Ana Luz Figueroa: «Si bien tuve la fortuna de tener un hijo, nunca me olvido de que estuve en otro lugar y que hay muchas que nunca lo van a lograr»

Cortesía Ana Luz Figueroa

La actriz repasó su periodo de infertilidad, sus emociones, los tratamientos a los que se sometió y cómo finalmente se convirtió en madre, en su libro Sé que estás ahí.

Muchas personas seguro la recordarán por su desarrollo como actriz en el teatro y la televisión chilena, especialmente en TVN, donde fue parte de la “época de oro” de la área dramática de dicha casa televisiva. Estúpido Cupido, Sucupira, Oro Verde, Iorana, entre las teleseries más destacadas. Pero Ana Luz Figueroa también tiene una esfera de su vida que le ha permitido explorar su espiritualidad, su alma y sus emociones, especialmente desde el autoconocimiento, donde es canalizadora, instructora de aeroyoga y creadora de StudioKiron, ubicado en Pirque. 

Fue dentro de este camino holístico donde surgieron los primeros indicios de su libro, Sé que estás ahí (2023), donde relató el camino dificultoso que tuvo para ser madre. La obra, lanzada en noviembre pasado, provino de un diario de vida donde registró sus numerosos intentos para ser mamá, dando detalles de sus períodos de infertilidad y de los procedimientos médicos a los que se sometió. Una situación que revirtió después de seis años. 

“Este libro”, dice su contratapa, “nos habla de infertilidad y de dolor, pero también de esperanza, sanación y conexión con nuestro interior”. 

Y es que la suya es una historia con final feliz, de nombre “Teo”. El muchacho que trajo al mundo con el también actor, Claudio Arredondo, quien hoy es un niño de 14 años, que le gusta el fútbol y que tiene el sueño de ser arquero profesional. Aunque cuando dialogamos con Ana Luz, ella lo destacó por otra cosa bastante especial al comienzo de esta entrevista. 

«Lo más lindo de Teo es que todas las personas, incluso los adultos que se acercan a él, dicen que transmite mucha paz. Entonces, se ve que es un niño feliz y que tiene un estado de calma interior que trasunta, que es lo sorprendente para su edad», arrancó para Gritonas.  

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La idea de traspasar su diario de vida a un relato público, a un libro que otros pudiesen leer, a una historia que contar, vino en la pandemia. En medio del encierro y sin mucha certeza de lo que se podía venir, Ana Luz Figueroa se puso a trabajar en esta obra en modo de agradecimiento por tener a Teo sano y acompañándola, y al mismo tiempo, para no desatender todo lo que pasó. 

En nuestra conversación ella recordó todo el proceso: madre e hijo compartiendo el living de la casa en pleno confinamiento. Mientras la primera ocupaba la mesa del comedor para transcribir, con su bitácora a un lado y su computador en el otro, el segundo, o estaba en el televisor, o en su computador, o en sus cosas de adolescente. Ahí ocurría la magia, muchas veces cruzando sus miradas y en otras leyendo algunas frases en conjunto.  

«Aunque suene lógico, él siempre fue parte de todo el proceso. Lo hacíamos en la tarde noche, cuando nos encerramos, y se fue convirtiendo en algo muy natural para él. Teo nunca había leído el diario. Sí sabía de él, había escuchado que yo tenía uno, pero tampoco era como si lo estuviera contando. Pero desde el comienzo de este trabajo se sintió orgulloso y lo primero que dijo es que sería el protagonista del libro». 

Sé que estás ahí, nos dijo su autora, es una pieza en donde ella no guarda nada y eso es lo que lo hace tan especial. Que perfectamente podría haberlo hecho sin el manuscrito original, sino que con la mirada de ahora, a sus 50 años. Tal cosa habría sido como una evocación del proceso y de todo lo que vivió, pero eso, como nos aseguró, no habría tenido el mismo sentido. La misma profundidad. 

«Hubo pocas cosas que se cambiaron, o más bien que se obviaron, para darle agilidad al relato y así no entramparse en cosas», afirmó.  

«Yo me prometo a mí misma no olvidarme de donde vengo. Como la gente que puede tener un mejor pasar, y que cuando era chico no lo tuvo. Es ser honesto con uno mismo. Con tus recuerdos, con tu historia, con tu familia, y yo hago eso conmigo. Y si bien tuve la fortuna de tener un hijo, nunca me olvido de que estuve en otro lugar y que hay muchas que nunca lo van a lograr. Siempre ronda en mí ese pensamiento. Tiene que ver con un homenaje y dar un espacio a algo que no existe, que es invisible. Es una manera de acompañar».

