Barbarita Lara: «La creatividad es lo único que nos va a diferenciar de la inteligencia artificial y de los robots» 

La inventora chilena, reconocida internacionalmente como una de las innovadoras más importantes del país, repasa su historia como profesional del área TI y como una referente que incentiva a otras mujeres a aprender y ser usuarias de nuevas herramientas tecno-digitales.

Por Catalina Evans Amador

Barbarita Lara es asesora de innovación, mentora de emprendimiento y solucionadora de problemas. Fue la primera chilena en la lista mundial de innovadores menores de 35 años, de la prestigiosa revista del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), donde se le reconoció el año 2017 como creadora de la aplicación SiE (Sistema de Información de Emergencia), fundada el 2015 y motivada por los continuos temblores que caracterizan a Chile. Este proyecto venía gestándose desde el 2010, año del terremoto 8,8 y tsunami que afectó al 80% del país.

Desde entonces se ha convertido en una de las 100 mujeres líderes del 2018 y 2020, según World Summit Award Winner, y en el 2022 se le otorgó el premio internacional Ada Byron, entregado por primera vez en nuestro país para reconocer la trayectoria femenina en tecnología. Lara es una magnate en la tecnología, no porque sea rica y se le vea llegando en un convertible a la entrevista, si no porque el poder de sus ideas y la empatía en sus acciones la han convertido en un ícono. 

A estas alturas los reconocimientos se han acumulado, y es que cuando se distingue su carrera en realidad se lo está haciendo con su vida. Ella es esa historia en la que todo hace sentido. Un relato que podría sonar como una sinfonía, protagonista de momentos que podrían inspirar el guion de una película. Esta conversación comienza retrocediendo el tiempo cerca de 30 años, y su memoria es una verdadera máquina del tiempo.  

–¿Recuerdas tu primer acercamiento a un objeto tecnológico? 

–El otro día ordenando documentos encontré mi primer diploma relacionado con computación. Era de ESCOM, una escuela de computación, y me lo dieron por haber usado el programa Dibuja, del año de la pera, del 90 ponte tú. Yo tenía 6 o 7 años, y era la única interacción que había tenido con computadores gracias a un taller que hicieron en mi colegio… Yo creo que llamó mucho mi atención. 

Después de ese primer encuentro, Barbarita quería aprender más y más, pero su vida entró en unas maletas y sus pies llegaron a un paisaje desconocido: Puerto Williams, la isla Navarino, en la región más austral de Chile. Frente a su casa, una tierra virgen y un bosque de animales salvajes la esperaban. Tenía 8 años y había perdido el acceso a teléfonos e internet, debido al aislamiento de la zona, pero un nuevo mundo apareció frente a sus ojos.  

«Despertó en mí la necesidad de entender el medioambiente, la naturaleza y cómo funcionan las cosas, identificar árboles a través de las hojas, por ejemplo; despertó mi capacidad de asombró al máximo. Tenía ganas de comerme al mundo pero estaba desconectada, así que me conecté con la naturaleza, aprendí y comencé a formar mi carácter: me encantaba el fútbol, siempre fui líder y mis papás nunca me pusieron dramas por ser niña. Al contrario, mi papá hasta me enseñó qué era una sierra circular… Y es que en la isla no había nadie que hiciera las cosas por ti, entonces giro sin tornillo, soy capaz de hacer cualquier cosa. Ahora no sé si soportaría cuatro años viviendo ahí, pero fue el mejor momento de mi infancia, me marcó muchísimo. Allá por ejemplo, en vez de ver una gaviota como aquí, ves un cóndor». 

Barbarita es la segunda de cuatro hermanos. En casa, ella era la que quería conocer y armar todo para “meterle mano”. Recuerda perfectamente la primera vez que interactuó como usuario con un aparato electrónico. Fue con una máquina de escribir Brother que permitía ver lo escrito en pantalla y corregirlo antes de imprimir. Algo muy diferente al clásico mecanismo para escribir con papel y tinta que conocía. Incluso, le permitía crear gráficos e imprimir a color. 

