Diana Mesa: «La gran mayoría de quienes defendemos los derechos de los animales, los rescatamos o estamos en fundaciones de este tipo, somos mujeres»

La académica y consultora de empresas es una apasionada defensora de los animales. En esta entrevista comparte más de su historia.

Diana Mesa heredó su amor y valoración por los animales de su abuela materna. Hablamos de un legado que comenzó en la década de los 80 en Colombia, cuando ella era solo una niña curiosa que la veía cuidar aves, gallinas, perros, gatos, incluso ardillas. Ella tenía dos casas que hoy conforman buena parte de sus recuerdos, con fines de semana y vacaciones compartidas. 

«Mi abuela tenía una parcela y allí había gallinas que tenían nombre. Su favorita se llamaba Josefina, a quien llamaba y ella venía como un perro a saludarla. Algo que era novedoso porque en el campo se suele ver a los animales como alimento y nada más. Decirles por un nombre y consentirlas en los 80, con espacios dotados de calidad para que no pasaran frío y con la comida correcta, hoy lo veo como una práctica muy vanguardista para su época», arranca para Gritonas. 

Este fue el punto de partida que inspiró la vocación de Diana Mesa por la protección de sus derechos. Una que entrelaza con su perfil profesional, donde ejerce como académica de escuelas de negocios y consultora de empresas, siempre en el contexto del marketing y la innovación. Una ambivalencia que, como explicará más adelante, es fundamental para su faceta animalista, «porque como ella siempre me decía, existen demasiadas personas dispuestas a hacerles daño, y muy pocas que estamos decididas a protegerlos». 

***

Tanto en su ciudad natal, Medellín, como en el resto de los lugares en los que ha vivido, como España, Holanda y Santiago, Diana Mesa se ha comprometido en mantener una conexión activa con diversas entidades de apoyo animal. Su compromiso no se limita a la simple admiración o a compartir fotos en redes sociales para encontrarles un hogar, sino que se materializa en tareas de rescate y cuidado, principalmente para perros.

«En mi estadía full time como académica de la Universidad Adolfo Ibáñez, fortalecí Animalia, una organización estudiantil que protege y rescata perros que llegan a la universidad. Comencé con cosas simples y de mi propio dinero, pues me ofrecí a vacunarlos, esterilizarlos y desparasitarlos mensualmente a todos los que estaban en el campus.Luego pusimos comederos en los distintos edificios. Fui tan insistente que finalmente logré que me aceptaran. Después llegó un refugio, también con mi dinero y con el permiso de la universidad. Allí viven seis perritos que, si bien no se dejan adoptar, son salvajes y no se dejan tocar, viven felices y contentos», comenta.

En los últimos ocho años, la organización que apadrina nuestra entrevistada ha logrado ayudar a más de 160 caninos y adoptó la figura legal de fundación, la que mantiene hasta ahora. Muchos de ellos han sido entregados a las mejores familias posibles, realizando un seguimiento al proceso una vez adoptados. Y es que para Mesa el concepto “regalar perros” es fantasmagórico, como lo define, pues algo así no se condice en nada con la responsabilidad de que hay una vida en juego. 

Estos seres vivos son un aliciente de su día, ya que no encuentra algo más potente que ver la transformación de sus vidas. Lo explica con muchas experiencias pero dice que la más potente ocurrió en 2020, en plena pandemia, cuando se mantuvo rescatando con los pases de movilidad al día. Ella lo hacía día por medio, y casi todos los fines de semana, conociendo a un perro que hasta hoy no olvida.

«Iba manejando por Diagonal Las Torres y vi un perro de lejos que tenía un tumor tan grande que se notaba desde el otro lado de la calle. Lo vi y me propuse volver para encontrarlo, pero lo perdí. Al otro día de nuevo pasé, me acuerdo perfecto, que eran las 10 de la mañana y había cero grados. Un frío que calaba los huesos y lo vi, lo llamé y de inmediato se dejó venir. Ahí estaba ese tumor enorme y cuando lo tomé en brazos para subirlo al auto, me di cuenta que no pesaba nada. Y que expedía un olor terrible, de podredumbre extrema. En una veterinaria de Peñalolén, el veterinario me dijo que pintaba mal. Que había que ver si tenía metástasis o no», recuerda. 

Afortunadamente no la tenía. Y ese mismo día entró a cirugía, que no fue una sino tres, con diagnóstico de un tumor perianal. El cachorro vivió quimioterapia para tratar el cáncer, muchas sesiones. Diana hace memoria y el proceso de restablecimiento de su salud, que tuvo otras terapias adicionales, debe haber sido exactamente un año hasta que se liberó de todo. Ahora Osito, como se llama, «es un perro no feliz, mega feliz, adoptado por una de mis alumnas de un master». 