 –¿Cuánto te tomó y cómo fue el proceso de transcripción?

–Unos seis meses. Como ahí explico, es a partir de un diario de vida original. Un cuaderno grande que me regalaron cuando cumplí 30 años. Lo guardé y dije que en algún momento serviría para algo especial. Fue una intuición. Éste no está escrito completamente, ni tampoco tiene 100 hojas. Es de un trabajo de seis años, pero yo no escribía todos los días, así como periódicamente, sino que cuando necesitaba un desahogo. Capaz que hubo momentos donde fui más constante y continua, pero claro, desde la transcripción fueron unos seis meses. 

–Y de ahí vino la etapa de edición…

–En lo mío de la canalización conocí a una chica que había trabajado en una editorial y que dentro de sus proyectos estaba crear la suya,que sería de nicho. Principalmente, de cuentos infantiles y material de personas que no fueran escritoras. Ella buscaba dar ese espacio, porque encontraba que ahí podía haber mucha riqueza de contenido. Le hablé de lo que tenía y me dijo que le interesaba, pero que primero necesitábamos hacer toda la transcripción. Me fue guiando, la terminamos y luego buscamos a una editora, lo que debieron haber sido al menos seis meses más, hasta que di con la persona indicada. 

–¿Qué encontraste en ella?

–Sentí que, desde un primer momento, pudo entender el lenguaje de mi alma. Yo no solo estaba transcribiendo un texto, sino que también le estaba dando el sentido que yo quería y ella entró en ese espacio. Y de ahí seguimos, en un trabajo que, sumando y restando, me tomó casi tres años y medio. 

–En Sé que estás ahí dices que en Chile es muy necesario hablar de infertilidad. Un tema que perfectamente puede abordarse desde la salud reproductiva, pero que, en tu caso, tiene más valor por todo lo que viviste. Desde ahí te pregunto, ¿por qué crees que es necesario?

–Primero, porque el porcentaje de personas infértiles cada vez va más en aumento, donde uno de los contras que tenemos las mujeres es la edad biológica, en tiempos donde muchas retrasan su maternidad. Junto con eso, hablamos de un asunto muy solitario, a diferencia de la maternidad, que a mi juicio se hace desde distintos puntos de vista. Celebramos el día de la madre y conmemoramos a las que pierden a sus hijos, lo que debe ser uno de los dolores más grandes que existen. Lo hacemos sobre las adopciones, las políticas de cuidado y así con otros asuntos, pero yo nunca he escuchado, en el mismo nivel, sobre esta materia en la opinión pública. Quizás sí de ciertas figuras públicas o famosos que han transitado por esto y lo han hecho público, pero fuera de eso, muy poco. Antes se decía “tabú”, aunque no sé si hoy en día es la palabra indicada. Capaz que sí, pero como te digo, para las personas que lo transitan es un problema silencioso y doloroso.

–Concuerdo. 

–Además, es importante hablar de la postergación del embarazo, porque quizás a los 30 no se quiere tener un bebe, ya que hay una vida que desarrollar, pero sí probablemente alguien quiera tenerlo a los 40, cuando probablemente los óvulos no servirán. Es importante que las jóvenes sepan que hoy en día existen tratamientos para guardar sus óvulos. Tal vez caros, pero es importante que los conozcan.

–Continuando con tu publicación, pese a que está escrita en primera persona, desde un yo que cuenta su experiencia, es interesante que, simultáneamente, resulte un relato informativo sobre terapias como, por ejemplo, la ovodonación. ¿Eso lo buscaste igualmente?

–Por supuesto que todo lo que me pasó fue un balde de agua, porque en esas primeras épocas solo se hablaba de la espermiodonación. Y los médicos son cautelosos. No te dicen “tú eres infertil”. Van de menos a más. Por aquello yo transité seis años y al final es donde se abre esta opción. Cuando me plantearon la ovodonación, en ese tiempo que no se sabía ni se hablaba, hubo todo un motivo valórico, ético, moral, de todo en mí. Ahí sí estuvieron los prejuicios, los fantasmas que le aparecen a una.

–¿Qué hiciste?

