la tarde después de un día completo de clases. Y, aun así, ella al salir se iba directo a la academia, lo que volvía sus jornadas especialmente largas, demandantes, agotadoras.
El rigor y el esfuerzo se volvieron parte de su día a día. Hoy, con 32 años, un amplio recorrido en escenarios de prestigio y performances junto a distintos intérpretes —como veremos más adelante—, mira hacia atrás y agradece cada una de esas fases.
«Es bacán estudiar la carrera porque estás en un trainning constante y tomas un ritmo que quizás, por ti sola, nunca harías. Probablemente jamás me habría levantado a tomar ballet a las 8 de la mañana por iniciativa propia. Pero esa obligación me enseñó disciplina, puntualidad y ese lado más profesional de la danza: no mascar chicle en la sala, respetar el espacio, todos esos detalles que se aprenden en la universidad».
Ese componente formativo es, quizás, uno de los parámetros que mantiene presente al momento de impartir clases en Taco Alto Company, donde realiza “Heels Trainning by Petiboni”, principalmente de música latina.
Y es que siempre soñó con presentarse en escena, pero ahora, ya adulta, admite que se enamoró de enseñar, aunque al principio no le entusiasmaba demasiado.
«Al comienzo me costaba», reconoció.
—¿En qué sentido?
—En confiar en mí, en lo que estaba entregando a la gente, y es muy difícil encontrar el nicho de personas que sigan en tus clases constantemente. Eso es un trabajo de años en donde te tienes que mamar que vayan dos o tres personas a tu clase. Seguir, seguir, no decaer. Si uno deja de lado las clases, la gente automáticamente se olvida de ti, entonces debes estar constantemente haciéndolas para que la gente sepa que sigues ahí.
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Conocida en el mundo de la danza y entre sus amistades como Peti, Francisca es una de las bailarinas jóvenes con mayor trayectoria y experiencia en Chile. Ha pasado por una amplia variedad de escenarios nacionales —entre ellos el Festival de Viña y Lollapalooza—, se ha presentado fuera del país y su listado la tuvo como parte del cuerpo de baile de diversos artistas chilenos y extranjeros.
Lo del listado es tal cual. Durante la entrevista desbloqueó su teléfono, abrió sus notas y buscó hasta dar con una que comenzó a deslizar con el índice una y otra vez. Era un registro completo de los exponentes con quienes ha trabajado. En primer lugar aparecía Matt Hunter, seguido de nombres como Luis Fonsi, De La Ghetto, R.K.M & Ken-Y, Brytiago, Justin Quiles, entre otros.
Más de 15 años de trayectoria avalan su camino y le han permitido vivir experiencias únicas que la mantienen vigente y como una voz autorizada de la disciplina en Chile. Ha pasado por todo: ser la ejecutante principal, integrar un equipo y desempeñarse como asistente de coreografía. Y para quienes solo vemos el resultado final sobre el escenario, quisimos conocer más sobre esas personas que dan vida a los espectáculos de nuestros cantantes favoritos pero que aparecen solo en ese instante, del mismo modo en que en un restorán solo vemos el plato cuando llega a la mesa.
Otro asunto que Peti nos explicó fue que, cuando se trabaja con figuras extranjeras y sus equipos de baile, suelen darse tres posibilidades. «Una vez bailé con Luis Fonsi, donde éramos mitad chilenos y mitad puertorriqueños: la mitad de su equipo y la otra mitad de bailarines que nos contactaron acá. Otras veces llegan sin bailarines y solicitan un equipo local. Y también ocurre que vienen solo con su staff y no piden a nadie».
Esas y muchas otras cosas las conocimos cuando nos reunimos una tarde soleada en una de las bancas verdes de Plaza Ñuñoa. Ella ya estaba ahí, vestida con joggers oversize negros —su color favorito— y acompañada de su perro Agustín, quien recorría la plaza de un lado a otro.
Entre risas, anécdotas y pausas para seguir a Agus con la mirada, la conversación avanzó hacia algunos de los hitos más intensos de su trayectoria. Dentro de su carrera se encuentra su paso por el Festival de Viña entre 2017 y 2020, donde fue asistente de la coreógrafa Gabriela Pavez.