¿Qué encuentra Diana Mesa en estas criaturas que quizás en otras personas o situaciones no? Ella responde con que los seres humanos, en algún momento desafortunado de nuestra evolución, nos creímos superiores a la naturaleza y al resto de los seres vivos. De instante nos asumimos más brillantes, inteligentes y más capaces que el resto, desconociendo y destruyendo lo que, innegablemente, era parte de la existencia. Nos olvidamos que somos mamíferos, como muchos de ellos, pero con una evolución y características distintas. Por eso lo encuentra absurdo, viniendo de la misma naturaleza. 

Cortesía Diana Mesa

«Dadas esas circunstancias y por la conexión que tengo, ¿Qué me dejan ellos? Primero, lecciones de cariño y humanidad. De lealtad, apego eterno, respeto y ligazón emocional con los propios, a diferencia de nosotros que vivimos en guerras, que nos hacemos daños y hacemos como si no pasara nada. Un animal es capaz de hacer cualquier cosa por su familia. Siempre creemos que los únicos que tienen sentimientos o ese respeto por los otros somos los seres humanos, pero hay innumerables pruebas, incluso en nuestras propias casas, de que los tienen». 

Un sentimiento que también lo lleva a su hogar, en donde convive con cuatro mascotas. Tres gatos y un perro. Y en noviembre del año pasado tuvo el golpe durísimo de perder a su perra Juanita, que murió de 15 años. Una chihuahua que rescató de un criadero donde, ella afirma, casi la dejan morir por no tener las medidas perfectas de su raza. La cuidó como la reina madre, la mayor de sus hijos peludos. 

«Ahora tengo a Pau, Lola, Leo y Leticia. Esta última me la encontré muy mal en el Amazonas, a donde fui con una amiga de China que quería conocer la zona. Estaba muy mal, flaquita, con un tumor de transmisión sexual, y se veía en muy mal estado. Si la dejaba ahí, en medio de la nada, tendría una muerte extremadamente lenta y dolorosa. Nadie le haría nada, porque al parecer no importaba. La traje a Chile. La subí al avión, hice miles de exámenes. Fue una cosa compleja y llena de logística. Por fortuna lo logramos, le hicimos quimioterapia y toda la cosa, y ahora es la reina de reinas».

***

–En estos tiempos, a tu juicio, ¿Cómo es la relación del humano con el animal?

–En estos casos tiendo a ser más positiva que negativa, aunque los hechos nos dan cuenta de que debería ser al contrario, por lo desequilibrado. Se ha avanzado enormemente, si lo analizamos desde lo que decían los libros de historia, con el uso de animales en guerras y otros. También hemos progresado en nuestras miradas y en introducir leyes que, de alguna manera, aportan en la defensa de sus garantías. Sean potentes o no, falta mucho por avanzar en estas líneas, pero hay aportes. 

Sobre eso tienen mucho que ver las nuevas generaciones. Un poco los millennials, mucho más los centennials y los alfa, que son quienes aún están en el colegio, porque tienen una mirada mucho más crítica y consciente de la importancia de su protección como parte de la existencia. Muchos de mis alumnos de pregrado son veganos, lo que es una buena noticia ya que la contaminación y la crueldad que hay detrás del consumo de carne, ya sea de pollo, de vaca, pescado o cerdo, es absurda. 

–¿Tú también lo eres?

–Sí, lo soy. Y siento que es muy cruel lo que pasa en este tema porque hemos avanzado, pero aún quedan aspectos por abordar. Las generaciones anteriores, los baby boomers, son muy poco conscientes con la naturaleza, con la estima a los animales y con cosas simples como reciclar. Los animales siempre han sido utilitaristas para ellos, en el sentido de comerlos, nada más. Y comúnmente se burlan de uno cuando les dices otra cosa. Les parece absurdo que uno no coma productos de origen animal o que los respetes. Mi balance es que hemos progresado, pero todo sigue muy negativo. Hay mucho por seguir trabajando, porque estos seres vivos aún son vulnerados y maltratados en extremo. 

¿En qué más lo ves?