–Me abrí a esta otra ventanita, la ovodonación. ¿Qué era eso? Que podía ser madre biológica, embarazarme y parir, pero con un óvulo de otra mujer y que fue fecundado con el espermio de mi marido. Entonces, esa guagua, ¿sería mía? ¿O de mi marido con otra mujer? En mí hubo una reestructuración mental. Reinventarse, desarmar todo lo construido respecto a los temas valóricos. 

–¿Cómo fue tu caso?

–Yo tengo una mente amplia, asimismo por el hecho de ser actriz, por tener acceso al arte y la cultura que, en el fondo, te la abren. Pero aún así, uno entra en esos dilemas morales para finalmente entender que el maternazgo tiene que ver con lo más hermoso que experimentamos los seres humanos, que es el acto de amar. Tener un hijo es un acto de amor respecto del más amplio sentido de la generosidad. Si uno ama a una guagua, como nunca lo hiciste con nadie ni nada, se modifica y se transforma tu panorama. Te vuelves otra persona. 

Si bien creo que la fecundación es un acto milagroso, yo no reniego de las ciencias. Creo que son coadyuvantes y que gracias a Dios existen, por ende, empiezas a agradecer que al menos tienes esa posibilidad y te enseña una forma de vivir la realidad. Ver el vaso medio lleno que medio vacío. 

–¿Cómo ha sido la recepción de las lectoras y lectores sobre lo que escribiste?

–Ha sido linda, satisfactoria. A través de este desarrollo del camino espiritual confío plenamente en la intuición. Tenía algo más allá de este ego que nos aplasta y que nos dice que será difícil, que a lo mejor va a costar. O uno deja de creer en sus capacidades. Tenía una cosa desde la guata de que iba a cumplir un propósito importante. Y se está cumpliendo al pie de la letra. 

–¿En qué lo notas?

–Algo que yo quería y que está pasando es que muchas personas me escriben sus testimonios, sus historias. Algo que para mí no tiene precio. Es el sentido del libro: lo que ha significado para ellas, porque trasciende. No solamente habla del tema la infertilidad en lo puntual y específico, paralelamente tiene que ver con muchas otras cosas de los humanos, que es cómo trascendemos al dolor. A estas experiencias que nos toca transitar en la vida, porque hay que aprender de eso. 

Hay un mensaje ahí con respecto a por qué es importante confiar dado que luego, a lo largo de los años, en mi caso después de 20, yo pude decir que valió la pena. Por haber transitado este camino, no habría escrito este texto que ahora está ayudando a tantas personas y que me ha permitido estar ahí conectada con ellas. Es como confiar en la existencia, no desesperarse, junto con un mensaje bonito sobre qué hacer con el dolor. 

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A tres capítulos, Sé que estás ahí es un relato en primera persona sobre los años en que su autora intentó convertirse en madre. La narración es antecedida por un prólogo del especialista a cargo de la atención de Ana Luz, el médico Ricardo Pommer, experto en pacientes con infertilidad. 

Si alguien lo tiene en sus manos, puede dar cuenta del color rojo de su volumen, con una portada ilustrada en su parte inferior por una serie de peces negros nadando hacia la derecha y uno solo, de color plateado, haciéndolo a la izquierda. Es lindo pensar que ese pez es su retoño y que esa imagen carga consigo todo el esfuerzo, la dedicación y las ganas de salir adelante de su madre cuando no podía tenerlo.

¿Cómo se dio todo para que así fuera? A comienzos de 2009, Figueroa contactó a su doctor por síntomas de menopausia precoz, a lo que vino un examen del útero para descartar un problema para retener el embrión, y como no fue así, ella con su pareja decidieron volver a intentarlo. No se privaron de la opción, aunque como la narradora reconoce en sus páginas, ya estaba pensando en la posibilidad de adoptar. 

No obstante, nada hizo claudicar este último intento. Fue a la consulta para empezar una nueva intervención, y tal fue su sorpresa, que un test de embarazo protocolario para el mismo, uno de los que tanto se hizo, dio positivo. 

“Es muy sorprendente comprender que se pueda sentir una felicidad luminosa, luego de haber pasado tanto tiempo sumida en la tristeza. El dolor dio paso a esta inmensa alegría. Te quedas con nosotros. Te estás quedando conmigo, en mi vientre. Tengo trece semanas de embarazo. Ya sabemos que eres niño y hemos escogido tu nombre”, se lee en uno de sus capítulos. 

