Aquí la historia de la influencer, modelo y emprendedora, quien respalda la libertad financiera y la importancia de seguir tus sueños para alcanzar la felicidad y la independencia.
A sus 24 años, Javiera Monteverde no aparenta su edad. Modelo, influencer y emprendedora, cuando nos vimos comentó que no es la primera vez que le dicen lo mismo. Sin embargo, más allá de su aspecto juvenil, de lo que cuida su rostro, de su medido estilo de vestir, ella lo atribuye a su forma de ser. A su madurez, independencia y manera de afrontar la vida.
Nos encontramos en una fría tarde de invierno en una cafetería de Peñalolén. Mientras muchas personas se refugiaban dentro del local, sumergidas en sus computadores, teléfonos, cafés y conversaciones, nosotros optamos por sentarnos afuera. Vestida completamente de negro —desde los zapatos hasta el gorro—, Javiera nos dijo que suele frecuentar este lugar por su comodidad y arquitectura, y que venía de hacer un live con sus seguidores tras estacionarse, como una manera de anticipar esta entrevista.
Lo primero que supimos es que ella se inspira de muchas mujeres en su día a día y que por lo mismo trata de hacerlo en otras a partir de la vida sana y fitness, la moda, lifestyle, la tranquilidad financiera y más. Lo segundo fue que proviene de una familia muy diferente a ella. Sus padres viven el presente, el ahora, el día a día, sin proyectarse demasiado hacia el futuro. Su papá, en particular, lo reconoce, ya que siempre le dice que tiene mucho en común con su abuela —la madre de él—, a quien Javiera nunca conoció, pero que de todas formas considera hoy su ángel protector.
«De chica fui así porque mis papás tuvieron problemas con las drogas y con el alcohol, y lo comento porque creo que mucha gente ha pasado por lo mismo. Gracias a esas situaciones, soy como soy. En esos tiempos me cuestionaba demasiado. Por qué me tocaron mis papás así. Y a decir verdad, siento que soy así ahora porque hace mucho decidí que no quiero esa vida», nos aseguró.
Y agregó: «Mi hermano chico, que tiene 18, es igual a mí. Por eso le enseñé mucho de que tiene que estudiar para aprender. Para tener conocimiento, una responsabilidad al momento de levantarse en la mañana. Los papás te dicen que estudies para tener un título, casa, hijos, pero eso a mí no me lo enseñaron. Obviamente, mi mamá quería que fuera doctora, o lo que quisiera, pero yo siempre tenía mis metas tan claras que nunca me dijeron qué hacer. Por ejemplo, entré a estudiar sola. Siempre quise tener libertad financiera, ser feliz y viajar por el mundo, ganando mi propio dinero».
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Desde niña, Javiera Monteverde siempre ha sido emprendedora. Con decir que comenzó vendiendo ropa de su clóset en el colegio para generar sus propios ingresos. Años más tarde, siguiendo el consejo de una prima, decidió estudiar Técnico en Administración de Empresas, una carrera que pudo cursar con gratuidad. Durante dos años estuvo en ese programa, pero tras la recomendación de sus profesores, decidió convalidar su título para sacar Ingeniería en Marketing.
A los 21 años, con el deseo de seguir aprendiendo, aceptó el desafío y se sintió muy satisfecha con la decisión, pese a que esa segunda etapa se dio en pleno inicio de la pandemia por COVID-19.
Al mismo tiempo, Javiera fue construyendo su presencia en redes sociales, comenzando por Facebook y luego, de manera más profesional, en Instagram. Lo cierto es que siempre había disfrutado sacándose fotos y cuidando su estilo, pero admite que nunca imaginó que podría ganar dinero con estas plataformas, tal como lo hace hoy.
Su primera incursión en los negocios fue con su propia tienda online. Empezó vendiendo cinco polerones a través de una cuenta de Instagram recién creada, y en cuestión de horas, los vendió todos a 20 mil pesos cada uno. Fue un éxito inesperado, especialmente en plena pandemia, cuando no tenía otras fuentes de ingresos.
«Empecé a comprar más y más productos, y descubrí que podía enviarlos por Starken. Eso facilitaba mucho las ventas, porque el sistema era sencillo y los clientes confiaban en mí sin necesidad de mucho contacto directo», explicó. Así nació su tienda, Drip on Sale, donde empezó a vender zapatillas, gorros, cinturones y polerones, manteniendo un crecimiento constante en sus ventas.
