La kinesióloga habla sobre su trayectoria con deportistas de alto rendimiento, su entusiasmo por la actividad física y el valor de las mujeres en el deporte.
Suena el timbre, unos segundos de espera y se abre la puerta de Kinenext. El centro de atención kinesiológica y de medicina deportiva de Claudia Valenzuela, quien nos invita a pasar y a esperarla durante los minutos que le restan con su paciente. Es mediodía en Las Condes, un día caluroso de verano, y mientras afuera el tráfico y el ajetreo dominan las calles, aquí el panorama es distinto. Esta consulta, completamente blanca y luminosa, destaca por su silencio y la tranquilidad de un tercer piso.
De fondo se escuchan las últimas indicaciones entre la kinesióloga y su paciente, anticipándonos la voz calmada de nuestra próxima entrevistada.
«Mi centro de kinesiología se centra en la terapia manual, que tiene la característica de acortar mucho los tiempos de rehabilitación. Se consiguen logros a contar de la primera sesión. Es rápida y por eso es muy específica, yo no puedo atender dos pacientes por hora. La gracia es que no voy restringiendo actividades, obviamente dependiendo de la lesión que se tenga, pero el objetivo es no parar. Que no te detengas», nos comenzó explicando para Gritonas.
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Claudia Valenzuela es una kinesióloga especialista en reintegro deportivo, con más de 10 años de experiencia y trayectoria con deportistas chilenos de alto rendimiento, dedicándose a lesiones musculoesqueléticas, así como a todas las patologías que se producen tanto por el ejercicio como por la vida cotidiana.
Todo esto y más lo explica desde su oficina, a la que nos hizo pasar tras terminar su última atención. Un módulo ubicado al medio del recinto, donde tiene una camilla, su escritorio y un computador, y que de fondo tiene el logo de Kinenext con letras oscuras.
Claudia es simpática, cordial y amable, además de atenta y con sentido del humor. Viste completamente ropa deportiva, y antes de ponernos a conversar con ella y conocerla, lo que inmediatamente uno puede darse cuenta es lo alta y fornida que es, producto de su entusiasmo por la actividad física. Especialmente por el tenis y el boxeo, dos deportes presentes y determinantes en su día a día.
«A mí el deporte me encanta, hago mucha actividad física y trato de ayudar a mucha gente en el área», dijo Claudia. Ella es de Viña del Mar, del sector de Recreo, donde una de las ventanas de su casa daba a las canchas de tenis del Estadio Italiano. En su infancia se pasaba horas viendo partidos, entrenamientos, saques y golpes sobre la red.
«Siempre me gustó el deporte, pero en mi familia no se fomentaba. Nadie hacía mucho. Todos eran mucho más intelectuales, de escribir, o de tocar un instrumento. Yo no tuve la oportunidad de familiarizarme de una manera más directa, lo único que tenía era la educación física del colegio, que era pésima. Lo único que hacíamos era salir a correr alrededor. Para los hombres seguro era entretenido con el fútbol y otros deportes, pero a nosotras nos hacían puras tonteras. Imposible motivar a las mujeres, nunca se nos enseñó un deporte en particular. Tal vez gimnasia rítmica y otras cosas, pero si eso no te gustaba y no enganchabas con ello, no había más».
Claudia fue madre adolescente a los 16 años, en 2001, mientras cursaba tercero medio. Terminó la enseñanza media en un 2×1, enfrentando la resistencia de sus padres y su pareja, quienes entonces preferían que se dedicara a criar a su hijo a que ingresara a la universidad.
«Yo no me veía quedándome en casa, sin poder desarrollarme o estudiar, que sin duda era lo que yo quería. Ahí mi hermana me apoyó mucho», dice sobre Victoria, mayor que ella y que en esos momentos estudiaba psicología. Un día llegó con la malla de la carrera de kinesiología y el apoyo necesario para convencer a todos de que Claudia debía seguir su mismo camino.
«A mí siempre me gustó el área de la salud y ella me ayudó a convencer en mi casa de que yo me la podía, que podía estudiar siendo mamá. Me gustaba mucho la biología, también la actividad física, y fue un acierto. Yo siempre estaré bien agradecida de que gracias a Victoria pude conocer esta profesión».