–En que la tenencia responsable, en el caso de los que consideramos mascotas o domésticos, todavía necesita avances. Que efectivamente se consideren como parte de una familia, porque lo son, y que necesitan resguardo. Necesitamos leyes mucho más robustas, rigurosas y que tengan la dureza para que se apliquen. Por ejemplo, la ley de tenencia responsable de Chile fue un avance y ha servido, pero falta mucho por hacer pues Carabineros y la Fiscalía están desbordados con la cantidad de acontecimientos de orden público. Lo último de la fila siempre serán los animales. Hasta que no tengamos una división dedicada a su amparo, efectivamente, habrá un largo camino aún por recorrer. 

–Para ti, ¿Qué países o ciudades son referentes positivos para su bienestar?

–Tengo dos muy interesantes. Uno de ellos, desde el punto de vista de los de compañía, es Países Bajos. Tienen un trabajo significativo, potente y relevante, para que no estén en las calles y que la adopción ayude a que la gente deje de comprar. A mí me parece absurdo y fuera de contexto que se haga. En ese país hacen procesos de concienciación para que sean efectivas y permitan vivir mejor que si estuviera en la calle. 

El otro es Medellín, donde ha existido un esfuerzo de 25 años de políticas públicas, donde hay personajes “pro animal” en circunstancias de decisión de la ciudad. En el concejo municipal y a nivel de gobernación. Ha venido mayormente de la sociedad civil, pero igualmente de la política. Hay un centro de bienestar que se llama “La Perla”, donde se evita que se eutanasen los callejeros, ya que la municipalidad los recoge y los deja allí para que sean vacunados, esterilizados y adoptados. 

–¿Qué otras situaciones, tal vez invisibles al ojo humano, de igual manera vulneran a estos seres?

–La primera y más importante, la esterilización. Hay muchos que tienen perritos machos o de raza que no lo hacen porque se les acabará la fuerza y no sé qué, porque el machismo también recae en estos temas. Ahí existe una vulneración enorme, no solamente con lo que repercute en términos de proliferación de animales que no se desean. Está comprobado que no esterilizarlos puede generar problemas de salud en el mediano y largo plazo. No hacerlo es una irresponsabilidad y es un elemento clave donde se puede evidenciar la falta de compromiso. 

El segundo es la alimentación, que es la base de la salud de cualquier ser vivo. Cuando se hace con las sobras o productos de bajo costo, estamos vulnerando su derecho a la salud. Y otro asunto es la identificación. Cuando no los “chipeamos” como la ley indica, se ve afectada la seguridad de encontrarlos y de que puedan volver a su casa. Además, ¿quién responde si son abandonados? Finalmente, está el hecho de sacarlos a pasear, en el caso de los perros. Aunque estén en el patio de una casa, igual necesitan motivación porque requieren botar su energía, compartir con otros y estimular olfativamente sus neuronas. 

–¿Cuáles son tus referentes a la hora de informarte o estar al día en estos asuntos?

–En España sigo al Partido Animalista Con el Medio Ambiente (PACMA), que aboga por su cuidado y respeto, especialmente con los de caza. Igualmente, sigo otras agrupaciones a nivel global y obviamente cada vez es más visible el maltrato en la opinión pública. Algo que antes pasaba desapercibido, pero que hoy es abarcado en los medios de comunicación, que hacen eco. Quieras o no, hagas la vista gorda, hoy los diarios más importantes del mundo publican este tipo de noticias y, afortunadamente, generan más rechazo social que antes.

***

Diana Mesa es PhD en Administración y Dirección de empresas, tiene un Máster en Innovación y una carrera de más de 15 años en comunicaciones, marketing, imagen de marca y relaciones públicas, con experiencia en gerencia, seguimiento de planes estratégicos y capacidad de liderazgo. Fue por mucho tiempo profesora full time en la Universidad Adolfo Ibáñez, y ahora es profesora del MBA de la UDD y consultora en temas de marketing e innovación. Actualmente, es CEO de la consultora en Customer Success, Cuxtomers

Cortesía Diana Mesa

Junto con eso, es integrante frecuente del equipo de evaluadores expertos de los Premios de Innovación de Chile, los Avonni, así como una interesante replicadora de contenido animalístico por redes sociales. Y es que su currículum nunca le da la espalda a su activismo. Por más cuestiones empresariales se dedique, por nada cambia la satisfacción de cuidar y preservar el bienestar de estos seres vivos. Una situación que no suele ser siempre color de rosa. 

–¿Coincide tu lado académico y profesional con el pro-animal?

