Catalín: «La comedia es una herramienta para fomentar el empoderamiento femenino. Lo he visto en la importancia de resignificar los relatos, las vivencias»

Fotografía: Luis Felipe Araya

La historia de la comediante de 27 años nos permite conocer más sobre el oficio de hacer reír. Uno de los más arduos de todos y que puede ser muy significativo para las mujeres.

No siempre quiso ser comediante. Lo suyo siempre fue más ligado a las artes visuales, por influencia familiar y también por el gusto de presentarse ante el resto, incluso estudiando la carrera durante un tiempo. «Mi familia es de artistas y decidí que el arte estaría en mi vida, de una u otra forma. No sabía cómo, pero iba a ser así», comenzó Catalina Latorre. 

«Mientras fui creciendo me di cuenta que me gustaba la exposición. Yo no me acordaba, pero mi hermano recordó que yo de muy chica hacía programas de radio pero de broma. Era una niña con muchos peluches, con los que jugaba a que eran mis radioescuchas todos los días». 

Fue en la pandemia cuando Catalina evidenció su habilidad por las historias que hacen reír. Lo vio primero con sus amistades en los carretes —«Era florero de mesa, pero a la vez, muy piola. Tenía momentos graciosos y otros que no»—, como también, de cierta manera, en atención a una ex-pareja que ella tuvo, quien una vez le hizo notar algo que nunca se había dado cuenta. Cómo cambiaba su tono de voz cuando hablaba con otras personas. «Eso a él no le gustaba y un día me dio “la rabia”. No podía creer que me hubiera dicho eso. Decidí comenzar en la comedia», dijo.  

En ese tiempo, estuvo participando de un taller de radio donde conoció a muchos de los que hoy son sus colegas en la escena nacional, entre ellos su actual pareja, el comediante Sebastián Arancibia. Y pese a que todavía se siente una persona vergonzosa —«aunque no lo parezca», se ríe—, la acumulación de carcajadas ajenas y trepidantes fue confirmando su pasión. 

«Justo antes de la comedia, estuve trabajando en Big Radio. En su último mes, hice un programa de arte con una amiga. Distendidamente, pasándolo bien. La cosa es que había muchos comediantes en esa radio, y en esa época no había tanta transmisión por streaming como ahora. Ahí conocí a todos estos colegas y lo cierto es que para mí fue un empujón grande. Veía que les iba bien, que tenían sus programas, que hablaban, se divertían». 

Siguió. «Entramos en la pandemia, me metí a otra radio y ahí hice este taller que te dije donde conocí a más gente. Recuerdo que con ellos jugábamos Among US y todo era tallas. Me cagaba de la risa y le fui agarrando un cariño especial a escribir chistes. En ese tiempo no estaba pasando por un buen momento emocional y me sirvió para conocerme. La comedia trata de eso. De hablar de una, y para eso, una tiene que estar en constante revisión. Fue un proceso bonito, crecí como persona y me crié como humorista». 

Su primera vez sobre el escenario vino a fines de 2020. Fue una invitación de estos amigos para abrir unos de sus espectáculos. Estamos hablando sobre los primeros intentos de retornar a la presencialidad luego de los meses de confinamiento. «Fue una experiencia muy divertida. Desde esa presentación han cambiado muchas cosas. Mis chistes y las temáticas ya no son las mismas, pero fue bacán. Salió bien. Me fueron a ver amigos que me querían, entonces todo fue un espacio de cariño y confianza». 

Pero Latorre no volvió a presentarse sino hasta seis meses más. ¿El motivo? Pasó que en ese tiempo ella pensaba que era fome. Y para esta entrevista nos comentó que, cuando se parte en este oficio, nunca se es cómico. Que cuesta, es laborioso. Y sumado a que ella entró a la comedia siendo muy nueva, codeándose de inmediato con los que llevaban más tiempo, se vaticinaba más preparación. 