«Le dije a mi mamá que ya no quería de su ayuda para los trabajos del colegio, que podía sola… Y era raro ver una niña llevar trabajos tan bacanes», se ríe. 

Corría el año 1995 y en Chile esa tecnología no se conocía. ¿Cómo es qué una niña de 8 años, en Puerto Williams, tuvo acceso acceso a la misma? «Nosotros la trajimos de EEUU. Yo iba a nacer allá pero no dejaron subir a mi mamá al avión, me tuvieron aquí y luego vivimos dos años en Washington porque mi papá trabajaba en el Pentágono. Entonces, trajimos mucha tecnología de allá». 

Relata que su padre también llevó a la isla el primer computador multimedia en Chile, y lo recuerda como si lo tuviera enfrente: con parlantes, 500 Mb de almacenamiento y lector de CD. Todo bastante moderno para ese tiempo, pero como no sabía qué hacer con él, su primer instinto en ese momento fue desarmarlo y así conocerlo completo. 

«Y mi papá casi se murió. No me resultaba —volver a armarlo—, pero fue a prueba y error. El primer y segundo día no pude, el tercer día ya estaba transpirando helado y mi papá quería llamar a alguien de la armada que nos ayudara, pero le dije que no y ese mismo día pude hacerlo. Cuando lo logré, mi mente explotó y dije: «Yo quiero esto. Quiero sentir esto el resto de mi vida, poder armar cosas con mis manos». 

***

A sus 12 años llegó a vivir a Viña del Mar y tuvo acceso a internet y nuevos computadores. Lo consideró un cambio muy grande en su vida, luego de haber vivido en una isla, y sintió la necesidad de aprenderlo todo. 

«Le pedí a mi papá que me comprara un computador pero me dijo que no, que él compraría uno para la familia y que no podía desarmarlo. Entonces, salí a trabajar con un maletín lleno de herramientas, que eran las sobras de mi papá, pero eran mis herramientas… en un maletín». 

En un momento sonó el timbre de una casa y al abrir la puerta, una niña saludaba: «Hola, mi nombre es Barbarita y vengo a arreglar su computador». Al principio solo atendió a referidos, amigos de sus papás, y claro, sin cobrar nada, porque corría el riesgo de dejar los equipos peor. Hace memoria que eran tecnologías más modernas de las que conocía, y por lo tanto, un completo desafío. 

«En tres horas aprendía del computador y lo arreglaba, ya tenía una cierta lógica superada, cómo funcionaban los disco duros y las redes, por ejemplo, así que actuaba con precaución pero sin miedo». 

–¿Todo lo fuiste aprendiendo tú misma? 

–Sí, soy autodidacta. Creo que los seres humanos podemos serlo y eso es lo más bacán, somos seres autónomos y polígamas, podemos hacer y aprender cualquier cosa, a mí se me dio por la electrónica e informática y fui una esponja. 

Pasó de no cobrar a canjear su trabajo. «Usted me da once y yo le arregló el computador», solía decir. Luego comenzó a percibir de mil pesos en adelante, y después, lo que ella quisiera. «Si tenían que actualizar su computador, yo les iba a comprar lo necesario y lo ponía. Y antes de que existiera el WIFI ya creaba redes. Antes de que fueran comerciales, les decía que compraran el router y yo les instalaba el cable. Hacía el servicio completo».

Incluso hasta el año 2010, cuando ya no necesitaba seguir haciendo ese trabajo, su clientela la seguía llamando. «Y todavía hay quienes lo hacen», reconoce para Gritonas.

