Combinando actividad física, simbolismo y autoconocimiento, la entrenadora ha potenciado a mujeres y su propia historia a través del macebell.
En un momento de esta entrevista, Ignacia Solar sacó su teléfono para mostrar ejemplos de lo que se dedica. Ingresó a su Instagram y tras una búsqueda en su pantalla, nos mostró a un muchacho de pie, robusto y barbón, haciendo movimientos con un mazo metálico oscuro. Deben haber sido unas 10 secuencias, distintas en su forma y complejidad.
«El suyo debe ser uno de 25 kilos», nos dijo sobre la herramienta manipulada por esa persona; un mazo de acero negro como el petróleo con una bola de peso en uno de sus extremos. Su composición es similar a los que todos conocemos para golpear o percutir, solo que estos tienen otro fin para el organismo. La actividad física.
«Ayuda a todo el cuerpo de manera integral», añadió sin sacar los ojos del video. «Si te fijas, su pie está tan consciente como su mano, mientras se mantiene agarrando el mazo para no pegarse. Es súper entretenido, desafía el equilibrio y la coordinación», nos explicó para Gritonas.
Ignacia Solar es entrenadora de macebell, como se le conoce a este tipo de entrenamiento con el mazo. Cuando nos juntamos, ella se definió como pionera en este tipo de actividades en nuestro país. «Soy de la primera camada de mujeres que trabajan con el mazo en Chile», recalcó. Lo viene haciendo desde 2018, cuando se acercó a un gimnasio que enseñaba la disciplina. Ella iba con la idea de hacer un trueque, pues venía de convertirse en madre hace poco tiempo y la falta de trabajo, le hizo avanzar en la propuesta de hacer aseo a cambio de poder entrenar ahí.
«Estaba media depresiva posparto. Les ofrecí ayuda con el orden y me dijeron que sí. Siempre fui deportista, hice todos los deportes, me gustaba mucho bailar, era activa corporalmente desde pequeña. Y en el gimnasio estaba el mazo, toda esta onda media vikinga, esotérica, de símbolos que se relacionaban con el entrenamiento», nos explicó.
A los pocos días, Ignacia se convirtió en una más, haciendo bien la pega y generando mucha confianza en los otros. Tanto fue así que poco a poco se involucró en más tareas y responsabilidades, hasta que terminó siendo la administradora del recinto. Quien lo hacía antes se fue a vivir fuera de Chile, así que ella aceptó feliz. Aparte de entrenar, obtuvo un empleo que tal vez nunca pensó conseguir. O más que eso: una demostración de que los grandes cambios a veces llegan cuando nos atrevemos a dar el primer mazazo.
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Como sabemos, el uso del mazo tiene que ver con muchas culturas, entre ellas la celta, particularmente con los vikingos, que lo ocupaban como arma y muestra de defensa. Un punto no menor para ella, pues recordó que el dueño de este gimnasio —«un vikingo real, grande, gigante, musculoso, pelado, muy ronco»— la vio y le dijo que por sus rasgos —pelirroja, su cara llena de pecas, sus ojos verdes como una esmeralda— le dijo que era una vikinga de verdad. «Me hueveaba con la de Vikings, Ladgerda», se rió.
Ignacia Solar se quedó con la gestión de alumnos, la aplicación, venta y gestión del cliente, así como la recaptación de usuarios, las boletas, todo. Estuvo así un año y algo hasta que llegó la pandemia, cuando este tipo de recintos fueron obligados a cerrar. En ese momento ella pasó a hacer clases, donde se empapó aún más de este entrenamiento con el mazo y sus beneficios, el cual ya conocía por su propia experiencia. Así estuvo hasta la vuelta a la presencialidad.
«En total, trabajé cinco años y medio allí, y luego me independicé. Cumplí una etapa. Con una chica y un chico armamos un tipo de entrenamiento similar, que era una clase para mujeres donde fusionamos animal flow, trabajo en cuadrupedia en el suelo, y por supuesto, el trabajo con el mazo y otras herramientas. Todo en onda vikinga, de poder personal y empoderamiento de la mujer. Durante el calentamiento hacíamos dinámicas y juegos para despertar emociones, no solamente como ya, agarren su mazo chiquillas y empezamos».
