Fotografía: Pablo Izquierdo
La Directora Ejecutiva de Ópera Latinoamericana (OLA) ha trazado un camino dedicado al impulso de la ópera desde una perspectiva innovadora y colaborativa, tejiendo una red que promueve la circulación, el intercambio y la gestión del arte lírico.
Hace 18 años que se dedica a la ópera, pero no precisamente cantando sobre el escenario. Sí procurando que todo eso y más se materialice de la forma más óptima posible. Alejandra Martí es una chilena-española, nacida en España y que vivió su infancia y juventud en Chile, que a los 23 años volvió al Viejo Continente por sus estudios de postgrado, lo que combinó con el trabajo en uno de los teatros más antiguos y prestigiosos de Europa: el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.
Casi dos décadas después de eso, no en España sino que en Chile, ella nos comenta que esos fueron los inicios de su trayectoria como Directora Ejecutiva de Ópera Latinoamérica (OLA). Una organización internacional que apoya el desarrollo y difusión del canto lírico latinoamericano, a partir de una comunidad de teatros en red que ofrece a sus miembros una serie de beneficios y provechos, como foros y conferencias, difusión y puesta de valor de sus propuestas.
«OLA es hoy la red más grande de teatros, festivales y compañías en América Latina y El Caribe», arrancó para Gritonas.
Para la entrevista nos juntamos en un café de Las Condes escondido entre edificios y el tráfico del mediodía. Fue en uno de esos días veraniegos pero nublados que confunden, haciendo de este local un refugio agradable ante el ruido y la temperatura del exterior. La nuestra es una de las tantas conversaciones que ocurren aquí, el lugar que Alejandra escogió y en el que ella ya se encontraba a la hora acordada, en una de sus mesas vestida con una chaqueta verde limón, saludando amistosamente y esperando contenta el inicio de este diálogo.
«Todo parte como un sueño de un grupo de directores de teatro que tomó como referencia proyectos de Estados Unidos y de Europa, en donde ya existían este tipo de redes y asociatividad entre teatros, con el fin de promover una mayor circulación, intercambio y gestión. Yo estaba empezando mi trabajo en el Teatro Municipal de Santiago cuando este grupo decidió fundar OLA en 2007».
Lo que comenzó con un grupo de menos de 10 teatros, con base en el Teatro Municipal de Santiago —donde trabajaba Martí, primero como Gerenta de Desarrollo y luego como Directora de Desarrollo Institucional—, en 2017 se independizó y se transformó en una asociación sin fines de lucro, con alcance en el continente y con ella siendo su primera Directora Ejecutiva. Hoy esta asociación se encuentra integrada por más de 50 teatros, festivales y compañías de 12 países de Iberoamérica: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, México, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.
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La ópera es un género musical y teatral en el que las escenas se armonizan con canto y acompañamiento instrumental, a partir de una orquesta o agrupación musical. Surgió en Italia, en la época del Renacimiento, formando parte de la tradición de la música occidental de Europa y trayendo a producción historias de amor, dramas, mitos antiguos, épica caballeresca y cuánta otra historia permite su interpretación.
Hablamos de un arte con fuerte sentido social, cultural y por supuesto, artístico. Nadie es el mismo luego de un espectáculo así. Estos elementos, combinados en una iniciativa de fuerte raigambre y sentido latino como OLA, hacen de esta corporación una oportunidad para explorar y celebrar la diversidad de expresiones y tradiciones que enriquecen nuestro territorio.
«Yo tenía 24 años cuando empecé en este sector. Cuando trabajé en el Liceo de Barcelona aprendí de la importancia de las relaciones bilaterales y multilaterales. Había colaboración, pero tiene más impacto que se forme una red porque se empieza a crear una comunidad, una familia, con un propósito. Cuando no los tienes, no hay un marco de actuación que te guíe. Existían vínculos, por supuesto, pero obviamente hubo un crecimiento de ellas gracias a que también la misma red lo hacía».
Siguió. «Yo venía muy empapada de la importancia de trabajar así y, por otro lado, cuando llegué al Teatro Municipal de Santiago, me di cuenta de que muchos de los problemas eran ecosistémicos. Me refiero a que el Estado y el mundo privado no tienen conciencia de la cadena de producción, o de lo que necesita un teatro para que le vaya mejor, para que aumente su impacto y tenga tranquilidad respecto a los ingresos. Por ejemplo, tú no puedes hacer una programación a tres años si no tienes asegurados los ingresos en esos plazos».
Para Martí, los convenios y aportes de las entidades públicas tienen que considerar un periodo de ejecución más largo de lo que ya se está haciendo. Si no, las organizaciones, los teatros, no pueden planificar ni ser eficientes. Estos y otros ejemplos ecosistémicos la hicieron darse cuenta de que una organización global podría generar conciencia en el sector.
Fue el afianzamiento de OLA.
Ella comenzó un diálogo con todo lo que rodeaba a los recintos del país. A nivel de gobierno, gobernaciones regionales, municipios. El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, ProChile, así como espacios de internacionalización. También la interacción con más instituciones, más teatros y organizaciones que iban creyendo en este proyecto. Uno que en la pandemia se fortaleció, aseguró Alejandra.