Javiera también fortaleció su perfil en redes sociales, y más adelante, abrió una cuenta para la venta de contenido exclusivo. El éxito de sus emprendimientos le permitió comprarse su propio auto en 2021, un logro que, más allá de la adquisición material, marcó un antes y un después en su vida.
«Sentí que eso me hizo cambiar, me dio independencia», expresó. Y es que para ella, que nunca quiso trabajar en un horario fijo o en una oficina, fue un momento decisivo. Ahora podía ganar dinero a su manera, con su propio ritmo, y se estaba dando cuenta de ello.
«Después retomé el modelaje y quise darle un giro a mi tienda. Siempre me encantó modelar y sacarme fotos, y con el tiempo, más emprendimientos de Instagram empezaron a llamarme para colaboraciones. Trabajé con marcas reconocidas como CLO y Louis Antoine como rostro de catálogo. Fue una experiencia muy linda, tal como con otras marcas. Conocí a mucha gente y obtuve contactos valiosos, especialmente en el mundo de los artistas urbanos. Hoy en día conozco varios artistas de la música urbana y soy manager de mi mejor amiga, Mariana Bfly, que también es artista».
–¿Siempre tuviste seguidores en redes sociales?
–Sí, de chica. Incluso vendí un Instagram que tenía 150k. Era el año 2017, iba al colegio. Antes era muy fácil subir seguidores, te lo juro. Yo subía una foto todos los días, pero no era porque alguien me lo hubiera dicho. Yo lo hacía porque me gustaba. Empecé a ser no sé si farándula, pero en Facebook tenía muchos likes, muchos comentarios, y la gente me decía que era conocida. Yo nunca le tomé el peso, pero cuando empecé en Instagram en 2013, subí mis fotos y tenía cuatro mil, cinco mil me gusta. Subía muchos seguidores y me empezó a dar miedo porque no le tomé el peso a esas cosas.
–¿En qué sentido?
–Estaba en el colegio, era chica. Y había gente, hombres, muy psicópatas, locos. O mujeres que me robaban mis fotos para hacerse pasar por mí. En tres o cuatro veces se me acercaron varones diciéndome que hablaban conmigo hace tiempo. Me empezó a dar cosa. También había hombres que me mandaban fotos inapropiadas. Me dio miedo. Vendí ese Instagram y me hice uno piola, privado, para que nadie me conociera. Y me arrepiento. En ese tiempo era chica, nadie me decía nada. No me aconsejaban. Nunca pensé que podría ganar plata con esto mismo.
–¿Qué es lo bueno de tener muchos seguidores en redes sociales?
–Que me enseñó a ser independiente, a amarme, a tener autoestima, y que me dé lo mismo lo que opinen sobre mí, porque siempre lo harán, porque sí o porque no. La única manera de surgir en la vida es quererse a uno mismo y que no te importe lo que diga el resto. Si te preocupas sobre el qué dirán, te irás a la mierda, además que quienes son malos no te dan nada. Los que son buenos obviamente te siguen, confían en ti, te compran, y yo lo valoro demasiado, porque de alguna manera también me inspira a ser quien soy. Obviamente tengo momentos buenos y malos. Hay veces que quiero mandar todo a la mierda, desaparecer del mundo y ser alguien distinta, pero después digo que no. Que es lo que sueño y quiero, y no puedo dejarlo.

–Al igual que en tu caso, las redes sociales también han ido evolucionando con el tiempo. Hoy en día existen plataformas donde uno vende su propio contenido. ¿Tú lo has hecho?
–Sí, hace un tiempo lo hice en Arsmate. No vendía algo explícito, lo hacía con mi ex-pololo. Todo el mundo me decía que lo hiciera, pero no fue hasta que mi peluquero me dijo que me estaba perdiendo, hasta que me atreví. Ahí entró el bichito, llegué a la casa y le pregunté a mi pareja su opinión, pensando que me diría que no. Y me dijo que sí, que lo hiciéramos, que él me sacaría las fotos. Y ahí empecé a full. Gané mucha plata las primeras dos semanas, pero después vi que todo era mucho trabajo.
–¿Era muy demandante?