Su vuelta vino por invitación de su pareja, para telonear uno de sus shows. Era julio de 2021 y desde esa ocasión no ha dejado el standup comedy. Hace memoria y recuerda que esa vez se presentó de otra forma, con otra actitud, más relajada. Y desde ahí nada fue lo mismo. Se dio cuenta de lo que le encantaba hacer reír. Era su vocación y la determinó para su vida. Fue el inicio de su carrera y Catalina pasó a ser “Catalín”, su nombre artístico, o “Catalinlinlin”, como bien explicará ella más adelante.

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–El oficio de la comedia se parece al de los chefs, con quienes uno ve el plato que llega a la mesa pero no necesariamente lo previo, el trabajo en la cocina. En el caso de los comediantes, con el proceso creativo. ¿Cómo es el tuyo? 

–En mi caso, las premisas o las ideas nacen cuando estoy carreteando, compartiendo con amigos, o incluso en la micro, donde se me ocurren cosas graciosas muchas veces. De ahí las desarrollo. Escribo todo lo que pienso, pero también lo hablo. Lo digo y luego lo registro. Lo pinponeo con mis amistades o sola, y de ahí van surgiendo historias que luego las reviso de nuevo. Hago economización de palabras, elimino lo innecesario para el relato, y luego en el escenario lo pruebo de formas distintas. Mi técnica de escribir no es tan premisa y remate. Es un relato grande que va teniendo mini premisas y mini remates que convergen en una gran historia. 

Fotografía: varela_visuals

–¿Eres literalmente de sentarte a escribir? 

–Escribo en muchas partes. Soy un poco desordenada en ese sentido. En mi computador tengo una rutina, en el celular otra, en mis cuadernos otra. Todo está repartido, pero en el celular es donde más me guío porque es donde más voy dejando las premisas que se me van ocurriendo. 

–¿En qué encuentras inspiración?

–En mis vivencias personales. Me pregunto qué me está pasando, qué me hace ruido, qué me molesta, lo que me da risa, etc. 

–¿Qué te hace reír?

–La identificación. Cuando hay un fenómeno que uno cree que solo le pasa a una, pero le pasa a todas. El clásico «sí soy» (ríe). Sentirme identificada. Me divierte la mala suerte, los errores, los procesos difíciles. De una tragedia sale algo gracioso. También me da risa y me da rabia la injusticia. Lo que me da rabia y pena me hace reír. De lo que me complica intento sacar un lado gracioso. Igual es un poco terapéutico al final. Lo hablo con mi psicóloga. Para ella es valorable que lo negativo que me ha ido sucediendo se transforme en algo bonito como la risa. 

–¿Cómo es subirse al escenario?

–Es loquísimo. De verdad que es muy loco. 

–¿Cómo te preparas? ¿Tienes una cábala?

–Bailo. Suelto el cuerpo. Como me pongo nerviosa, suelto el cuerpo. En mi puesto, tras bambalinas, estoy bailando y me repito que soy buena, porque tengo el síndrome del impostor al igual que muchos artistas. Me autosaboteo, pero me digo que trabajé y me preparé para esto. Recuerdo todo el esfuerzo que hay detrás. Lo hago al mismo tiempo que bailo. Voy pensando que todo va a salir bien y me acuerdo de los hechos bonitos que tuve en funciones pasadas. 

–¿Todos los públicos son distintos o hay elementos que se asemejan entre ellos?

–Todos lo son. No hay ninguno que se parezca a otro. Todos los públicos son distintos y eso que igual ya hice mi unipersonal y viajé fuera de Santiago en gira. Como que tengo un tipo de público, pero a la larga, todos son diferentes. El de Valdivia es distinto al de Viña, el del sur al del norte… 

–Además que lo tuyo es diferente a actuar, a tocar un instrumento, a dar un discurso… 

–Sí y aparte, en la comedia una se muestra cómo es. Una es transparente. Esta soy yo, les quiero hablar de mí y riánse. Pero como te dije, es loco estar ante el público. Me pasa algo curioso. Como soy muy ansiosa y tengo ansiedad social, me cuesta establecer relaciones con otros. 

