Paola Gateño: «La estética oncológica es volver a sentirte sana y con otra oportunidad»

Conocimos a la profesional de la estética oncológica, quien ha transformado la vida de más de seis mil mujeres con cáncer de mama.

Todo fue absolutamente inesperado. Así lo recuerda Paola Gateño sentada y con un café en su consulta de Las Condes. Que no lo buscó en un principio, pese a que de niña rondaba en su cabeza la idea de trabajar como médico sin fronteras. Pero no. En esa época, lo que copaba su interés era el arte. Lo estudiaba en paralelo al colegio y lo hacía a la par de su trabajo como voluntaria en el Hospital Calvo Mackenna, con los niños con cáncer, «y luego, finalmente, entre la decisión de estudiar una carrera universitaria o seguir una faceta artística, que era lo que me llenaba el alma, encontré un camino que permitía ayudar a las mujeres», introduce para Gritonas.  

Se trata de la estética oncológica, una disciplina que abarca el cuidado de la piel ante los tratamientos del cáncer, ya sea antes, durante o después, o por las intervenciones quirúrgicas involucradas para enfrentar esta enfermedad. Nuestra entrevistada cuenta con un programa social gratuito para pacientes con cáncer de mama, ofreciendo la reconstrucción de areolas, cejas y cicatrices sin costo. Algo que por mucho tiempo ella denominó #SOLOXTUSONRISA y #CROSSINGBORDERS, y que en los últimos años la ha mantenido viajando por todo el mundo en esta cruzada.  

Es cosa de visitar su Instagram, donde suele ir subiendo los procedimientos que hace y los lugares que visita. Masterclass, seminarios y conferencias que la tienen como oradora. Por ello, encontrarla en Chile es una oportunidad única para saber más de su experiencia. 

Al conocer a Paola, uno se encuentra con una persona cálida y afectuosa, caracterizada por sus abrazos fuertes y sus recuerdos vívidos. En su consulta siempre viste de uniforme clínico negro, con el pelo tomado y la sensación de que, pese a que va a toda máquina, se encuentra feliz de lo que está haciendo. Habla rápido, con una voz levemente ronca y españolada, pues allí se formó como profesional y donde realmente comenzó esta historia benéfica.  Hay veces que se despide con dos besos. 

Nos encontramos en su clínica de estética y formación profesional, Paola Gateño Studio. Un espacio amplio e iluminado donde suelen venir personas en busca de un tratamiento, estudiantes con la intención de formarse con ella y también pacientes de Fempo, la fundación que le permite brindar apoyo gratuito a mujeres con cáncer de mama. 

«En la Fundación Fempo, nuestro objetivo es hacer que la micropigmentación oncológica sea un derecho para todas las mujeres que han sufrido un cáncer de mama y han tenido que someterse a una mastectomía”, dice su web. “Ofrecemos este procedimiento gratuitamente para ayudar a estas mujeres a recuperar la confianza en su cuerpo y su apariencia y a sentirse completamente recuperadas después de una mastectomía», se lee en la plataforma. 

Y es que su programa ha beneficiado a más de seis mil mujeres, en Chile y el extranjero, siendo financiado totalmente por el bolsillo de Paola Gateño, su dedicación y sus habilidades. Ella celebra los avances de sus pacientes y da la bienvenida a aquellas que recién inician con paciencia y empatía, reconociendo que cada mujer nueva que llega es una nueva misión en su vida.

«La micropigmentación, un proceso ambulatorio de bajo riesgo, ha demostrado beneficios notorios tanto a nivel físico como psicológico, mejorando la autoestima y el estado anímico de quienes han experimentado la pérdida del pezón, la ceja o cicatrices», nos parte relatando Gateño. 

Se ha dedicado muchos años a reconstruir mujeres, con experiencia para hacer un documental o un libro con quienes, al principio, la ven como alguien común, una persona más, pero luego, como una amiga que las escucha, las entiende y aconseja. 

Humildemente afirma: «Siempre he dicho que no soy una persona que las sana. Yo soy un medio, canalizo lo que hago porque hay distintas fórmulas para ayudar a la gente. Y la estética oncológica es una de ellas».

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En su oficina, Paola nos cuenta que comenzó con la micropigmentación oncológica, la fase final del proceso de reconstrucción. A diferencia de algunos países donde este método se considera en la canasta de salud, en Chile aún no se imparte de manera profesional ni menos previsional. 

Gateño se formó en España, aprendiendo todo lo necesario para ejercer la profesión en Chile. Allí se dio cuenta que el asunto era mucho más grande: la estética oncológica, en general, puede abarcar toda la evolución de la persona con cáncer, incluso siendo beneficioso para los tratamientos. 