«Trabajar en una producción tan grande, lidiar con tantas personas, con la tele, es súper difícil. Convivir con gente mayor o con gente que no tiene idea de lo que estás haciendo. Creo que el primer año fue la experiencia más bacán. Después fue tormentoso, porque vino el estallido social, tuvimos una especie de altercado en el Parque O’Higgins, un problema heavy con la producción de Viña en general. Ahí me dije que no hago más Viña en mi vida, a excepto que sea con un coreógrafo increíble que yo ame».
Esa experiencia la marcó de manera profunda: dejó aprendizajes valiosos, aunque también momentos en los que se sintió pasada a llevar profesionalmente y como persona. En un show televisivo de esa magnitud todo cambia de un momento a otro, y la disposición absoluta es parte del trabajo. «Son muchas cosas las que ocurren dentro de ese escenario gigante. Muertos de frío, siempre dispuestos a todo».
Para Peti, el Festival de Viña representa una meta que pocos dimensionan desde afuera. Ella lo explicó con claridad.
«El bailarín en Chile lo máximo que puede lograr es el Festival de Viña. La gente no sabe que es un hito importante para la carrera de un bailarín de aquí, y siento que no es valorado 100%».
Agregó que esa falta de valoración se nota incluso en lo económico.
«Monetariamente es poco lo que gana para todo el trabajo que se hace antes, al menos dos meses antes, y después una semana antes allá donde es puro ensayo. Y después los días de Viña son súper agotadores».
Recordó, además, que la exigencia era extrema.
«Recién este año la cambiaron, pero antes la competencia internacional era muy tarde, a las dos de la mañana, y al otro día a las 8 de la mañana en ensayo de nuevo. Por lo agotador y todo lo que pasa allá, debería valorarse mucho más este trabajo. No es solamente un relleno.».
Ese contraste se vuelve más evidente al mirar afuera. Durante sus viajes por el baile comprobó que la percepción internacional es completamente distinta.
«Tú dices en otro país que estuviste en el Festival de Viña y la gente se sorprende. Yo fui a Puerto Rico y todos lo encontraron lo máximo».
Aunque para ella la experiencia tiene sus matices. «Suponte, yo no lo veo tan así. Bailé, estuve cuatro años, lo agradezco mucho, aprendí bastante, pero en comparación a otros bailarines que pueden hacer una gira con Bad Bunny, ellos encuentran bacán lo que hice. Afuera el festival está muy bien catalogado en Latinoamérica. Lo máximo que hay acá».

Foto: @lau.phtos
Al repasar su trayectoria, también habló desde una sinceridad que atraviesa todo su relato. «Se pueden hacer muchas cosas, pero dedicarse 100% a la industria de la música igual es brígido, es complicado», admitió.
—¿Qué es lo complicado?
—Que el artista te valore como tal, como un artista igual que él. Pasa mucho en el área urbana como en el reggaetón que consideran al bailarín como un acompañamiento, una escenografía y no ven lo que realmente una es. Desde que sales de tu casa al ensayo, hasta que tienes que hacerte cargo del vestuario, de organizar el salón, de qué te vas a poner, cómo te vas a peinar y maquillar. Son tantas cosas que uno tiene que ver como bailarín. Que sobre todo el hombre, pasa más en el área urbana, solo piensa como ah no, que se suban y listo. Y en verdad hay un montón de cosas que vienen antes y eso no todo el mundo lo sabe y lo conoce.
—¿Eso sigue siendo así?
—Ahora la industria musical es muy grande, ha crecido y con eso los artistas han aprendido un poco más a trabajar con bailarines. Pero al principio no era así. Antes era como te pago con la posibilidad de estar, con la experiencia. O tengo esta plata y nada más, pero ese dinero se te va en el Uber y en el vestuario. Con unas amigas que fuimos de las primeras en bailar con artistas nos mamamos todo ese proceso de luchar contra nuestra pega y que lo nuestro se viera como una carrera profesional de verdad. Que no sea como ya, estas niñas que se pongan atrás y listo. Ese proceso fue complicado. Ahora no existe tanto eso, pero aún hay algunos que todavía no aprenden.