–¿Siendo humorista?

–Sí, me cuesta la calle, los ruidos. El único lugar en donde no me siento ansiosa, donde no me siento «en peligro», es en el escenario. Me subo y estoy cómoda. Siento que todo es mío. Es mi show y nadie lo interrumpe o me hace sentir amenazada. Tengo mi respaldo que es mi productora, mi mano derecha y lo mejor que me ha pasado. Mi pareja, mis amistades, entonces siento que nada me pasará. Lo disfruto porque te escuchan, te miran, te ponen toda la atención. 

–¿Y cómo es el público que va a ver comedia en Chile?

–En general, súper respetuoso. Como yo lo soy con ellos, lo son conmigo. Últimamente, he vivido pocas experiencias de gente que se ha propasado o cosas así. 

–¿Cómo así? ¿Te pasó algo antes?

–Al principio, sí. Con curados. Una vez un tipo me joteó en plena presentación. Súper desubicado, le paré los carros. Yo no permito que alguien me agreda durante mi trabajo. Los límites están claros. La primera vez, llamada de atención. A la tercera, te vas. Me ha pasado, pero igual intento bajarlo. Los curados son los peores enemigos que tiene el comediante. Hoy lo veo algo más de la carrera, porque a todos nos toca vivir cosas iguales.  

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Esta conversación tuvo lugar en un café de Barrio Lastarria durante la mañana de un día caluroso. Nos saludamos afuera, hicimos nuestro pedido adentro y luego nos sentamos en una mesa a la entrada de este local, desde donde fluían multitudes vestidas formalmente, al parecer muy ocupadas, en reuniones, en sus smartphones, en sus computadores. Entraban y salían personas y ninguna se reía.

Llegamos a Catalín por su participación en el programa Que Entren Todxs de la productora audiovisual El Sentido del Humor, el cual proponía un tema para sus distintas ediciones, en clave de actualidad y humor, junto con los comediantes Esteban Araya y Marcelo Valverde. Ocurrió en 2023, un año especial para esta santiaguina de 27 años, ya que en este ciclo cosechó éste y más hitos para su carrera. Hizo este programa, tuvo su propio podcast —Tanto Daño, en Emisor Podcasting—, concretó su primer unipersonal en el bar Comedy y su primera gira por el sur de Chile. Esta charla no pudo ser más oportuna.

Simpática y risueña, ella es parlanchina, de respuestas largas y con intervenciones chistosas, cargadas de un profundo respeto por este oficio que llena sus días. Algo que lleva incluso a su estilo, a cómo se ve y lo que eso significa, tanto en su puesta en escena como en esta entrevista, dado su gusto por la moda. 

Y es que junto al vistoso rojo pasión de su pelo, ese día de verano vino con un jumper que hilvanaba armoniosamente el verde con el amarillo, un septum prístino que dejaba caer en su nariz, al igual que dos aros de muchas perlas agrupadas en forma de ondas. Mención del mismo modo para sus tatuajes, que no eran pocos. 

«Sí, siempre me ha gustado la moda y vestir bien. O más que eso, hacerlo divertidamente. Me gusta ponerme prendas coloridas, o también ando de negro, pero me gusta mezclar. Estudié diseño de vestuario un tiempo, no lo terminé, pero mi hermana sí es diseñadora. De ahí viene mucho del gusto yo creo».  

Continuó. «Me gusta maquillarme, peinarme, porque el estilo habla por una. Lo hago por eso y porque también me entretengo. Tengo la idea de verme genial y me pongo lazos, cintas y cosas así. Cuando era chica me encantaba cómo se vestía la frutillita (ríe). Ahora que crecí, lo soy». 

Fotografía: Joss Moisan

Actualmente, conduce un nuevo programa en la misma productora audiovisual. Mira Te Cuento, todos los miércoles al mediodía junto a la comediante Cynthia Gallardo. Aquí repasa los acontecimientos más importantes de la semana y sigue cultivando un cariño por elaborar contenido digital, tal como hace en su Instagram, donde se suceden los reels jocosos. Formatos de los que también aprende para sus rutinas.