Siguió. «Yo estaba enfocada en la universidad, iba, estudiaba y después directo a mi casa porque tenía a mi hijo, y ese tipo de vivencias me ayudaron a formar mi carácter. Fue bien complejo, sabiendo la mentalidad de mis papás y ese temor de que no me la pudiera y que los platos rotos se los quedara mi hijo. Podría haber pasado, pero por suerte todo funcionó».
Así Claudia Valenzuela estudió kinesiología, enfocándose en la actividad física, aunque su primera experiencia laboral fue en el área respiratoria, donde le tocó hacer prácticas profesionales y una campaña de invierno que hoy la tienen con lindos recuerdos.
«Era lindo por un tema más romántico de los niños, y como mi hijo era asmático, alérgico, y con esa patología de base, me desempeñé bien por conocimiento y necesidad. Pero siempre me gustó la parte de la actividad física. Para mí era un sueño».
Y ese sueño se empezó a cumplir en sus experiencias laborales siguientes, donde continuó trabajando en el servicio público, en la parte musculoesquelética, donde entendió cómo el involucramiento como profesional marca la diferencia ante la carencia de materiales, recursos y oportunidades.
«Que da lo mismo si tienes todo o no tienes nada», dijo Valenzuela. «Tiene que ver cómo es tu pasión y cómo te enfocas en el paciente, porque es un individuo. Eso siempre será así. Claro, ahora estoy cómoda, tengo mi propio centro, las cosas que yo necesito y cómo las quiero. De forma personalizada, un paciente por hora, pero obviamente al principio no fue así».
Pasó el tiempo y en 2012 se radicó en Santiago por el trabajo de su ex marido. Aquí partió desde cero, llegando a trabajar a un centro de rehabilitación deportiva donde después fue una de las administradoras y luego, una de las socias. Fue creciendo profesionalmente, ejerció la docencia y siguió estudiando, al mismo tiempo que se metió con todo en el running. Corría todos los días, y de ahí vino el tenis, el boxeo, y varios años después, la fundación de Kinenext, donde estamos conociendo su historia.
«Yo entiendo mucho a los deportistas porque también lo soy, he competido y también me he lesionado, y el contexto que lleva todo eso es mucho más amplio. No poder entrenar genera frustración, se está más ansioso, cambia el carácter. Por eso es importante entenderlos y siempre enfocarse en las cosas positivas. Por ejemplo, en una lesión de rodilla hay ciertos movimientos que se deben restringir. Me puedo mover hacia el lado si se tiene una lesión del cruzado, pero el movimiento interior y posterior se deben limitar. Por ello, nos enfocamos en lo que se tiene para evitar el síndrome de inmovilización. Trabajo del tren superior, trabajo de aquí, de allá, y eso predispone a una forma distinta de hacer terapia».

–¿Qué tipo de deportistas te ha tocado atender? ¿Siempre de alto rendimiento?
–Muchos son de alto rendimiento y de no tan alto, también (ríe). O también de los que no rinden, pero quieren (se sonríe). He trabajado con deportistas mujeres desde que eran chicas. Tengo la historia de Bárbara Gatica, que en tenis fue número 2 de Chile y número uno en dobles, quien ahora vive en Brasil porque aquí, lamentablemente, no hay financiamiento para las mujeres en el deporte. No hay torneos, no hay plata. A ella la auspicié desde los 14 a los 18 años, algo que me gusta hacer. Y en este momento, por ejemplo, estoy con Fernanda Álvarez, quien tiene 15 años y también es tenista de alto rendimiento en el Stade Francais.
–¿Cómo es el ritmo?
–Es una labor diaria, nos vemos de forma sistemática, incluso estando «sanas», porque siempre hay pega. Es bonito ver cómo van desarrollando su carrera profesional, creciendo, lo que me ha hecho estar metida en los torneos importantes y los que no lo son tanto. Y es muy gratificante. O ver después las fotos que me mandan, donde me dicen que les fue bacán y así darme cuenta que lo que hago trae resultados lindos.
–¿Con qué otras deportistas has trabajado?