«Decidí ser quien pudiera regalar esto, ya que no está incluido en nada y tiene un alto costo. Aunque estaba motivada, comprendí la importancia de adquirir conocimientos. Siendo artista, con una carrera universitaria, me pregunté cómo fusionar esto con la medicina y trabajar en pieles fragilizadas. Necesitaba comprender los tipos de drogas, las técnicas y qué sucede después con una paciente que ha recibido quimioterapia», indica. 

Cortesía Paola Gateño

–¿Cómo explicas lo que haces? ¿Qué es la estética oncológica?

–Es una etapa que se preocupa de los pacientes con cáncer de mama, que no son solamente mujeres, siendo parte de su restauración física y mental. Lo estético siempre se tiende a confundir con lo banal, pero esta disciplina tiene que ver con el alto impacto que existe en el estado de ánimo, sanando las cicatrices involucradas en las operaciones a las que deben someterse por la enfermedad. También es un tipo de terapia paliativo para lo posterior a la quimioterapia, incidiendo en la caída del cabello o de las cejas. 

Es volver a sentirte sana y con otra oportunidad. Es impresionante su efecto en situaciones simples y normales para nosotros, como desempañar el espejo luego de ducharse, porque antes no se querían ver. O el caso de quienes hacen deportes y pero en camarines no quieren desnudarse, o de las que lo más lindo que tenían era poder bañarse con su hija en la tina pero lo dejaron de hacer por nervio. La mayoría no lo hace por estética. Te diría que un 70% de quienes he atendido en mi vida, en este tipo de reconstrucciones, lo hacen para volver a lo que eran en su momento. 

–¿Cómo es la intervención?

–El procedimiento no es doloroso ni profundo como un tatuaje. Por lo tanto, no provoca cambios de color, no solamente por el pigmento sino que por el nivel de profundidad y el efecto incoloro. La paciente tiene satisfacción, sin dolor, con un resultado seguro y bonito. A su vez, sirve para dar simetrías a las dos mamas luego de las intervenciones quirúrgicas, porque cuando no se tiene glándula, nunca caerá. Este proceso se hace cada tres a cuatro años, y reitero, es altamente recomendable por su seguridad y retribución. 

–Llama la atención eso que dices de que se diferencia de los tatuajes…

–Y eso tiene algunos vacíos. En la ley de tatuadores a nivel mundial, en donde también los piercings y otras prácticas similares, la micropigmentación cae como una de ellas. Y como no tiene una descripción unificada, no hay mucha regularización a nivel mundial, a pesar de que desde hace un par años se miden los tóxicos y todo lo que puede afectar al organismo, principalmente en Europa. Para quién tuvo o tiene cáncer de mama, hay mayor preocupación, ya que se debe trabajar con pigmentos químicos y no con los para tatuarse, por ejemplo.

–¿Cómo llegaron a ti las primeras beneficiadas?

–Cuando partí, siempre mi objetivo fue la parte médica de la micropigmentación. Pero para poder sostenerlo, lo comencé con recursos propios de mi clínica de estética y formación profesional. Vi que el modo de hacerlo era desde mi trabajo, desde mi bolsillo, con la fórmula para que nadie tuviera que pagar o depender de un tercero. Lo digo como contexto pues una vez mi padre dijo una frase que nunca olvidé, y era que la única forma en que yo podía ser justa en esta vida era siendo poderosa. Y de esta manera, me sentía así. Claro, cuando era chica no entendí lo que él me quiso decir, pero luego sí. Si me volvía la mejor y un referente, la gente me iba a seguir e iba a confiar. 

En los comienzos, cuando empecé a planificar todo, me contacté con un canal de televisión y dije que tenía este programa comunitario. Salí en las noticias, un día en la tarde, no recuerdo quién me entrevistó. Me presenté con este programa social que traía desde Europa y que venía a aplicar a Chile. Ese mismo día me llamaron e hice la primera reconstrucción en mi vida, Elizabeth, la teta más fea que me ha tocado. Hoy la ves y es la más linda de todas. 

–Para muchas debe ser algo sanador…

–La aureola tiene un significado en la mujer. No es volver a algo femenino, sino a lo que necesitan en ese momento. La conexión, volver a encontrarse. Es algo psicológico, pero igualmente físico. Esa zona no duele cuando se realiza la primera sesión, pero ya en la segunda se vuelve a sentir. Y yo lo veo como que no es solo porque yo las toqué: porque volvieron a reconectarse con ellas. 

En el tatuaje artístico, lo que haces es querer decorar tu cuerpo con algo que querrás lucirlo y mirarlo. Si no, nadie lo haría. ¿Por qué querrías un Mickey Mouse que no te gusta? Si después te arrepientes, es tú problema, pero te lo hiciste por algo. Las mujeres que han tenido cáncer, luego de sacar esa parte que las está matando en su cuerpo para seguir viviendo, se separan absolutamente de eso. Pero cuando ya mejoran, existe esa reconexión. Mi trabajo es poder concretarlo y que vuelvan a notar esa parte de su cuerpo como una de las más bonitas que tienen. 