«Es lejos lo mejor. Cuando hice el comedy, mi primer unipersonal, que es un hito para un comediante en Chile, también fue muy hermoso y bonito. Estaban todos los que me querían y además mucho público que me seguía. Fue como una masa riéndose. Se generó una relación de hueveo entre ellos y yo. Me acuerdo que me equivoqué, en vez de decir “mi psicóloga”, dije “mi mamá” (ríe), y fue muy chistoso. Todo el mundo se cagó de la risa. Huevié a mi pareja y como que todos agarraron papa, «el beso, el beso». Fue una junta divertida de hueás». 

–Para mí es un honor hacer reír a la gente. 

–Tuviste un 2023 movido…

–Sí, fue muy loco. Aún no lo creo. Nunca imaginé que todo esto iba a llegar y fue muy lindo. Partí con el Que Entren Todxs en El Sentido del Humor, que es un espacio muy grande y donde te van conociendo. Es una vitrina gigante. Fue muy bacán vivir ese proceso porque todo comenzó a ser un reconocimiento genial. Hice mi unipersonal, viajé por Chile. En general fue un año bonito. De manera profesional y personal. Creo que eso se nota. 

–¿De qué modo?

–Cuando una está bien emocionalmente, todo va teniendo sus matices de bienestar. Hago la reflexión de qué estaba haciendo hace un año atrás, y te juro que nunca pensé en todo lo que pasé el 2023. Hacía comedia piola, con shows pero no ganando lucas. Estaba viviendo con mi familia y un poco molesta con la escena, porque sentía que no había espacio para mí. Es muy distinto que te vaya a ver público tuyo al show, a que sea uno que no te conoce. Son importantes estos últimos porque son como jugar en una cancha de tierra, pero también es genial tener la confianza de que otros te entregan una hora y como que te dicen, “haz lo que quieras”. El 2023 me ayudó a cosechar muchas cosas que estuve sembrando. 

–¿Qué metas tienes para el 2024?

–Profesionalizar todo lo que ya trabajé en 2023. Ser una comediante más profesional. Quiero que mi rutina sea más transversal, más family friendly, erradicando chistes que sean de nicho. Buscando cosas aptas para todes. Quiero trabajar más, grabar más videos, tener una rutina. Y me encantaría poder llegar a una radio. Es una de mis metas. Me siento como una orfebre. Ya saqué los metales. Este año quiero lograr que sean joyas. 

–¿Cómo te tomas la exposición pública, tanto en tus shows, como en lo digital? Pensemos en los haters. 

–Todos los comediantes lo viven de forma distinta. Hay quienes pelean con los haters. Otros los bloquean, o los exponen. A mí me llega harto hate por TikTok que me trata de fome. O mucho de que «ella es tonta». Al principio eso me dolía caleta. Cuando comenzó la exposición, me ponía a llorar. Me afectaba la cuestión. No entendía por qué eran así, pero ahora como que ya llegué al punto que bloqueo. No estoy ni ahí. Me llegan hartos hueones acosadores eso sí. Eso es lo único que me da paja. Harto jote. Me invitan a salir, que vayamos a tomar algo, que ellos invitan, no sé qué. O que cómo puedo estar con mi pololo, que también es comediante. Con esos también soy buena para el bloqueo. Llegué a la resolución de que hay quienes me tiran caca y otros que me quieren.Hay muchos que manifiestan su cariño. 

–¿Tal vez creen que eres igual a lo que haces en bares o teatros, o en el streaming? Así como ocurre con algunos actores y los papeles que interpretan.

–Sí, siento que creen eso, y también hay mucho machismo. Que piensan que una mujer que se muestra como es, libre y que se divierte, es una que está disponible o en espera de. Ah, como ella se muestra contenta, que está bien en redes sociales, debe estar a la espera de un hombre, y que yo soy el que le cambiará la vida. Y no. Las cosas no son así, hace muchos años. O incluso, no sé si lo fueron en realidad. Todo para mí tiene una raíz desde el machismo. Igual es difícil ser mujer en la comedia. Una vez conversamos con otros colegas de que hay algo triste con los hombres. 