–Valentina Galaz, que es campeona nacional en motocross, parte de los deportes complejos que a las mujeres nos cuesta. Ella una vez fue al traumatólogo por una fractura de cadera importante, la moto se le cayó encima. ¿Y sabes lo que le dijo el médico? “¿Por qué no se dedica a otro deporte? A uno más de niñita”. Esas cosas escuchan las deportistas y es muy duro. Por eso, para mí es importante brindar una visión distinta, una solución donde realmente sean tratadas como profesionales. Y después ver que obtienen un primer lugar es lindo y gratificante.
–Y el camino recorrido…
–Así me ha pasado incluso con torneos de pichanga. Me mandan la copa del barrio y es igual de lindo. He tenido varias experiencias con otros deportes. Con boxeadores, con triatletas, pero si tengo que recordar a quienes he visto crecer, estas deportistas que tomé de muy chicas han sido algo bastante lindo de mi carrera. Ver el proceso de cómo se profesionalizaron, que hayan llegado a ese nivel, el esfuerzo que hubo detrás de la familia, los costos, hoy para mí es algo enorme.
–Conociendo que en Kinenext también atienden a hombres, ¿tienes tendencia a trabajar con mujeres?
–Sí, me gusta. Es que siento que no siempre se nos toma en cuenta. Por ejemplo, a mí me pasó con mis lesiones. Cuando fui al traumatólogo, me preguntó qué deporte hacía y me miró como si estuviera loca por boxear. Imagínate, si a mi familia le costó entenderlo, cómo habrá sido para un experto. No te pescan. También me pasó con una paciente, a quien le preguntaron por qué no jugaba tenis con la otra mano. A ese nivel. No sé si a un hombre le dirían eso. Como si ella estuviera tonteando, o por qué no estaba dedicándose a cuidar a los niños. Algo que también me lo han dicho.
–Lo que me parece negativo, pero si te pregunto por lo positivo, ¿qué cosas has aprendido de tus pacientes y la atención que les has dado?
–Los valores que tiene el deporte y los deportistas son tremendos. Hay una disciplina enorme, un compromiso y una dedicación heavy. Todo lo que postergan. No es que llegan un día y dicen “yo quiero ser deportista”. Eso se forja, generalmente, entre los 7 a 8 años. Tienes que dejar de lado a tus amigos, son carreras solitarias, de mucho esfuerzo, disciplina, y no siempre ves los frutos porque son a muy largo plazo. A mí me conmueve el fervor con que llevan su vida y el compromiso es fundamental.
Además, en Chile cuesta mucho. Y a pesar de todos esos impedimentos que de repente no se pueden manejar, principalmente los económicos, de no poder alimentarse bien o contar con nutricionista y todo el equipo multidisciplinario, son constantes. Con horas de entrenamiento, doble y tercer turno, luego kinesiología. Admiro mucho la pasión con que se desarrollan.
–¿Es tal vez por eso que llegan lejos? ¿Por tener todo en contra, lo dan todo y ganan?
–Sí, pero te insisto que es muy difícil, y también por eso existe una crisis en el deporte. Te doy el ejemplo del tenis. En un año, comúnmente, son dos mil los inscritos en la Federación de Tenis de Chile para niños. Se habla de que ahora, en 2024, serán 600. Es mucho el esfuerzo y no todos están convencidos de ello, con resultados tan a largo plazo y que de repente nunca llegan. Son tan intangibles, tan difíciles de obtener y que dependen de cosas externas, no solamente de si eres bueno. Me ha tocado ver gente con talento pero que no ha podido surgir porque no tiene plata. Y eso para mí es terrible. Por ello, si tengo al frente a alguien tan involucrado con su carrera, con su pasión, con su vida, es que yo tengo que estar acorde. Me obliga a estar a las anchas de ese deportista, de esa persona que lo está dando todo. Que sus objetivos sean los míos.
–¿Siempre atiendes siempre aquí en tu centro?
–Sí, pero también voy a las canchas. Me toca salir harto. Voy a torneos. Este fin de semana tengo uno en Marbella de tenis, con Francisca Pinto, que también tiene 15 años. Y se juegan los nacionales en el Club Providencia…
–¿Cómo llevas los tiempos? ¿Por ejemplo, con tu familia?
