Francisca Castillo: «Es muy necesario poder informar con perspectiva de género. Es transversal en todos los temas»

La periodista y conductora de El Mostrador TV reflexiona sobre su vocación y la perspectiva de género en su trabajo, abordando desafíos y temáticas invisibilizadas en el periodismo actual.

Desde pequeña, a Francisca Castillo le fascinaba la información. Se entretenía con ella y recuerda que, siendo aún niña, pasaba tiempo viendo las noticias; y con el tiempo, empezó a interesarse en detalles como el desarrollo de las imágenes, quiénes hablaban y cómo se proyectaban en televisión. Algo que también descubrió cuando comenzó a leer el diario.

Ese interés se mantuvo vivo hasta que llegó el momento de elegir una carrera. «No tenía más alternativas en mi cabeza que el periodismo», recuerda. «Fui afortunada en ese sentido, nunca tuve una crisis vocacional; siempre supe que debía ser periodista. Era algo intuitivo, de la guata, sabía que era la carrera que tenía que seguir». 

Francisca siempre se sintió más atraída por la comunicación audiovisual. Observaba los énfasis, los tonos y las expresiones de los comunicadores, junto con las preguntas que se hacían. Intereses que, paradójicamente, terminaron convirtiéndose en una de sus principales ocupaciones de hoy como periodista de El Mostrador. Actualmente, conduce paneles de debate en El Mostrador TV: el programa “Juntos y Revueltos”, que se transmite de lunes a jueves con diversos panelistas, y “Corea del Centro”, los viernes junto a Iván Weismann y Rodrigo Castillo.

Nacida en Rancagua pero criada en diferentes lugares por el trabajo de su padre, Castillo estudió periodismo en la Universidad Católica de Valparaíso. Su carrera comenzó en el ámbito de la comunicación institucional, hasta que cursó un diplomado en periodismo de investigación con María Olivia Mönckeberg en la Universidad de Chile. Esto la llevó a viajar a Santiago varias veces para cumplir sus estudios, y luego consiguió empleo en la misma universidad.

Permaneció allí un año, hasta que a comienzos de 2018 se unió al equipo de El Mostrador, el primer medio digital de Chile. Desde entonces, han pasado seis años en los que se ha enfocado en cubrir política, actualidad y contingencia, y en los que este medio se ha convertido en su segunda casa. El espacio donde ha crecido profesionalmente.

Nos reunimos con ella un día de semana en una cafetería del centro de Santiago, para conocer más sobre su trayectoria, sus intereses y criterios periodísticos, así como el enfoque de género que incorpora en su labor como comunicadora. 

–Debe ser intenso cubrir política, actualidad y contingencia en Chile, donde cada semana surge una nueva noticia.

–Sobre todo porque estamos en tiempos donde hay muchas fuentes de información, entonces hay que ser bien cuidadosos. Quienes comunicamos debemos ser responsables de qué se informa y cómo lo emitimos.

–También por los tiempos que vivimos de posverdad, fake news, inteligencia artificial, etc. 

–Incluso para una como periodista, y también es un trabajo en equipo, hay que ser contundente para filtrar todo lo que aparece, o toda la información que surge. No solamente por los contenidos elaborados con inteligencia artificial, sino que directamente por cuestiones falsas que aparecen en las redes sociales y que son muy fáciles de caer. Hay un doble click que hacer, sobre todo con los videos que se viralizan como novedad y son de hace tres o cuatro años atrás, haciéndolos pasar como que son de ahora. 

–Y que de inmediato se asumen como una verdad.

–Ahí debemos mirar las fechas, los emisores de origen. Toda una serie de protocolos que ya son parte de la dinámica diaria y eso sí que es un doble trabajo, pero uno que hay que hacer en este tiempo. Sobre todo cuando se trabaja en el ámbito digital porque, si no, se corre un riesgo muy alto.

–¿Cómo es el ejercicio de moderar paneles de conversación?

