La recordada actriz nacional hoy se dedica a dos emprendimientos que sacan lo mejor de sí y que explotan el espíritu polifacético de su vida.
Al comienzo de nuestra conversación, en un café de Las Condes que se apronta a recibir la clientela vespertina, ella se definió como una mujer multifacética en cuanto a lo laboral y a sus intereses. Y si a eso sumamos que su profesión es la de actriz, apasionada y versátil, esta vez nos encontramos con una personalidad que desafía convicciones, que rompe esquemas y que abraza los nuevos horizontes.
Era Romina Mena, quien salió de su auto con una chaqueta, una elegante blusa blanca y una gratitud por esta entrevista. Si alguien la ve o la escucha, uno de inmediato puede recordarla en teleseries como “Adrenalina”, “Cómplices” o “Alguien Te Mira”, entre otras realizaciones. Sin embargo, para este primer momento conversamos de una faceta suya muy diferente, ya que actualmente se encuentra alejada de por lo que se le conoce y está dedicada a sus emprendimientos.
Ella comenzó incursionando en la moda, con calzados femeninos, Zapatos Romina Mena, «de los que partí hace como 15 años, más o menos. Yo me mandaba a hacer zapatos a la tienda de un amigo y resulta que viví escasez laboral. Estaba recién saliendo de una teleserie, fui a buscar un par y me quedé conversando con él de esta situación, cuando me preguntó por qué no me dedicaba a vender algunos ejemplares. Que él me podía pasar para llevarlos a mis amistades, junto a un muestrario de cueros», empezó para Gritonas.
«Le di una vuelta y le dije que sí. No perdía nada. Tomé los zapatos, unas botas y ciertos botines, de diferentes estilos, y partí a las oficinas de mis amigas. Se volvieron locas porque eran bonitos. Les gustó mucho el trabajo y la gracia de escoger entre los cueros. Ese fue mi primer grupo de clientas, el cual creció de la mano de publicaciones en Facebook y luego por Instagram», agregó luego de que le tomaran su pedido.
“Elige entre mis modelos y yo hago los que quieras especialmente para ti”, asegura la cuenta de Instagram de su negocio, la que deslizando hacia abajo es un catálogo de pares en diferentes estilos, colores, posiciones. Hay altos y bajos, botas y botines. También suecos, sandalias, incluso zapatillas. Para cada paso, un estilo.
«Generalmente, las personas no saben que soy yo porque hago el trato online”, dijo Romina. “Tengo unos modelos base, por llamarlos de una forma, donde se puede ir jugando con ellos de acuerdo a los cueros y las formas. Yo no diseño, no creo la rueda sino que la aprovecho. Veo un modelo que me gusta, lo mando a desarrollar a Argentina donde me sacan el molde y les digo que el zapato tenga tal terminación. Luego me lo devuelven, se lo envío al maestro que tengo acá en Chile, unas pruebas y se hace».
Esa vez ella indicó que solo vende de mujer porque ella se los puede probar, ver cómo calzan y si son cómodos. Que puede personalizarlos, siempre y cuando sea desde lo que tiene, no desde algo nuevo; lo que sí se podría hacer, comentó, pero saldría caro.
«Yo soy full 38 en todo. Zapatos, zapatillas, nacional o extranjero, en todo. Y me siento un buen modelo de prueba. Por ejemplo, hubo un tiempo en que estuvo de moda el taco de madera, que yo no lo uso. A mí, en lo personal, no me gusta, pero me tuve que adecuar y buscar modelos que lo fueran. Soy flexible para lo que se está usando o buscando, con tendencias de lo que se está requiriendo».
–¿De cuáles notas?
–Lo principal hoy en día es la comodidad. La gran cantidad de mujeres prefiere el zapato bajo, estiloso, con onda. Pero generalmente, lo cómodo por sobre cualquier cosa, te diría incluso por sobre el estilo. Hay gente que quiere zapatillas y no sale de eso, de las clásicas, sin terraplén. Depende de la edad también. Tengo señoras de 60 y tantos que me piden bucaneras, ahí va el apoyo personalizado. Además, el diseño en sí, que la persona lo pueda elegir, está enfocado al estilo propio de cada mujer, indistintamente de su edad. Hay jovencitas muy clásicas, todo de negro, pero igual busco un cuero con textura, con brillo, con algo.

–¿Y cuál es tu estilo?