–Tengo una hija de 10 años, en el colegio, y mi hijo ya está en la universidad. Es complejo. He tenido bastantes cambios en mi desarrollo profesional. Yo me separé hace ya cuatro años. ¿Y qué pasó? Siempre cometí, no sé si el error, pero siempre prioricé a mi familia. A mi profesión la postergué. Yo trabajaba en las jornadas en que mis hijos me permitían. Pero cuando me separé, eso no me alcanzaba para vivir, y tuve que dedicarme a tiempo completo. Costó, significó un sacrificio bastante grande en tiempo, y hoy me encantaría compartir más con mi hija que es chica, pero tampoco hay muchas otras opciones. Y aunque ahora la cosa es más equitativa, ellos viven conmigo, yo soy la mamá, y me toca dividir más las cosas.
–Y entrenas también…
–Sí, hago mucha actividad física desde que me empecé a dedicar a la kinesiología deportiva. Me empezó a gustar el tenis y el boxeo de forma más seria, habitual. Yo compito y me encanta. El deporte es mi pasión y mi punto de fuga. En el boxeo soluciono todos mis problemas. Es el mejor psicólogo del mundo. Pongo ahí la foto del que me molesta y salgo flotando (ríe).
–Y así como con tus deportistas, ¿te has lesionado?
–Sí, he tenido lesiones. Tuve una en el tobillo, desprendimiento de cartílago. Aquí trabajo con más kinesiólogas por la tarde y entre nosotras nos ayudamos (ríe). Todas somos deportistas, y una al vivir estos problemas, sabe el contexto que tienen. No solamente las lesiones, sino lo que cuesta organizarte. Por ejemplo, al no tener mis entrenamientos, la carga emocional me volvía más irritable. Tenía la cabeza más pesada y apareció todo un contexto distinto. Para mí, el deporte ayuda a ordenar mucho mi jornada y lo priorizo. Es importante.
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Como les decíamos, además del tenis, el otro deporte que ha marcado la vida de Claudia Valenzuela es el boxeo, al que se dedica desde hace más de una década y que muestra con orgullo en su Instagram. «Mi papá no lo podía creer cuando empecé. Se agarraba la cabeza y me decía por qué me haces esto», nos aseguró desde su escritorio, y de cajón vino la pregunta de cómo ella llegó a esta actividad.
Si por alguna influencia, o si fue por un gusto desde siempre, como le pasó con el tenis.
Nos respondió que sí, por gusto, pero también por otros motivos; como una respuesta a malas experiencias de acoso que vivió en Santiago.
«Nunca he tenido la necesidad de aplicar defensa personal, pero sí me han acosado en la calle. Me han perseguido muchas veces, no una, ni dos. En muchas oportunidades. Tal vez, por ser tan alta, yo llamo mucho la atención. Me vi envuelta en esas situaciones y comencé a sentirme muy insegura. En un momento dije que no, debía hacer algo, y aprendí con el boxeo a moverme de forma distinta. Como te digo, nunca he tenido que defenderme, pero aprendí del lenguaje corporal y cuando alguien se me acerca de una forma particular, me doy cuenta y tengo reacciones distintas. Otros movimientos».
–De verdad que lamento que eso haya sido el motivo…
–Las mujeres estamos muy expuestas a eso, más de lo que se piensa. Toda la vida, desde chicas. Desde que vamos en la micro, que te aprietan, que te acosan. De agarrarnos el poto. Acá en Isidora Goyenechea (cerca de Kinenext) me han levantado de manotazos. Antes la gente se sentía con el derecho de hacer esas cosas. Gracias a Dios, ha cambiado la mentalidad y eso ha sido positivo. Queda todavía por hacer, pero la cosa va bien encaminada. Por lo menos, van abriéndose más posibilidades.
–¿Cómo influye la perspectiva de género en tu trabajo y a lo que te dedicas?
–Yo trato de ser respetuosa con los deportistas en general. Acá las necesidades son individuales, por lo que también es muy importante saber escuchar y acoger al paciente, indeterminadamente de qué género sea. Para mí eso es fundamental. El nexo con el ser humano que se tiene al frente, porque obviamente todo su contexto influye. Por eso es importante poder acogerlo y entenderlo, estar acorde a sus necesidades.