–Yo no sé si hay una fórmula pero finalmente es un aprendizaje…

–Me imagino que es mucho oficio…

–Sí, yo diría que sí. Es mucho oficio. Sobre todo con estos formatos híbridos, porque yo estoy haciendo televisión y radio al mismo tiempo, a través de un formato que se transmite digitalmente. Se requiere mucho sentido de los tiempos, mucha moderación, tratando de equilibrar a quienes están conversando conmigo, escogiendo bien las preguntas y los énfasis que yo busco en esa conversación. Leyendo bien a los invitados para saber qué es lo que pueden entregar de mejor manera al momento de emitir una opinión. Intentar de instalar en un mismo espacio diferentes miradas es lo que, finalmente, enriquece el producto que estás entregando a la audiencia. Sacar lo mejor de cada panelista y sus diferentes visiones de manera balanceada, porque tratamos de ser bien equilibrados muchas veces con los puntos de vista. Yo creo que es una función adicional que enriquece un poco la pega. Cómo tratar de sacar lo mejor de quienes estás conversando también es un rol.

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–¿Cómo esperas que tu desempeño periodístico repercuta en la audiencia?

–Yo creo que tanto lo que hago, como el objetivo del diario en general, es ser un medio que fiscaliza el poder. La fiscalización del poder y ver el periodismo desde ese ángulo es el sello de El Mostrador, un poco saliendo de las lógicas tradicionales y el tratamiento informativo de los medios tradicionales. Yo estoy en El Mostrador TV haciendo los paneles, los programas de conversación y la formación de opinión a partir de las diferentes miradas, lo que sin duda contribuye a esa misma labor, pues en el momento de liderar una conversación se toma una decisión de a quién entregar una voz para emitir una opinión. 

–Qué interesante. 

–Son decisiones que uno toma con el editor, a nivel de medio, no es algo al azar. Se busca una voz a quien darle vitrina para que ejerza su opinión e incida en la opinión pública. Lo más importante es la diversidad de miradas que un medio digital como El Mostrador puede otorgar, fuera de los sesgos más estructurados que existen en otros medios. 

Otro asunto es la forma de abordar los temas. Tratar de dar una mirada, tener diferentes percepciones interpretativas de cómo abordar la noticia también es algo diferenciador de El Mostrador. Y la lógica, en ese sentido, es darle una vuelta a los contenidos y entregar a la audiencia otra forma de ver las cosas. O al menos con algo más allá de lo que puede repetirse en los medios tradicionales. El sello de nosotros es poder brindar otra mirada y yo creo que eso es la gracia, tanto en quienes trabajan en el periodismo escrito contingente y de investigación, así como quienes hacemos los productos audiovisuales. 

–¿Cómo es hacer periodismo en plataformas digitales? 

–Hay como toda una cadena de funciones bien establecidas entre nosotros como equipo, que tiene que ver con quienes hacen las notas y luego quienes las viralizan. Hay una estrategia de redes sociales que, sobre todo en el último tiempo, se ha repensado en el diario y se ha reestructurado para potenciarlas. Ese es el foco del trabajo de un medio digital: potenciar su impacto en las redes sociales, porque finalmente los clicks llegan al diario.

–¿Cuáles crees que son los hitos de tu carrera periodística? 

–No sé si son hitos, pero yo creo que lo más importante que he podido hacer en el último tiempo tiene que ver con la perspectiva de género. Cuando han aparecido las olas feministas y se reinstalan problemáticas de la desigualdad de género, surge una óptima argumentación gracias a las mujeres que instalan sus asuntos para que sean debatidos y así avanzar en igualdad de derechos. Cuando una es comunicadora, a mi juicio, hay una doble responsabilidad de instalar estos tópicos para poder debatirlos socialmente y evolucionar. Yo he tratado de aplicar eso en el último tiempo, escogiendo temáticas que me llaman la atención, que están invisibilizadas, que involucran desigualdades de género importantes y que son relevantes para instalarlas en el debate y así discutirlas en el ámbito público.

–¿Cómo cuál? ¿Tienes un ejemplo? 

–Uno importante que pude abordar este año fue algo que está pasando en el marco de la crisis de seguridad, que son las cárceles de mujeres. El sistema carcelario es un tema en boga, pero sobre las de este tipo se habla poco. He podido hacer un trabajo ahí, por ejemplo, con el Centro de Justicia y Sociedad de la Universidad Católica, levantando un poco el tema de las cárceles de mujeres y las desigualdades que se reproducen ahí. Un tema que llama mucho la atención es que, generalmente, cuando una mujer cae presa, se desarma su sustento y todo su núcleo familiar.

–¿En qué sentido?