–Lo hago permanentemente, con cosas básicas con mis alumnos, a quienes estoy incentivando a ser más conscientes con la protección de sus derechos y los de la naturaleza. Puede sonar incoherente porque vengo del marketing, y de alguna manera, somos los que propiciamos lo peor de esta destrucción, el consumismo extremo. Pero también es cierto de que hay una nueva línea que reclama deberes medioambientales y no un lavado verde de las empresas. En mis trabajos de consultoría incentivo el propósito de que las marcas se acompañen de este respeto. Trabajo para firmas que se declaran así y trato que se lleve a instancias que permitan conectar con estos temas. En clases soy una abanderada permanente de este tipo de mensajes y del beneplácito que se tiene cuando das una segunda oportunidad a los que han sido vulnerados y maltratados. 

–¿Se sorprenden de ti?

–Mucho. Además que pasa algo llamativo. La gran mayoría de quienes los defendemos, los rescatamos o estamos en fundaciones de este tipo, somos mujeres. No solo en Chile o en Latinoamérica. A nivel global ocurre lo mismo. Basado en eso, hay un estereotipo marcado de que se asume que somos hippies, que nos vestimos de tal manera y que casi siempre es con un look descuidado. Entonces, cuando llega alguien del mundo de los negocios, que trabaja en marketing y que tiene una ropa orientada a eso, no a lo otro, como que no entienden. ¿Te gustan los animales? Si están llenos de pulgas, garrapatas, mugrosos. ¿Cómo lo haces? Y yo respondo que todo es por sentimiento y porque alguien tiene que hacerlo. 

–¿Te pasa seguido?

–Me he cruzado con casos de todo tipo. Unos que dicen dicen wow, qué bonito, y otros que hablan como si estuviera loca o con cara de asco. Es extraño que se haya estereotipado a quienes los defendemos, como que se tienen que vestir así o hablar de cierta manera. No hay una apertura mental de que no importa de dónde vengas, o lo que hagas, puedes tener una faceta de consideración por otros que necesitan estar bien. 

–¿Te sientes más empoderada como mujer con esto que haces?

–Cuando uno siente este amor, de alguna manera, es tu caballito de batalla. Es un motor, un impulsor para hacer cosas. Una motivación permanente que te lanza, que te hace actuar y no quedarte con las manos cruzadas. Es una sumatoria a mi experiencia laboral que, evidentemente, tiene que ver con ser académica, tener un máster y un PhD. Pero creo que cuando se tiene una bandera y motivaciones claras por las que se quiere luchar, eso por sí solo te empodera. Te hace fuerte y poderosa para dar con todo lo que toca lidiar. Y más aún cuando los defiendes, pues si bien hay muchos que lo hacen por otros humanos, que me parece válido y bien, los animales no hablan ni pueden hacerlo por sí solos. De alguna manera, es mucho más difícil construir puentes y generar líneas de acción que permitan transformar positivamente esos ideales que se tienen, en hechos puntuales y reales que redunden en el mejoramiento de su existencia. 

–¿Qué opinión te merece, viniendo del mundo de las empresas y el marketing, la venta de animales de compañía? Que es legal, siempre que se cumplan las obligaciones pertinentes, pero que choca con el movimiento global de adoptar en vez de comprar. 

–Para mí, es la mayor incoherencia del planeta. No tiene lógica. Y yo que me dedico a rescatarlos y salvarlos, muchos de ellos de raza, puedo decir que tiene que ver con modas que van y vienen. Hay momentos en que se busca de cierto tipo y luego los echan a la calle porque aparecen otros. Y desafortunadamente, pocos criaderos, que se pueden contar con los dedos de las manos, cumplen con todos los estándares legales. La gran mayoría son centros de abuso y destrucción permanente, porque se enfocan en la reproducción antinatural para tener crías de manera indiscriminada. Y cuando no sirven para procrear más, los tiran a la calle o los dejan morir. Lucrar con vidas es lo peor que podemos hacer, sea legal o ilegal. Y además, hay miles de millones en las calles o en las protectoras esperando ser adoptados. 

–Y desde hace tiempo… 

–¿Para qué hacerlo si hay muchos aún esperando por un hogar? ¿Y qué diferencia hay entre un quiltro y uno que no lo es? Sí, puede ser que uno es más bonito que otro, ¿pero con qué criterio se cree eso? ¿El ser humano también se evalúa por si eres de una raza superior? ¿En qué estamos pensando? Tenemos que actuar en consecuencia, ser responsables y respetuosos con quienes convivimos. E insisto, ese concepto de superioridad es completamente nefasto. Siempre lo he dicho: comprar puede ser legal, dependiendo de donde sea, pero es absolutamente anti-ético. Potencia la crueldad y el lucro que alguien viva de que otro tenga crías ilimitadamente. Y está totalmente fuera de contexto. 

Deja un comentario