Cortesía OLA
«Nosotros tenemos muchas redes y contactos internacionales. El problema es que para traerlos como conferencistas, tenemos que pensar en pasajes y alojamientos, lo que es tremendamente caro. La pandemia eliminó esos costos y la relación fue cada vez más digitalizada. Teníamos redes, posicionamiento internacional. En la pandemia hicimos 60 webinars abiertos al público, una locura. Esa conectividad nos ayudó a ser más conocidos afuera, estableciendo buenas conexiones internacionales. Luego retomé los viajes a Europa, lo que implicó ponerle cara y piel a esas interacciones que hasta ese minuto eran online».
¿Cómo fue todo eso? «Hicimos un foro en Barcelona, en la época en que los teatros chilenos se mantenían cerrados o estaban a punto de abrir. Llevamos a 40 directores latinoamericanos. Fue increíble. Siempre hemos sido digitales, como oficina lo hacemos así todo el tiempo, pero el espíritu de OLA tiene en mente conferencias presenciales una vez al año, a veces dos, como también foros especializados. Luego hicimos un encuentro en Buenos Aires, con mascarillas y cuidados, y en 2023, en Brasil, en Manaos y Sao Paulo, específicamente».
Y es que para la Directora Ejecutiva de OLA todo nos hace valorar la riqueza cultural que tenemos. Un panorama que, para ella, tiene claras oportunidades de posicionamiento por cómo somos, al igual que por las ventajas competitivas a nivel continental.
«Somos un continente occidental unido por una lengua, con 600 millones de hispanoparlantes. Allí hay una oportunidad de un mercado que habla tu mismo idioma y que a su vez, tiene una distinción de sonidos y de historias. Piensa en el boom latinoamericano de la literatura. Algo así aún no ha ocurrido con la ópera. Cómo podemos ir ayudando y distribuyendo aquellas nuevas creaciones, no solamente mostrando cómo los teatros hacen una bonita obra, sino de proyectos de tradición latinoamericana que generan un aporte en la industria y que tengan distinción».
Alejandra Martí también reconoció otros mercados fundamentales, como son Estados Unidos y España. Con el primero, de 50 a 60 millones de hispanoparlantes, «tenemos relación con la red de teatros de ahí. Y hemos recibido feedback del interés por programar contenido latinoamericano. Hemos ido gestionando enlaces con los establecimientos del borde de la frontera con México, que son ocho, y que están programando más repertorio. Y con España, por su parte, además de la lengua de entrada, se transforma en un soft landing a Europa, sabiendo las barreras idiomáticas. Tomar la bandera de la nueva creación latinoamericana, la innovación y la razón de un continente emprendedor como el nuestro, nos tiene hace tres años con una estrategia que está dando resultado».
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–¿Cómo se da la combinación entre lo presencial y lo virtual con artes tradicionales como la ópera?
–Hay todavía muchos desafíos que sortear para lograr la transformación digital. Es uno de los ejemplos de los problemas ecosistémicos que te comenté anteriormente: la política pública podría empujar a un sector para que se actualice en un plazo más corto o cada cual podría hacerlo por sí mismo, con trayectorias desiguales y probablemente, tarde. Ahora estamos desarrollando algo con finlandeses que tienen una innovación interesante y que cuenta con el apoyo de Corfo.
–¿De qué trata?
–Antes, te hablo de la década de los 80, las oficinas técnicas de los teatros recibían de los diseñadores teatrales un plano arquitectónico, como los de las casas. Luego eso avanzó hacia Autocad, los diseños 3D, y así, el sector ha ido adoptando las nuevas tecnologías. En esa línea, el desarrollo de los finlandeses es una plataforma de diseño con uso de realidad aumentada. Es un gran avance, ya que cada teatro que esté en esta plataforma y cuente con su gemelo digital puede coproducir en línea, facilitando la coproducción y generando varias eficiencias presupuestarias y ahorros.
–Qué avanzado suena todo…
–Acabamos de adjudicarnos un fondo Corfo, para traer esta tecnología y desarrollar un piloto en Chile. Los teatros que participarán de esta primera experiencia son el Teatro Municipal de Santiago, el Teatro Municipal Las Condes, el Teatro Regional del Maule, el Teatro Biobío y el Teatro del Lago.
–¿Es lo más revolucionario que se ha hecho?
–Sí, podría ser, aunque para mí todos estos son procesos. Tras esta innovación hay una postulación y búsqueda de financiamiento, los teatros tienen que lograr transformar la mentalidad de los equipos para implementar la tecnología, entonces puede que algo fracase. Pero son cinco teatros, entonces si logramos que se logre instalar en dos, ya podemos ir generando cambios en esa industria.
–¿Qué te ha sorprendido de desempeñarte colaborativamente en este rubro en particular?
–Dos elementos fundamentales. La confianza y la generosidad. Eso es básico. Confianza porque no hay relación que dure sin ella. Y generosidad, porque uno cede mucho por la construcción de un organismo que es colectivo y no individual. Yo creo que es algo que da que hablar en espacios contemporáneos e individualistas. Ceder por un bien mayor trae consecuencias positivas a la comunidad y en lo personal también. En esa construcción de lo colectivo, dejas de generar individualismo.