Les fue bien. Fue un año de éxito. Tanto así que al siguiente decidieron formar a las próximas profesoras de macebell. Ignacia nos aseguró que de las 14 alumnas, seis dijeron que sí, pero ella se retiró del proyecto. Se independizó totalmente, sola en el camino, como entrenadora de macebell, kettlebell, clubbell y animal flow, como dice su biografía de Instagram, al igual que al tatuaje a handpoke, al tarot y la astrología.
«Me especialicé en el entrenamiento no convencional, una rama más actualizada de lo que significaba fitness en general. Tiene la diferencia que aboga por el entrenamiento natural, fuera de los gimnasios y máquinas, fuera de esa nebulosa que se conoce del no pain, no gain. Eso lo siento como una forma de ver el movimiento y el entrenamiento de manera más respetuosa con el cuerpo. Con procesos evolutivos, con patrones básicos de movimiento que en la actualidad hemos perdido por el modo en que vivimos. Me hace mucho sentido entrenar así, en general a mujeres adultas, adultas mayores también, que necesitan reconectarse con su cuerpo porque han pasado mucho sin estar conscientes. En automático, caminando así no más, porque la vida las lleva».
Cuando hicimos esta entrevista, ella andaba trayendo su mazo en el auto, el que previamente nos describió de fierro y de un peso que puede ir de los tres a los 19 kilos, según el tipo de bolas superiores que se necesite. En nuestra conversación esa vez bromeó con su estatura, pues la dimensión de este instrumento era casi de su porte, aunque nos explicó que tiene otro más corto, el cual a veces recomienda a las personas que recién están partiendo. «Te voy a mostrar unos videos para que veas un mazo común y corriente», dijo antes de exhibirnos el video con que arrancamos este relato.

–¿Cuánto tiempo toma el entrenamiento con el mazo?
–Una hora, en donde hay tres fases. La primera de movilidad general, donde despertamos sensaciones del cuerpo y hacemos un scanner de todas las partes importantes. Después empezamos a estirar y a conectar con otros movimientos, para seguir despertando obviamente, pero también para activar el metabolismo. Y luego viene la parte más dura, con una carga externa, donde se desafía más la cabeza y la resistencia, aplicando incluso algunos gestos que vimos al principio de movilidad.
–Como un ciclo…
–Todo tiene un sentido, no es que son puros movimientos sueltos unos con otros. Todo esto prepara el cuerpo y la conciencia, para seguir con movimientos complejos, con cargas adicionales, aunque luego por supuesto que hay una pequeña relajación. Tengo un tema con elongar y esas cosas, pues creo que está sobrevalorado.
–¿En qué sentido?
–Si haces un entrenamiento completo, donde estires tus tejidos, donde tengas fuerza estructural, entiendas las bisagras y la estabilidad de tus articulaciones, y luego lo lleves a desafíos mentales, desafíos mayores, por ejemplo, cómo voy a combinar estas tres cosas con un salto entre medio y con tiempo, se arma un juego completo que no necesita elongación, a excepto que hagas un entrenamiento de fuerza muy pesado y que el músculo te quede realmente agarrotado. La movilidad anterior debe ser lo suficientemente redondita para haber estimulado la relajación y haber soltado todas las articulaciones importantes. Se activa la musculatura y se lleva a los desafíos, como es mi visión de las clases, y luego nos relajamos.