–¿Qué cosa?

–No todos, no generalizo, pero una buena parte quiere ver a las mujeres de dos formas. O en pelotas, o en forma despectiva. Como que caleta de comediantes mujeres se están haciendo Only Fans, que yo encuentro que está bien si alguien quiere tenerlo, pero de repente es como pucha. ¿Es necesario para vender entradas? Pasa harto ese fenómeno. Es difícil tener un espacio como mujer, pero también creo que el arte en general es así. 

–¿Cómo es la proporción en la comedia? ¿Hay menos mujeres que hombres?

–No, somos varias mujeres, pero hay pocos espacios. Y si piensas, los podcast de mujeres que les va la raja son pocos. Hay muchos hombres y espacios masculinos, y también muchas mujeres que por la exposición no quieren mostrarse. 

–¿Te pasó alguna vez? ¿No se te abrieron espacios?

–No, nunca. Y estoy súper agradecida de cómo las cosas han funcionado. Nunca me cerraron las puertas, fue todo natural. Yo llegué al Sentido del Humor por Esteban Araya, quien es mi amigo desde los inicios de la comedia. Una vez lo acompañé a un show y estaba Marcelo (Valverde), conocí a Luis (Slimming) y después a Héctor (Romero). Nos llevamos bien y después me invitaron a un especial para actuar. Seguimos coincidiendo y después me sumé al QET. Fue todo muy orgánico y soy una agradecida del Sentido del Humor. 

–La comedia, ¿es una herramienta para fomentar el empoderamiento femenino?

–Sí. Y lo he visto en la importancia de resignificar los relatos, las vivencias. Es como resignificar la herida, una que luego ya no lo es. Es un puntapié inicial para poder reírse, divertirse y pasarlo bien. Es importante el autoconocimiento, conocerse para poder hablar de una, de lo que hace reír y lo que no. Es resignificar tu historia. Lo encuentro súper importante, además que es como volverse dueña de un relato. Esto me pasó a mí, yo lo quiero contar. Ahí una es la dueña. Es importante para una mujer que quizás nunca se ha visto como dueña de algo. Poder sentirse así de su historia. De eso que está pasando contigo. 

–¿Qué consejos le darías a una chica que quiere partir en esto?

–Que trabaje, que nunca deje de trabajar, que lo intente. Que nunca lo deje de intentar y que estudie, mucho. Porque lo más importante es ser consecuente con una misma y ser chistosa. Encontrar la forma de ser graciosa, porque todos lo somos pero de forma diferente.Y que conozca a otros comediantes. Los colegas son lo más importante de la carrera. Que se agrupe con otras como ella. Que tenga referentes que le gusten, ya sean gringas, chilenas, latinoamericanas, pero que le gusten. 

–¿Cuáles son las tuyas?

–Mi referente en Chile es Natalia Valdebenito. Ella me marcó mucho. Y en Estados Unidos, Rosebud Baker. Es súper oscura, pero es bacán. Cuando chica, me gustaba el Jappening con Ja. Todos los personajes femeninos me llamaban la atención. También veía el Festival de Viña y me llamaba la atención cómo los humoristas manejaban al público. De ahí partió todo. 

–¿Y siempre te dijeron Catalín? ¿O es tu apodo artístico?

–Es mi apodo artístico. Es que me pasé el rollo de que si me presentaba con mi nombre y mi apellido iban a encontrarme en el Registro Civil y sabrían donde yo vivía (ríe). Me asusté y decidí quitarme la «A», creyendo estúpidamente que con eso nadie me encontraría. Tampoco les aparecería en Facebook. Y “Catalinlinlin”, porque no encontré en Instagram el nombre a secas. Catalín estaba ocupado. 

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