“Hoy puedo darme cuenta que cada palabra de este libro fue producto de una canalización no consciente y un mensaje para mi alma. Por cierto esto fue así, porque yo aún no estaba preparada para entenderlo. Pero hoy, luego de un profundo trabajo interno, en que he abierto mi canal de conexión y he tenido un despertar de conciencia, les puedo transmitir esta información”, confirman también sus páginas. 

–Otro aspecto llamativo de tu libro es la importancia del rol masculino para enfrentar estas problemáticas relacionadas a la incapacidad para procrear.

–Me gusta resaltar el valor del género masculino, en esta ocasión, de las parejas heterosexuales, en vista de que en mis tiempos esa era la única realidad del país de quienes buscaban tener hijos. El rol masculino es sumamente ingrato, difícil de llevar, el cual por veces se minimiza y nadie lo mira. Los hombres tienen la misma pena que las mujeres. La descendencia no pasa por sí sola. Necesita una mamá y un papá, en este caso, y cada pérdida que es un duelo y una muerte en sí misma, él también la está viviendo. 

Tampoco está logrando su objetivo y su anhelo de ser papá, pero toda la atención se centra en nosotras las mujeres. En ese sentido, somos sumamente egoístas y egocéntricos, y es fácil que las relaciones se disuelvan o desarmen, tal como puede pasar con la llegada de los hijos. Un tsunami que muchos no resisten, porque los varones no suelen aceptar ese nuevo lugar que una les da luego del hijo, que se transforma en el centro. Lo mismo ocurre cuando estás intentando tenerlo y no puedes. 

–¿Qué más nos puedes comentar sobre este punto, luego de haber pasado por ello?

–Es muy complejo el proceso porque debes mantener una intimidad como pareja en el ámbito sexual, aunque sea con intervención médica, pero seguimos hablando de óvulos y espermios. En oportunidades esa intimidad se acaba porque los dos se asumen en su pena y porque el hombre no suele tener las herramientas emocionales para contener a sus compañeras. Por lo tanto, te empiezas a separar, a separar y luego ya eres un desconocido. En mi caso, Claudio (Arredondo) siempre tuvo muy desarrollado su lado femenino y entendió que no tenía mucho que decir, sino que solo tener presencia, cariño, dejarme sola, darme mi espacio. La contención amorosa. Pero es algo difícil para otras uniones. Me saco el sombrero por los que han apañado a las mujeres. 

–Cuando pueden estar igual de apesadumbrados. 

–Y bueno, todos los casos son distintos. A veces el hombre es el que tiene el problema y siente algo con respecto a su masculinidad. De qué pasa con ellos, que no pueden procrear, los amigos lo molestan, la “pistola de agua”, no puedes embarazar a tu mujer. Por eso nadie lo dice ni cuenta. Estamos llenos de eso. 

Y por otro lado, antes de referirme a Ricardo, hoy en día la infertilidad incluso tiene que ver con tratamientos de parejas homosexuales. Es otro tema que como sociedad debemos plantearnos porque hay un montón de parejas de mujeres, por ejemplo, que están buscando la procreación. Así como quienes no están en pareja, pero que sí desean experimentar ser padres, más allá de otra persona. 

–Algo aún más impensado en otras épocas. 

–Hoy la sociedad se ha transformado y se ha abierto el campo de la medicina reproductiva, uno más bien nuevo, y eso quiero destacar de Ricardo (Pommer), que es un tremendo profesional. Él ha ido a la vanguardia de todos los conservadores, y de una manera muy amorosa, establece nuevos parámetros en su clínica, pues concibe la maternidad como un derecho para cualquiera. Ricardo tiene eso que también necesitamos, que es la condición humana, lo que hace la diferencia porque estamos hablando de dar vida. Independientemente del procedimiento que sea, estamos hablando de generar vida humana. Imagínate. No puede quedar atrás la sutileza ante todo eso. 

–¿Convertirías la historia de cómo te convertiste en madre en algo más que un libro? Una película, por ejemplo.

–Es mi sueño. No hay nada, no te puedo decir que estoy trabajando en eso. Mi sueño es poder hacer una película, un documental también me ha surgido como idea, donde se entremezcla la historia personal con casos reales. El documental es un buen formato para informar y poner el tema en cuestión, pero así como el libro fue parte de mis sueños y mis desvelos, ésto de una película aparece como un sueño loco que espero realizar. 

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