–Un tema interesante de la actividad física es su relación con el juego, el entretenimiento, lo lúdico, y con el mazo vemos mucho de eso…
–Sí, como un juguete…
–Claro…
–Y es súper interesante. Jugar es una habilidad innata del ser humano. Así aprendemos y descubrimos el mundo. Gateando y jugando. Por eso el gateo y la cuadrupedia son factores indispensables en mi rutina, así como el juego. Éste último puede ser mi propia manera de vincularme con mis alumnas, que puede ir desde tirar una talla, recrear o volver lúdico algún diálogo, hasta la elaboración de juegos físicos. Me parece importantísimo este punto porque lo conecto con esta visión que tengo del entrenamiento, de la capacidad de conectarnos con el origen, que no es una máquina, sino algo más relacionado al juego, porque así vamos construyendo el mundo. Siempre involucro nuevas dinámicas en mis entrenamientos o talleres. Hay que hacerlo y lo recomiendo.
–Muchas veces olvidamos jugar.
–El entrenamiento es un espacio de tolerancia a la frustración, donde muchas veces pasa que se comienza a hacer porque se odia el cuerpo que se tiene. O porque quiere verse de otra forma, producto de los estándares que nos imponemos. Y muy pocos lo hacen por la pasión de moverse, porque aman a su cuerpo o cacharon que así se sienten mejor. Yo creo que siempre está tirado más para lo primero, entonces jugar también genera emociones que hacen falta en los espacios de entrenamiento. No caer siempre en el no pain, no gain. El dolor y la sobrevaloración que tiene en los gimnasios. Que te duela todo el día siguiente tampoco es tan normal. No hay que hacerse mierda. Seguro que ahora tenemos 30 y somos capaces, pero cuando seas más grande quizás no.
–Algo que también nos sorprendió de tu perfil de Instagram es que también lees el tarot, ofreciendo tus servicios a la par de tus entrenamientos. ¿Cómo se vinculan una cosa y otra?
–Partiendo de la base de que somos seres integrales, no solo tenemos un cuerpo y nada más, porque éste responde a las emociones y éstas a la mente. Por ende, si no cuidas la mente ni la emoción, el cuerpo se acompañará de esas consecuencias. Y el tarot es una herramienta de autoconocimiento que ayuda harto en ese sentido. Conmigo lo ha hecho para resguardar y guiar mis procesos emocionales, mis cosas mentales. Creo mucho en la sincronía, entonces tiene mucho de eso. No sacaste una carta sino otra, por algo esa y no aquella. Y te prometo que nunca me ha pasado una lectura o una carta que no tenga relación con lo que se está hablando. Llevo diez años y nadie me ha dicho lo contrario. Tengo una certeza interna de que funciona. No lo veo como ver el futuro, una adivinación, sino que como un recurso para ayudar en los procesos del presente.
–Qué interesante…
–Es un proceso personal, individual, claramente muy diferente para todos, pero desde mi experiencia y eso es lo que he querido inspirar, si uno cree y tiene la convicción de que sí puede entregarte algo, ahí está. No es una verdad absoluta, no estoy adivinando mi futuro, pero siempre hay un mensajito, un símbolo, un arquetipo que hace sentido. Esto me lo responde, o esto sí me hace sentido. Es complementario. Yo soy la Ignacia que tiene problemas emocionales, situaciones mentales, proyectos, y también soy la Ignacia activa físicamente y que le encanta entrenar. Me muevo en todos mis mundos y los atiendo a todos. Es la idea que tengo para conocerme y entenderme mejor, quién soy, qué sé. Son herramientas que funcionan en diferentes áreas de un mismo ser humano.
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Otra de las cosas que nos llamó la atención de Ignacia y por la que quisimos saber más de ella fue su enfoque personalizado de entrenamiento en mujeres. Pero cuando nos juntamos a conversar con ella, un día soleado en una cafetería cerca de su casa en Las Condes, nos encontramos con una chica que además tenía estudios de psicología transpersonal y también de biodanza.
«Para mí es muy importante cómo vive la persona su autoconocimiento y sus procesos emocionales, mentales, involucrando su cuerpo tanto en su vida diaria, como cuando está consciente de que está sentada así. O de que no está en una postura que da lo mismo para su cuerpo. Muchas personas pueden sentirse muy inteligentes al momento de reaccionar intelectualmente, pero el cuerpo también habla y muchas veces lo hace antes que la mente».