—Nos comentaste que esto era más común con hombres…
—Sí, porque en general la mujer sí se preocupa que su show sea completo. Tienen ese sentido más de la estética, de lo que quieren decirle a la gente. Esta soy yo. En cambio, el hombre cree que no necesita tanto eso. Cree que es más fácil subirse a cantar y la gente los coreará igual. La mujer lo siente más necesario y por eso se preocupa de tener las bailarinas, incluso bailar con ellas.
—Es cierto, es más común que interactúen entre sí…
—Nos ha pasado a muchas bailarinas que vienen artistas de afuera y que nos llaman dos días antes. En serio, dos días antes del show. Este año con uno con el que bailé nos dijo así. El show va, esta es la plata que hay. Era buena paga, pero nosotras resolvimos el mismo día. Y cuando nos avisaron, nosotras estábamos ensayando en la noche al tiro. Ellos no siempre saben todo el trabajo, que no es llegar y subirse al escenario, sino que hay un proceso atrás, una coordinación que no deberíamos hacer pero que igual la tenemos. Bailar es una parte de todo lo que se debe resolver.
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—Conociendo tu trayectoria, nos gustaría conocer tu rutina, ¿cómo es una semana tuya comúnmente? ¿Es muy ardua?
—Hablo por mí pero también en general que la vida del bailarín es cambiante. Hay veces que estoy a full y otras en que todo es muy tranquilo. Suponte, hubo una semana en que tuve tres videoclips, hice mis clases y yo tomé otras, pero la siguiente fue súper piola, donde solo trabajé el fin de semana. Mi mes no es siempre igual. Una semana puede ser muy distinta a la otra y, en ese sentido, me tengo que adaptar rápido a lo que viene. La vida del bailarín es un constante sube y baja.
—¿Cómo es llevar una carrera así con la vida personal? ¿Es de mucho sacrificio?
—Sí. Hace dos años me fui a vivir sola y como mis papás viven en Viña del Mar, estoy sola aquí en Santiago. Los veo muy poco porque trabajo toda la semana. A mi papá lo veo más porque hay veces que tiene que venir a Santiago, pero a mi hermano y a mi mamá no las veo tanto. Cuando nos podemos juntar es bacán porque compartimos y todo es más intenso, pero hay mucho sacrificio del bailarín y del artista en general es que tu carrera se vuelve tu vida. Entonces, siempre trato de encontrar un balance.
—¿Es difícil?
—Hay veces que digo ya, no quiero hacer nada relacionado con el baile. Quiero salir, conocer a otras personas, porque además el ambiente es súper cerrado. Uno ve a las mismas personas todos los días. Quizás cuando uno es joven lo puede llevar bien, pero cuando uno crece le interesan otras cosas en la vida y se busca balancear para no aburrirse, porque insisto, ser bailarina es dedicar tu vida al 100%.
—¿Has vivido exigencias en lo físico? Por ejemplo, ¿te has lesionado alguna vez?
—El bailarín siempre está adolorido (ríe). Después de los 25, siempre tienes algo. Es un constante aguante, como un deportista de alto rendimiento. No he tenido lesiones graves, así como que me haya tenido que operar, pero sí he tenido que parar un mes. Una vez tuve una lesión en la espalda y paré. La musculatura está mejor desarrollada y nos recuperamos más rápido, pero siempre necesitamos masajes, ir al gimnasio, cuidarnos, estar atentos a los cambios de temperatura, alimentarnos bien, hidratarnos.
—Mencionaste que el ambiente es súper cerrado. ¿En qué sentido lo ves así?
—En que la industria es súper chica y todos quieren trabajar, entonces es una competencia constante. No es mala, pero te exige estar todo tiempo mostrándote, tomando clases, subiendo cosas en redes sociales, porque si no estás activo la gente se olvida. Hoy todo es muy efímero y pasa muy rápido, lo que para mí se vuelve agotador. Hay veces que digo ojalá no vea ningún video de nadie bailando en Instagram (ríe). Otras veces pienso cerrarlo y no saber nada, pero no puedo. Tengo que trabajar y esa es mi manera de mostrarme. Tiene que ver con la presión que uno se pone. Me encantan las redes sociales, creo que sería una buena community manager (ríe). Siempre estoy activa en redes pero también suelo cuestionarme que no me gustaría ver nada, pero como te digo, no puedo.