– Ahora ocupo estas botas, mías, por supuesto (ríe). Yo soy de estilo cómodo. Si no tengo que salir a ninguna parte, estoy en la casa con unos bajos o pantuflas. Para mí la comodidad es primordial cuando no estoy trabajando de actriz, porque cuando sí, te visten con tacos. Te duelen los pies por estar tanto rato parada. Como que me despego lo más posible de lo que tengo que hacer actoralmente. En general no me maquillo ni me peino a nivel de producción (ríe). Mientras más sencillo y simple, mejor.
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Sobre su segundo emprendimiento, ella propuso un ejercicio interesante en medio de este lugar. «Mira para allá. ¿Vez que la luz que entra por ese ventanal grande llega hasta acá?», dice hacia la entrada de la cafetería, en donde hay una planta, un pasillo luminoso y gente fluyendo.
«Eso puede ser una referencia para ver dónde instalar una planta de interior. Si me dices que está lejos de una ventana, yo tendría que saber qué tan lejos. ¿Por qué? Porque las plantas crecen buscando la luz que les falta. Empiezan a perder su forma original, pero como uno no la conoce bien, creemos que la planta está bien».
Ella también hace asesoría botánica de interior. Todo surgió cuando vendía de éstas junto a los zapatos, pero en un momento eso no fue rentable por la infraestructura que había que tener. Y cómo estudió sobre el tema, prefirió dedicarse a aconsejar desde un cliente que no tiene idea, que nunca ha tenido una planta en su casa, a otro con expertise pero que se le siguen muriendo las suyas. Es así como surgió Las Plantitas de la Romy.
«Veo si tus plantas están sanas o no, cómo están de acuerdo a la luz y lo que se necesite. Ellas buscan cómo sobrevivir y adaptarse. Son una maravilla, tan espectaculares. De ahí viene mi aproximación al tema. Cómo se adaptan, sobreviven, puedes cortarla y hacerla crecer de nuevo. Si ves que se están muriendo, se puede salvar podándolas y metiendo esos esquejes en agua. No es recomendable, pero es lo más fácil, porque las plantas se expresan. Sienten como nosotros. No tienen “cerebro”, pero su forma de reproducción es otra igual de viva».
La flora llegó a ella durante la pandemia, donde todos necesitamos en cierto punto más vida. Ella vivía sola y no podía ir a ver a sus padres por seguridad, «carente de conexión con otros seres». Tenía su perrita, —«exquisita, un encanto»—, pero la idea de cultivar la motivó. De pronto todo fue una magia, de aprender de ellas y de su adaptabilidad. De las virtudes que tienen, algo que por lo común no nos detenemos a mirar.
«Eso lo tengo desde la actuación. Necesitas observar mucho para poder crear personajes y hacer caracterizaciones. Cuando quieres hacer un buen trabajo, necesitas una investigación de personaje, mirar. Y eso lo llevé a todo, a la vida. Y así también se facilita todo, porque más que ver qué está haciendo el otro, es más lo que él necesita».
Continuó la conversación sobre las especies verdes —«siempre recomiendo ponerlas lo más cerca posible de un ventanal, lo que obviamente depende del tipo de orientación que tenga para saber el tipo de luz que recibirán»—, para luego enterarnos de que este año estuvo en el comité de administración de su edificio, lo que no descarta como un futuro —«Vivo ahí desde hace 13 años, siempre tuvimos problemas con los ascensores y el gasto común no se veía reflejado. Hubo una estafa de millones de pesos y nadie hizo nada. Todo el mundo se queja y nadie hace nada. Yo también estaba cansada de estar molesta por eso. Me hice cargo. Me metí de lleno a estudiar los requerimientos del administrador, del comité de administración, cómo se mueve, qué se necesita, el tema bancario, todo»—.
Algo que fue redundante en este rato fue que la actuación le dejó mucho para ser tan multifacética, ¿pero se sigue dedicando a ello? «Sí, pero tiene que ver primordialmente con mi voz, que me gusta mucho trabajar con ella. Hago locuciones comerciales de marcas, para la televisión, redes sociales. Hago frases publicitarias y también alguna vez hice doblajes internacionales de series. También canto».
No ha hecho nada de teatro últimamente y tampoco lo está buscando. En su momento hizo dirección de teatro para colegios y autogestión, pero se cansó por el peso y el desgaste. Son pocos los que han visto detrás del telón. Hoy estoy en búsqueda de ese nuevo proyecto que la tenga enamorada, expresó mirando la grabadora, cuando tuvo un arranque de sinceridad.