Esta visión holística la tiene desde pequeña, ella recuerda desde el colegio, principalmente por su mamá. «Ella se metió en el hippismo, como yo le decía en ese momento», se rió. «Con el reiki específicamente. Todo lo de las energías, cómo las controlaba con su cuerpo y sus manos, cómo sanaba todo esto. Y lo vi, fui testigo de una sanación a distancia, y ahí no dudé. Con ella era la única con quién yo podía hablar estas cosas en mi familia. Todos los demás son más conservadores y tradicionalistas».
Eso hizo su interés por la biodanza, una forma de hacer terapia en grupo a través de la sincronía y el movimiento, donde te van guiando ciertas emociones, la música en general, en diferentes estados de ánimo. «Mi mamá había ido antes y me dijo que me iba a encantar. Que yo había sido bailarina toda mi vida, y esto era la mezcla de psicología y baile que tanto me gustaba. Y fue cierto, me encantó. Fui practicante como 10 años y mis profes en el último tiempo armaron su propia escuela para formadores. Entré para estudiar y ser profe de biodanza, paralelo a los estudios de psicología, pero ese negocio quebró, así que me quedé sin título».
Otro asunto relevante, enfatizó el más importante, fue haberse convertido en madre, pues no solo comenzó a vivir este proceso inquebrantable y potente con su hijo, sino que también a tener otras prioridades a las cuales seguir. Vinieron momentos de definiciones y el establecimiento de nuevas prioridades, algo nada menor. De aquí surgió la idea de ofrecer ese trueque en el gimnasio donde conoció el macebell. Donde se inició buena parte de esta historia.
–¿Cómo son tus reflexiones de entrenar mujeres?
–Muy lindas. El mazo en particular es una herramienta que te evoca lucha, de que estás en una guerra, una experiencia que es rústica. Es directa la relación que puedes tener sin tú quererlo. Tú lo tomas y de verdad te sientes como una vikinga, y eso inmediatamente está relacionado desde nuestro ADN con sensaciones de seguridad, de empoderamiento, coraje, valentía, etc. Si entrenamos, hacemos una sentadilla, o una secuencia de pasos con el mazo, y le doy un relato que potencie, las alumnas se emocionan. Después de la clase me dicen que se imaginaron muchas cosas, un montón de sensaciones bacanes, fuertes, intensas, porque es un trabajo intenso. Cansa caleta. Si no tienes resistencia en los brazos, te agota infinito. Hay clases donde no soltamos el mazo.
Mi experiencia ha confirmado que este entrenamiento funciona para cambiar y modificar las perspectivas que tienes de tu imagen y autoestima. No solo porque te vas viendo físicamente diferente, aunque quizás no al tiro. Pero mentalmente, sí que lo es. Si tu entrenamiento es tranquilo, moderado, y más o menos seguido, modificas tu forma de sentir. Desde que puedes tomar un mazo con mayor firmeza. Tu postura cambia, estás más consciente de ti.

–Haces algo que tal vez nunca imaginaste…
–A propósito del empoderamiento, el entrenamiento con el mazo apoya simbólicamente mi relato de querer empoderar a las mujeres. No solamente te entrego una clase física, donde estamos haciendo cosas diferentes y choras. Hay un relato propio, mío de profe, donde guío la clase y ponemos cosas sobre la mesa que te lleven a reflexionar. Por eso también sacamos una carta del tarot. Una vez que éramos varias, sacamos la de la muerte y todas se sorprendieron, pero después de la experiencia que tuvieron en la clase, de la movilidad, de la fuerza, de sudar y quedarse en el suelo, todas tuvieron algo que decir. Una que dice que de verdad se moría, otra que se sentía así, otra asá, y todo eso terminó siendo verdad. Todo sumó en su autoconocimiento y su experiencia como mujeres y seres humanos en el mundo. Y además, ellas sabían que este entrenamiento calmaba el sistema nervioso, que generaba endorfinas y traía consigo todos los beneficios que conlleva moverse. Eran personas más tolerantes a los conflictos y situaciones, más moderadas. Inteligentes en todo sentido.