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Paola Gateño hace memoria, como si revisara un baúl con todos sus recuerdos, para comentarnos que hoy deben ser más de 7 mil las personas beneficiadas por su fundación. Hay muchas veces que deja de seguir la cuenta y otras en que se queda pegada en las cifras, pero como en su clínica quedan las fichas de atención, casi siempre la vida le permite actualizarse con el número oficial. Lo que nunca deja de tener presente, ella asegura, es que se acuerda de cada una de ellas, aunque a veces no se crea. Cada historia, cada lágrima y cada abrazo quedan consigo. 

–¿Cómo es un mes de trabajo tuyo con Fempo?

–Hago más de 100 personas por mes, desde pechos, cejas y cicatrices. En la semana tendré cuatro o cinco, pero sábado y domingo solo me levanto a trabajar gratis por una teta. Hago 25 el sábado, 25 el domingo. 

–¿Cuánto dura, en promedio, una sesión?

–Media hora. Con los mejores insumos, suizos, de la mejor calidad y proceso. 

Cortesía Paola Gateño

–¿Con qué tipo de mujeres has hecho este camino?

–De todo tipo, y todas grandes mujeres. Siempre digo que si una está acá es para hacer brillar a sus pares. Ellas primero llegan con miedos, sustos, parcas, tristes. Y terminan felices. Me acuerdo de una paciente que atendí entre medio de la pandemia, cuando aún había mascarillas, con una alumna que se estaba formando conmigo. Le hice el tratamiento y al mes siguiente teníamos control, y llegó esta misma mujer, con la misma mascarilla, y era otra persona. Eso mismo me preguntó mi alumna, si era acaso la de hace un mes atrás, porque le parecía irreconocible su cambio de ánimo. Eso se expresa y yo a esta altura como que lo normalizo. Ya sé que en la segunda sesión están felices. Tienen otra cara y eso lo grafica todo.  

–¿Es común?

–Sí, comúnmente es así. Por lo general quedan rotas con el cáncer, sobre todo cuando vienen del diagnóstico, a razón de que a muchas las derivan desde hospitales, asociaciones y convenios hacia mí. Me pasa también con las que vienen para la estimulación para que no se les caigan sus cejas. Y es que con esto se tienen resultados, porque sirve de estimulación capilar. Las que vienen luego de la primera quimio están destrozadas, pero de ahí van tirando para arriba. Hay algunas que las tengo desde el diagnóstico y con quien he pasado tres a cuatro años, hasta su proceso de reconstrucción de areola. 

–¿Te vuelves alguien cercana para todas ellas?

–Sí.

–¿En qué lo ves?

–En que me hablan, me cuentan cosas, me escriben cuando estoy fuera. Felicitan mis logros. Y me acuerdo de todas y cada una de sus historias. 

–Todo lo que has vivido, ¿qué te ha dejado como mujer?

–En un eterno agradecimiento. En saber agradecer y valorar. Uno no debe esperar a que te pasen cosas buenas para empezar a hacerlas. Debes actuar para que pasen. Gracias a Dios, nunca he vivido un caso cercano, ni yo misma relacionado a esto. Pero creo que lo que más me ha dado satisfacción, a nivel personal, es que entiendo cuál es mi misión aquí. Creo que pocos pueden decirlo. Y eso es lo que disfruto de la vida. Descubrí la mía, se me dio. 

–Toda esta rutina cargada de tiempo para la sanación, ¿cómo se combina con tu vida personal, familiar, afectiva, etc? 

–Una vez me preguntaron por qué hacía tanto y dije que porque tenía mucho que devolver. Ni en el más lindo de mis sueños me habría imaginado tener una hija como la mía. Y tengo una pareja que vive ocupada, que viaja mucho como yo, pero con quien hemos sabido valorar lo que hace uno y el otro, y eso permite que podamos estar juntos. 

–¿Cuáles son tus proyecciones a futuro?

–Quiero que la estética oncológica sea aceptada en países musulmanes, lo que sería un hito y por el cual he empujado bastante. Ya sabes cómo es el asunto de la mujer en esta cultura, donde no existe ni siquiera la reconstrucción del bulto que queda luego de una intervención por cáncer de mama. He estado en Jordania, Turquía, Túnez, en lugares que ni siquiera se te puede ocurrir que alguien podría estar haciendo esto. Allá no se puede ni tocar a las mujeres, pero se me ocurrió y creo que será de mis misiones en lo que queda del año y en 2024.

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