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El enfoque de Ópera Latinoamérica sigue la misma línea que las startups y las grandes corporaciones. Estas últimas, a menudo más restringidas en términos de innovación debido a su consolidación, dinámicas y protocolos, podrían considerarse los «teatros». Por otro lado, las startups son innovadoras, ágiles y pueden adoptar tendencias e incorporarlas mucho más rápido, lo que representa la esencia de OLA.
«Estamos impulsando estratégicamente el diálogo y la colaboración entre los teatros tradicionales y las compañías independientes de ópera para facilitar la recepción de la innovación por parte de los primeros, quienes a veces no pueden generarla por sí mismos. Así, también aseguramos un futuro para las compañías, que son mayoritariamente independientes, por lo tanto, enfrentan desafíos adicionales en cuanto al financiamiento. Siempre hemos sostenido que la relación entre compañías, festivales y teatros es virtuosa».
¿Qué noticias se tienen para 2024? La 17ª Conferencia Anual de Ópera Latinoamérica, que se desarrollará entre el 17 y el 20 de noviembre en Santiago, y que incluirá dos o tres actividades dentro del marco de «Teatros y desarrollo sostenible».

Cortesía Alejandra Martí
–¿De qué te ha nutrido toda esta experiencia, siendo mujer?
–Profesionalmente, ha sido muy estimulante. Me ha abierto un montón de puertas, sobre todo en el extranjero, que es donde más trabajo. Obviamente, me he posicionado afuera. Ha sido muy nutritivo porque he podido conocer experiencias y carreras profesionales diversas, que a la vez han expandido mis propios horizontes profesionales. Por otro lado, soy mamá de tres niños, entonces también a nivel personal lo mío es una labor que, al estar en temas más estratégicos, me permite combinar mi vida familiar. Es exigente, respecto a que me toca viajar harto, en el orden de una vez al mes.
–¿Dónde has ido?
–En el último tiempo, América Latina. Volví en agosto pasado de vivir un año en Irlanda junto a mi familia. Desde entonces, retomé una agenda latinoamericana. El año pasado estuve en Sao Paulo, Manaos, Buenos Aires, Salvador de Bahía, Caracas, Santo Domingo en República Dominicana, Río de Janeiro. Todo lo he organizado con un buen apoyo de mi marido y los niños están muy concienciados con lo que hago. Hay cuatro días del mes que no estoy, pero lo compenso por otros lados, con otras cosas.
–¿Qué es lo más motivante?
–Me ha cautivado el desafío de construir cosas que no existen. Quizás es una de mis grandes motivaciones profesionales, así como un poco el Quijote. A mí me gusta crear valor. Es un espíritu muy emprendedor de ver dónde hay áreas en que no se ha hecho nada y cómo puedo innovar y generar valor. Es ahí donde quiero estar. No administrar cosas que otros ya hicieron.
–¿Cómo se hace eso desde el prisma femenino?
–Hay mucha más sensibilidad en las mujeres. Y eso hace sentido en carreras de este tipo. Junto con eso, la mujer es multifacética, tiene capacidad asociativa, percepción relevante y es por naturaleza una trabajadora en red. Para estas cosas tengo características que tienen mucho de esos puntos. Por eso con OLA creamos el foro de mujeres en Brasil. Para apoyar y seguir navegando en estas aguas.
–¿Cómo es la presencia femenina en la ópera latinoamericana?
–Hay un estudio de brechas del Banco Interamericano que reporta muchas cosas. A nivel artístico, las mujeres compositoras y directoras de escena es muy baja. Se está empezando a generar conciencia y los programadores ahora están considerando esto en los programas de temporada. Es algo que nos importa promover: que más mujeres creadoras e intérpretes puedan desarrollar una carrera. Obviamente, en cuerpos artísticos como los coros o el ballet hay más paridad, pero falta mucho por avanzar en cuanto a la participación de artistas mujeres.
–Es algo que se puede ver en escena…
–Luego, en el ámbito de la gestión, hay muchas mujeres que son directoras de área, ¿pero cuántas llegan a ser directoras generales de teatro? En América Latina hay varias que llegan a serlo. Un 30% a 40% de las directoras de teatro de OLA lo son, lo cual es mucho, pero luego la brecha también está en los salarios, los cuales son más bajos. Por lo tanto, es una industria en la que tienen presencia, ¿pero por qué se da? Tal vez, porque son puestos cuyos salarios los hombres no quieren tomar.
–¿Hay ánimo para que eso cambie?
–Los movimientos de mujeres empujan a que todos los sectores se abran. Y la ópera es un caso más. Nosotros partimos con la creación del foro en Manaos y luego con otro en Salvador de Bahía. Y mantenemos una agenda mujer. A cada zona que voy, hago una reunión con muchas de ellas. Hay que detectarlas, entender sus historias, sus necesidades. Las comunidades que se hacen así, por medio de relaciones interpersonales y generando confianza. Cara a cara. No por redes sociales.