«Yo no me considero la típica actriz».
–¿En qué sentido?
–Veo a mis compañeros enfocados mil por ciento en el arte. En investigar al respecto, en desarrollar su lado artístico, y a mí no me llama mucho hacerlo. Soy más práctica, de cosas concretas y aterrizadas. Generalmente, los actores son más volados, y no me refiero a marihuana (ríe). De creatividad. Y lo mío va por otro lado. Mi cerebro es más matemático que humanista. Por ejemplo, no leo. Me quedo dormida (ríe). Para leer guiones soy seca, lo hago rápido y me gusta, pero con una novela nunca avanzo más del prólogo. Nunca he podido.
–¿Qué ves de eso hoy en día?
–Ser lo más honesta posible. Mucha gente que sabe que eres actriz te dice que pensaban que una siempre está actuando. Y que les costaba confiar en alguien así, como que siempre estábamos haciendo un personaje.
–¿Y es así?
–Es complejo porque, en mi caso, yo soy la que soy. Cuando actúo, lo hago así. Hay una separación drástica. Me pongo en modo actriz, y cuando no, me quedo en modo avión. Me he dado cuenta que varios no hacen esa división y piensan que tú siempre estás personificando o que, sencillamente, no te ven a ti. Sobre todo quienes te han visto en televisión, en cine o algo que hayas hecho. Se quedan con eso.
–Tuviste muchos roles sensuales, eróticos…
–Y a veces los hombres que me querían conocer pensaban hacerlo con esa Romina, esa galla canchera de la tele, pero no era yo. Los recursos de un actor son los propios. Los personajes tienen gestos iguales a los tuyos, si eres tú, pero la actuación es ser yo para que eso sea real y no falso, sobre actuado. Cuando pienso en un actor, debe ser lo más verdadero posible en escena y también va de la mano con ser una buena persona.
–¿De qué forma?
–No puedes ser buen intérprete si no lo eres. Me equivoqué conociendo mucha gente, pero sí. Debes tener una versatilidad importante para ver ciertas cosas que van desde la observación.
–¿Eso se ve reflejado en tus emprendimientos?
Sí, el entrenamiento de la observación. Todo lo demás va de la mano de la personalidad de cada uno. El ser emprendedor es algo tuyo, no lo aprendiste ni te lo inculcaron necesariamente. En mi caso, fue al revés que mis papás, siempre con trabajo estable. Se jubilaron en ellos. Y en el resto de mi familia nadie tiene que ver con el arte. Soy la única.
–¿Qué se siente?
–Me gusta. Es rupturista. Era la oveja negra (ríe), súper contestataria, en ocasiones donde las niñas no teníamos que hacer tales cosas. Y te hago la salvedad de que no soy feminista, porque creo que está tan tergiversado el término, pero sí comparto la lucha femenina de la desigualdad porque es real. No es inventada. Somos diferentes, hay diferencias entre hombres y mujeres y no me refiero a la estética, me refiero a la genética. Estamos compuestos de maneras distintas. Tenemos hormonas singulares.
No somos todos iguales. Somos magníficas. Las mujeres tenemos un mundo de posibilidades que lamento mucho que el hombre no tenga. ¿En qué sentido? Vemos más colores, somos más complejas cerebralmente, tenemos mayores capacidades de adaptación, podemos cuidar, ser autovalentes. La mujer puede vivir bien estando sola, los hombres necesitan mucho apoyo.
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Cortesía Romina Mena
–¿Qué guardas de tu trayectoria en producciones audiovisuales?
–Fue una época bonita. Yo tenía un objetivo que era estar en televisión. ¿Por qué? Porque me iba a dar plata. Mi raciocinio era simple: plata, pantalla. Con eso podría tener un teatro, que era mi norte, para llevar las obras que me interesa contar. Todo muy básico y lineal. Nunca pasó. A medida que te vas dando cuenta de cómo funciona el medio, como que te azotas con la realidad y te das cuenta que esos ideales inocentes no son replicables de manera verdadera.
–Mientras vivías mucha exposición…
–Era difícil manejar la fama en ese momento. Hoy es más simple porque estamos más expuestos. Está más a la mano saber del otro, incluso, es más aceptado. En esos tiempos aquello estaba partiendo y nadie te preparaba para poder llevarlo sana y emocionalmente. Toda la explotación que puede salir de tu imagen, todo lo que viene de la mano con ser un poco famosilla. Si no estás equilibrada, no es fácil.