–Sí. Justo en ese tiempo hice una rifa de una cirugía plástica en una página web. Tenía demasiadas tareas y cosas que hacer, para luego responder todo el rato en el teléfono. A veces me daban ganas de tirarlo. Me estresaba. Empecé a distanciarme de mi ex-pareja y ya no trabajábamos juntos, así que lo cerré hasta el día de hoy. Podría ganar mucha plata con eso, pero no es lo que me identifica. No me siento cómoda. Al principio tal vez sí, pero ahora no. Chile es muy cerrado de mente.
–¿Sí? ¿Qué reflexión tienes después de haberlo hecho?
–Al principio me pareció todo normal, pero después, me empezaron a llegar rumores de amigos o cercanos que algunos hombres tenían mis fotos y eso me causó rechazo. No me sentí cómoda, y aparte en Chile es muy mal visto si vendes contenido, aunque no me importa lo que digan, pero sus mentes eran un poco machistas. Sentirme así no era cómodo, sabiendo lo que soy y lo que he hecho en mi vida, lo que hago y lo que me gusta.
–¿No volverías?
–Yo creo que sí, pero cuando viva fuera de Chile.
–¿Lo quieres hacer?
–Me quiero ir sí o sí. No me gusta la mentalidad de aquí. Amo mi país, lo encuentro hermoso, pero la gente, en sí, no toda, pero la mayoría es muy cahuinera, cizañera. Habla mucho de la gente de al lado y no se preocupa de ella misma. Por eso no surgen y no son felices. Están muy preocupados por quién está al lado. He viajado harto gracias a Dios y quiero seguir haciéndolo. Aparte que aquí es muy peligroso, oscuro, con una energía rara.
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Aparte de parecer mayor de lo que realmente es, algo que muchos notan en Javiera Monteverde es que su rostro les resulta familiar, conocido, como si la hubieran visto antes, en otro lugar. Más allá de su presencia en redes sociales, cuando se lo preguntamos ella lo asoció a dos factores: su trabajo como modelo para la marca Ellesse y su participación en videoclips de artistas urbanos.
Al cierre de la edición de esta entrevista, revisamos dos de sus apariciones más destacadas en lo que respecta a la música, no solo por la calidad artística y visual de los proyectos, sino también por el rol que desempeña en ellos. Como ella misma nos comentó, siempre prioriza la estética y el arte detrás de cada trabajo, y estas participaciones lo reflejan perfectamente. Cada una muestra un contraste en vestuario, iluminación y propuesta, demostrando su versatilidad.
Lo primero que vimos fue Amor de Luto de Shamanes Crew con Pailita, un remix en homenaje a MC Browen, miembro de la banda fallecido en 2013. La agrupación pionera de la masificación del Dancehall en Chile, con una de las voces más relevantes de la escena urbana nacional. En este videoclip, Javiera es la única mujer, y desde el primer momento captura la atención. Su participación se abre con ella subiendo una escalera tallada en roca junto al mar, vestida con un elegante vestido de seda roja que se despliega a su paso, en un entorno que evoca solemnidad y emoción.
Lo segundo fue Bikini, también de Pailita, esta vez junto a Marcianeke. Aquí, Javiera forma parte del grupo de mujeres que protagonizan el video. En esta ocasión, luce una falda negra y un peto rasgado y escotado del mismo color, complementado con aros, un collar y un piercing plateado en su ombligo. La mayor parte de las escenas transcurren de noche, con efectos de iluminación que resaltan su rostro y cuerpo, en particular bajo una luz roja intensa, que por ratos evoca el ambiente dramático de un cuarto oscuro fotográfico.
–¿Cómo fue participar en videoclips?
–Es otro mundo igual. En un tiempo me llamaron de muchos. Jere Klein, Lucky Brown, Young Cister, Polima, Pailita. Todo dependía del contexto. Me gustaban los videos artísticos más que salir bailando en sostenes. Eso lo rechazaba, pues no me identificaba. Cuando comencé el presupuesto no era alto, pero después empecé a ser más solicitada para los videos y algunas veces me reconocían en las calles. Y mi familia también veía los videos
–¿Qué más rescataste de esos momentos?
–Aparte de la experiencia, son recuerdos muy bacanes que quedan en la mente y también se crean lazos importantes, además de ser un trabajo. Me llamaban casi todos los fines de semanas para hacer videos y algunos los aceptaba y otros los rechazaba. Aunque en un momento dije que ya, listo, no podía salir en más videos porque eso tampoco se veía bien.