–¿Pero ves diferencias entre el género masculino y femenino?
–Sí, es más difícil para las mujeres, porque el deporte es un mundo más bien nuevo para nosotras. ¿Antes qué había? Tenis, pero tampoco tanto, ni se sabía, habiendo grandes deportistas. O había deportes vetados para nosotras. Que alguien te escuche, que invierta en ti, eso cuesta, y siendo mujer, 20 veces más. Tenemos que probar más cosas a la gente. Yo también con mis pacientes hombres estoy probándolos, o siento que estoy constantemente demostrando la calidad que tengo como profesional. Es un rubro muy duro.
–¿Cómo si tuvieras una carga extra?
–Sí, y pasa mucho. Estoy en un ambiente de hombres principalmente. Claro, son desafíos diferentes, pero la verdad es que es algo que está metido en la cultura. De a poco va cambiando, han habido cambios importantes, pero falta todavía mucho.

–¿Y con respecto a la recuperación de las deportistas mujeres, hay diferencias?
–Sí, la mujer deportista es mucho más aperrada en su recuperación. Más ordenada. Como les ha costado más, se apegan mucho a la terapia. Les dejo pegas, pautas de ejercicio y de estabilización, y son mucho más disciplinadas. Les ha tocado difícil, han tenido que demostrar más, y eso hace que se esfuercen más.
–¿Qué anécdota tienes en tu carrera profesional?
–He tenido pacientes que se han lesionado feo, así como fracturas haciendo otra cosa y no su deporte, un mes antes de la competencia. Y ahí tengo que trabajar todos los días, estar con ellos, acompañarlos, aunque lamentablemente yo no puedo ir a todas porque también tengo a mi familia. Pero claro, si es que se requiere, tengo un paciente lesionado con una competencia importante, me toca. Tengo que ir. Apoyarlo. Y después ver que sacan podio, tienen resultados y les va bien, que tienen logros importantes, para mí lo vale. Es gratificante. Es como con Valentina Galaz, que se lesionó y al otro año fue la campeona nacional. Ahí recién la escucharon y fue auspiciada, la tomó Red Bull. En un momento tenía que luchar contra su propia familia, el médico diciendo que no se subiera más a la moto. Algo que para ella era como decir «búscate otra vida”.
–¿Hay sesgos o prejuicios en la medicina deportiva?
–Lo he visto en los dos ámbitos, como paciente y con los deportistas. Con eso de que te dicen por qué no te dedicas a tener familia, hijos, o cuando los mismos kinesiólogos no te dan tanta importancia o profesionalismo porque el deportista no tiene tanta prensa, o porque no practica fútbol. Ese menoscabo o menosprecio, es un mundo distinto. Por eso te decía que a nosotras culturalmente siempre se nos vio y se nos obligó, o se nos enseñó, a la casa, a la familia. Nos regalaban muñecas en vez de una pelota. Y hacer actividades físicas desde pequeñas es fundamental porque necesitamos desarrollar habilidades psicomotoras. Debido a ese tipo de diferencias se han producido dificultades. No es que no tengamos esas habilidades: no las pudimos desarrollar porque no se nos permitió. Es así como nos cuesta ingresar a un mundo de hombres, de deportistas hombres tratados por hombres. Por eso tampoco no hay tantos buenos resultados con mujeres, no porque seamos malas o porque los hombres tienen una capacidad distinta. Y pese a eso, creo que hemos tenido buenos resultados. La rehabilitación no es una receta de un queque, todo dependerá del contexto y hay que tenerlo muy en cuenta.
–¿Cómo aconsejarías a una futura kinesióloga como tú?
–Primero, con que me encanta la rehabilitación deportiva, donde los resultados hacen que valga la pena. Es a largo plazo, pero cuando se atienden deportistas, se hace con gente que quiere recuperarse. Que quiere estar bien, y eso es choro porque conversamos el mismo idioma y eso es lindo. A mis futuras colegas les diría que lo hagan, que cuesta, que hay que estar demostrando constantemente los conocimientos, pero que de todas maneras se atrevan y que hagan deporte, que para una también es importante.