–Muchas son jefas de hogar que principalmente caen por ley de drogas, donde tienen penas muy altas y eso lleva a que su familia se desintegre. Y cuando eso sucede, generalmente hay otra mujer, como por ejemplo la abuela, que pasa a hacerse cargo. Hay toda una cadena de cuestiones que impactan a las que están privadas de libertad, como también que hay muchas que están recluidas con pocos niveles de peligrosidad, pero que ocupan lugares innecesarios de las cárceles. Y son materias que no se discuten porque son impopulares y porque no son al revés, pues a diferencia de lo que pasa cuando un hombre cae preso, siempre hay una mujer atrás que mantiene a una familia. Cuando una cae presa, no tiene visitas y la familia se desarma. Y a mi juicio, sobre todo esto no se conversa.

–Y no es común en los medios…

–No surge espontáneamente ni se instala en el debate público, a menos que una comunicadora se fije en que es necesario hacerlo. Yo trato de hacerlo mediante entrevistas. Otras aportan con cifras, con datos que permiten sustentar el por qué es importante debatir sobre las cárceles de mujeres en Chile en un contexto de crisis de seguridad. Abordar la contingencia con visión de género es un plus que yo tengo la posibilidad de hacer, pues el diario me lo permite gracias a la editorial de género que tiene. 

–¿Y crees que, por parte de otros medios, se toma en cuenta bajo esa interpretación? Ya sean tradicionales o digitales, grandes o chicos.

–Es que, por ejemplo, este tema de las cárceles de mujeres yo creo que no. ¿Qué es lo que predomina generalmente cuándo se toca la crisis de seguridad o del sistema carcelario?

–En televisión, por ejemplo, la seguridad ciudadana. Los asaltos, los portonazos. Y del sistema carcelario, la sobrepoblación…

–O la construcción de la cárcel de máxima seguridad. Pero no hay una bajada de género, que también es importante abordar en el marco de, por ejemplo, la sobrepoblación penal. Y en esa lógica, ¿Qué pasa con las mujeres? Desde los medios tradicionales no existen bajadas de ese tipo. Yo creo que en los medios digitales se permite poder poner ese tema sobre la mesa, con un plus interesante de cómo abordar la información en un diario como el nuestro.

–¿Cómo reflexionas sobre la presencia femenina en los medios, no solo en el caso de las periodistas, sino también de columnistas, rostros y otras voces que opinan?

–Que cada vez hay más. Y creo que las comunicadoras tienen más presencia en el sentido de poder instalar lo que no se habla. Lo he visto en muchos lados, y que bueno que sea así, porque es muy necesario poder informar con perspectiva de género. Es transversal en todos los temas. Entonces, cuando una es periodista, tienes una responsabilidad adicional de poder abordarlo de esa manera, darle esa vuelta. Y sí, yo he visto que cada vez más comunicadoras tienen esa mirada más crítica.

–¿Has enfrentado desafíos adicionales por ser mujer en la industria de medios, donde por mucho tiempo han predominado los hombres?

–Yo te diría que hay cuestiones de estilo que han ido cambiando. Tratando de instalar el énfasis correcto al momento de referirse a las cosas en el contexto actual. O sea, hay dinámicas que son muy antiguas y que prevalecen porque también conviven distintas generaciones en los medios y la forma en cómo se trata la información. Entonces sí, es desafiante por mi edad y por mi género siempre tratar de decir ojo, ahora el tratamiento de este tipo de áreas es de esta manera y no desde otro lado, por decirte, machista o incompleto.

Siempre estamos alerta para que haya un tratamiento adecuado, con respeto y con perspectiva de género. Y esa es una dinámica diaria con mis colegas, con los editores, con los lectores. Siempre hay que estar un paso más allá, tratando de poner las cosas en contexto y de salir un poco de las lógicas más tradicionales que han dejado a las mujeres más afectadas en términos de visibilidad o incluso de lenguaje. Dejar de ocupar un lenguaje retrógrado y empezar a hablar de otra manera. La elección de lo que se informa con perspectiva de género también es un desafío diario. No es algo que esté ganado en ninguna parte.

–¿Cómo es la reacción cuando tú planteas esa mirada periodística?

–Muy receptiva. Es un aprendizaje en conjunto. El Mostrador tiene una sección de género y eso genera una doble responsabilidad. Hay que hacer ese doble click no solamente para esa sección, que es breve, pero permite un aprendizaje en conjunto de todo el equipo. Hay una receptividad que es buena y que en los diarios digitales yo te diría que es a nivel general.

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