–Para quienes no tienen idea, ¿Cómo son esas jornadas? ¿Cuánto duran? ¿Qué debes hacer?
–Lo que pasa es que la mayoría de los chicos que graban son mis amigos, y los que hacen los videos de los más pegados me llamaban un día con que necesitaban a alguien de mis características. Si aceptaba, llevaba mi vestuario y me pagaban más. O a veces era programado, con una producción mayor, incluso con estilistas. Y era todo el día. Me explicaban los horarios, en qué momentos tenía que llegar, si me pasaban a buscar o no, etc. Como te decía, todo es muy distinto. Puede que de la nada te llamen, o que sea con más anticipación.
–¿Pasa lo mismo cuando te toca modelar para Ellesse?
–Fui dos veces modelo de catálogo, hace tiempo, y ahora soy más rostro de la marca, influencer. Me pagan mensualmente, me mandan ropa y aparte me dan acceso a gimnasio. Me porto muy bien con Ellesse porque me han brindado muchas cosas buenas y han sido muy bacanes conmigo. Con decirte que me envían lo que escojo de la página web y yo les mando contenidos que grabo con mi teléfono.
–¿Cómo viene tu futuro? ¿Qué proyecciones tienes?
–Hay muchas niñas que me dicen cómo ordeno y cómo hago todo. Yo creo mucho en la ley de atracción. Demasiado. De chica lo tomé en práctica y lo he llevado bien hasta ahora.

–¿Cómo lo haces?
–Por ejemplo, cuando veo algo que me gusta, o veo a otra mujer que es linda, lo que pasa en mi mente no es envidia, que es lo que suele suceder en otras personas. Digo que puedo hacer lo mismo que ella, incluso mejor. Dentro de lo que me propongo, sé que algún día lo voy a lograr. Que puedo tenerlo, que va a llegar. No me pongo triste o tampoco cuestiono cómo lo hizo ella para tener eso. Sé que puedo hacerlo y mejor.
Después, por poner otro ejemplo, me digo en mi cabeza que quiero tener mi auto, y tanto que lo pensé que lo terminé logrando. Lo tengo tanto en mi mente que llega solo. Visualizo que pase y es loco, porque termina siendo tal cual como lo soñé. Un ejercicio que hago es escribir todo lo que quiero a futuro, a largo plazo, en una libreta. Lo hago cuando me siento mal, pero también con todo lo que planeo para mí en el tiempo.
–Como si lo llamaras…
–Hay mucha gente que aún no lo entiende: el poder de la mente es todo. Es muy brígido el poder de nosotros mismos, muchas veces nadie lo conoce y terminan viviendo la vida de muchos chilenos. Endeudarse, trabajar el día a día en la oficina con un sueldo que te conforma, y no aprendiendo más porque les da paja. Eso yo no lo tengo, para nada. De chica fui independiente y nunca he trabajado en lo que supuestamente debía hacer. Por ejemplo, con mi título podría estar en un banco como ejecutiva, en una oficina como secretaria, y yo no quiero eso para mi vida. No tengo ningún problema con eso, pero sé que no me gusta la rutina. Para mí todos los días son distintos. Creo mucho en la ley de atracción y todo lo que quiero sé que llegará en algún momento.
–¿Eso te sorprende?
–Es que no es que lo quiero y pasa. Obviamente, hay una causa y un efecto. Hay que trabajar para que lleguen esas metas, pero dentro del corto plazo, quiero ir a Europa, vender todo el stock que me queda en mi tienda para invertir en otro producto o en un e-commerce. Quiero tener de aquí a fin de año mi página web con el e-commerce listo. Y como a futuro, más grande, una casa para tener a mi mamá viviendo con mis perros.
–¿Está en tu libreta?
–Sí, ya lo tengo anotado. Hace poco escribí esas metas, y siempre voy agregando nuevas y sacando otras que cumplí.
–Desde ahí, ¿Qué le aconsejarías a otras mujeres que quizás estén en la misma situación que tú?
–Que se motiven, que tomen decisiones importantes en la vida, y que si se sienten estancadas, depresivas, que vayan a terapia, al psicólogo. Que sigan su corazón. Que no estén con alguien por plata, porque va y viene. Para una mujer es más importante sentirse feliz, tranquila, y algo que es impagable: volverse independiente. Que nadie te diga nada, ni andar avisando. Mandarse sola es impagable. Cumplan todos sus sueños.