Yo logré lo que quería, que era ingresar a la tele, por mérito propio. No por compadrazgo o por ser hija de un famoso, o por un amigo de la tele. Y fue gratificante, aunque también fue complicado mantenerme porque nadie me preparó para lo que podía venir. Me faltó inteligencia emocional y hago un mea culpa porque mi inmadurez me jugó en contra de que pudiera permanecer en alguna producción.
–¿En qué lo notaste?
–Había cosas que no me gustaban y yo las decía. No me quedaba callada. Quizás no supe la manera adecuada de expresar mi molestia, pero nunca fui escandalosa. Sí frontal. Y eso a veces te da malas pasadas. Se ve más complicado que un aporte. La mayoría aguantan y callan. Si al jefe no lo molestas, no afecta, no complica en nada. Funciona, déjalo. Y no sales de eso.
–En una entrevista mencionaste situaciones de acoso y hostigamiento hacia ti.
–Que eso, lamentablemente, sí me jugó en contra. Un colega me dijo que le hice sombra a X persona, y como que la había cagado. Lo hice demasiado bien y eso me terminó desfavoreciendo. Fue un problema. Cometemos errores por miedo y desconocimiento, y ahora pienso que quienes hicieron eso fue porque tenían temor de perder su status. Nos criaron con tal nivel de inseguridad, sobre todo a nosotras, que debíamos ser competencia una con la otra. Y que teníamos que ser superiores. En este momento, que las mujeres debemos ser más compañeras entre nosotras lo encuentro maravilloso. Lo comparto plenamente.
–¿Lo viviste?
–Sí. Me sentí acogida por muchos que admiraba profundamente. Fue mágico todo. No sé si sabes cómo llegué a la tele.
–Dejaste un DVD en una oficina de TVN…
–Sí (ríe), entré a la oficina de Vicente Sabatini y le dejé mis videos. Lo vio y me contactó. Me hicieron una entrevista y empecé a trabajar en el elenco de TVN, que para mí era lo máximo.
–¿Cómo te tomabas el rol sensual y provocativo que solían tener tus personajes?
–Lo acepté, siempre pensando en que, una vez que me hiciera un camino, podría optar a otro tipo de papeles. Craso error. Iluso de mi parte. No fue así. Siempre fue la tendencia de lo que hice. Entiendo el tema del casting y que mi físico, estereotípicamente, daba perfecto con ese tipo de personajes. Hablando concretamente, en esa época la mayoría de las actrices eran flaquitas, poco esculturales, y yo aunque estuviera delgada, mi esqueleto era curvilíneo.
–¿Y las escenas de sexo?
–Hoy día lo tomo como con que las personas hacen lo que pueden, con la conciencia que tienen. Había que cumplir con cierto estereotipo, porque según los canales, era lo que la gente quería ver. Había que buscar un personaje que calzara con esas necesidades y lo encontraron. Calcé. Me gustara o no. Era lo que había, qué bueno que funcionó, pero claro, a mí me frustraba como profesional, porque daba lo mismo si era buena o mala actriz. Lo que importaba era cómo me veía. Y eso me generó mucha desmotivación. Una es profesional y quiere desarrollarse con eso. Probarte en distintos roles, contextos, desafíos, y acá no había ninguno. Ponte ahí, sonríe, sé bonita.
–¿Crees que ahora el panorama es distinto?
–Veo que las generaciones jóvenes son más sanas y que denuncian los acosos sexuales y laborales. Antes no, porque te vetaban. Yo dije que no iba a hacer tales cosas, no estaba de acuerdo, y no. Y antes no era como qué bien, ella tiene que defender sus derechos, su posición y no tienen por qué obligarla.
–¿Sería justo decir que por estas circunstancias se dio tu alejamiento de la pantalla?
–Totalmente. Me desmotivó ene. Mis compañeras actrices no calzaban con ese papel y eso generaba molestia. Entonces, para mí era como casi «qué lata ser cómo soy» y “qué ganas de ser plana”. Imagínate, renegar de tu cuerpo por la presión que presenta tu entorno. Yo no estaba preparada y no tenía herramientas emocionales para manejar esas situaciones. Si las hubiera tenido como ahora sí, todo habría sido distinto.