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—Algo interesante de tu carrera es que sueles trabajar mucho con mujeres.
—Sí. Hoy con Soulfia y Princesa Alba, con ellas estoy constantemente en su staff.
—¿De dónde surge esta elección?
—Mi sueño siempre fue trabajar con una artista pop. De chica, desde que veía a Britney Spears lo quería para mí. Desde los 2000, con Cristina Aguilera también me lo imaginaba. Luego fui creciendo y me encantó el reggaetón. Soy muy reggaetonera, pero me ocurrió todo esto que te conté con los hombres. De niña era fan de R.K.M & Ken-Y y me tocó bailar cinco veces con ellos, lo que ahora pienso y confirmo que cumplí un sueño. Jamás en la vida lo imaginé, pero aún así siento que la industria del reggaetón es fría, en el sentido de que te subes al escenario y se acaba.
—Tal como ya comentaste…
—En cambio, con las chicas hay una preparación y una visión que engloba todo el proyecto, y eso me llama mucho más la atención. Que se preocupan del vestuario, de la escenografía, las visuales, y quieren que las coreografías sean icónicas porque la gente se las aprende. Ese es otro punto por el que siempre busco trabajar con mujeres.
—¿Cómo se dio trabajar con Princesa Alba y Soulfia?
—Con Princesa Alba fue gracias a su coreógrafo Ian, y con Soulfia con mi amiga que te comenté, Gaby Pavez. Conocí a Soulfia en sus inicios, nos gustó mucho su música y como supimos que no tenía staff de bailarinas, comencé a trabajar con ella en 2020.
—¿Y cómo ha sido la experiencia?
—Con las chiquillas he vivido las experiencias más bacanes de mi trayectoria en la danza. He podido viajar, que es algo que a cualquier bailarín le interesa. Viajar bailando y conociendo el mundo es lo más que uno aspira. La primera vez que viajamos con Princesa Alba fue a México, al Coca Cola Flow Fest 2022. Un escenario más chiquitito pero donde había mucha gente, fue una experiencia bacán. El backstage junto a todos los artistas, era un poco surreal. Fue increíble.
Con Soulfia estuvimos en España, en Feria BIME, que hacen para cantantes emergentes donde hay shows, charlas y experiencias con el público. Estuvimos en Bilbao, Madrid y Barcelona. Hicimos dos shows, donde la experiencia fue bacán y el hecho de viajar con tus amigas a otro país es un sueño. Vivirlo y sobre todo con gente de tu país es importante. Además, me emociona mucho más que sea con una chilena que con uno conocido internacionalmente, porque se da a conocer.

Foto: @katerineandrea___
—¿Cómo proyectas tu futuro como bailarina?
—Dentro de todo, trato de ponerme más metas a corto que a largo plazo. El mundo del baile y la industria musical es inestable y a veces uno sueña con hacer tal cosa y no ocurre. Trato de no ilusionarme a largo plazo, tengo metas más cortas. Entrenar harto con mi compañía Taco Alto, que se den a conocer dentro del mundo del baile y hacerme mucho más conocida por mis clases. Las bailarinas debemos sacarnos de la cabeza que la validación es porque hemos bailado con tal o cual artista.
—¿Cómo así?
—Por ejemplo, si algún día ese alguien no quiere contar contigo, te quedas en la nada. Lo más importante es hacerse un nombre propio. Yo soy la Peti, hago esto, y aparte, bailé con tal y tal. Que no te reconozcan solo por ser la bailarina de. En ese sentido, mi meta es que la gente me reconozca por mis clases, por mi estilo de baile, por lo que estoy creando con mi compañía, seguir bailando con cantantes como las chicas. Este año estuve en Argentina, tomé clases, estuvimos con Soulfia en Lollapalooza Chile y Argentina. Fue muy bacán y una linda experiencia. Además, la hemos visto crecer, cada vez la gente la conoce más.
—¿Qué se viene para el 2026?
—El próximo año quiero entrenar full heels, full tacos. Estar varios meses aprendiendo y ser más seca.