«Cuando iba a todas estas casas bonitas, me decía que algún día yo iba a vivir acá, y ahora aquí vivo. Fue verme crecer en todo este mundo. Y cuando quedé embarazada a los 20 años, tuve pega hasta los 9 meses, con la CPU arriba de la guata más o menos, arreglando computadores. Eso me dio seguridad: nunca le iba a faltar nada a mi hijo. Llevo años en esto, aunque no fuese una profesional puedo hacer mi propia empresa, y lo hago». 

Antes de tener su propio negocio, trabajó en un ciber durante un tiempo, hasta darse cuenta que de forma independiente le iría mejor. También fue encargada de seguridad de farmacias Cruz Verde, alrededor del año 2009, arreglando computadores con cámaras de vigilancia. En aquel entonces, por cada uno le pagaban $50.000 y eso ya era más de lo que ella necesitaba, o si quiera esperaba. Por semana hacía seis. 

«Me di cuenta que la tecnología eran lucas, pero a mí no me interesaba eso, si no que tener el tiempo para seguir aprendiendo lo que yo quisiera, y ahí me metí al tema de ciberseguridad también». 

Cortesía Barbarita Lara

–¿Qué significa para ti la tecnología y por qué dedicas tu vida a ella? 

–Es un concepto muy amplio, sobre técnicas para solucionar un problema, entender cómo funcionan las cosas y cómo resolver problemas con herramientas. Las herramientas son lo único que nos diferencia de los animales. Hay animales que pueden crearlas, como los cuervos y simios, pero nosotras creamos herramientas sofisticadas de más de tres pasos para resolver un problema. Eso es la tecnología, al final es todo, no solo lo eléctrico o digital. 

Como profesional, Barbarita se enfoca en la tecnología electrónica y digital porque es muy escalable: «Una idea puede llegar hasta donde se te ocurra, incluso al universo. No tiene limitaciones físicas, por eso me enamoré».  

Y reconoce que, en ocasiones, la modernidad es tentadora, mas no por eso útil. Es decir, nos metimos en un mundo de soluciones difíciles, y siendo consciente de esto, es que ella busca resolver problemas con la menor cantidad de herramientas posibles. 

«Hay soluciones con Machine Learning o IA, pero no siempre es óptimo. O estás utilizando más recursos o estás contaminando más el planeta. No vas a usar IA para prender la luz, pero hay gente que sí lo hace, y sí, es automática pero… era prender la luz no más. Ese problema ya estaba solucionado. Entonces, cómo ahora lo ocupamos eficientemente para no explotar la herramienta. Usar la nube, acumular fotos en las nubes, es contaminar. Estás contaminando con tu huella de carbono digital, lo mismo pasa al tener los computadores prendidos todo el día, entonces, ¿cómo nos aseguramos de estar usando lo necesario? Antes no necesitábamos tanto». 

Continuando la entrevista, para Lara una de las épocas más fascinantes de nuestra historia como especie fue el renacimiento, donde explotamos todas nuestras capacidades como seres polímatas. Lo ejemplifica destacando la figura de Leonardo da Vinci, que era escritor, escultor, cartógrafo, biólogo, etc.

«Y ahora al preguntarnos qué somos, respondemos: “ingeniero”. ¿Y qué haces? “Estudié ingeniería”. Comenzamos a especializarnos tanto que no somos capaces de desaprender, ese fue el error más grande de la humanidad, la limitación la pusimos con un sistema de mercado que te pide un título pero no necesitamos títulos para validarlos. Sí, sirve para estar certificado en lugares que lo pidan, pero por ejemplo, el mejor ingeniero en mi empresa es autodidacta, se tituló de la vida y es el más bacán que conozco». 

Se queda en silencio un momento y retoma. 

«Hay niños que están todo el día en el teléfono pero no saben usar la calculadora o mandar un correo, no tienen habilidades tecnológicas, solo son consumidores. Transformarse en un consumidor de tecnología, y no en un creador o entendido, ha causado que acostumbremos nuestro cerebro a estímulos. Queremos “me gusta”, estamos todo el día scroleando, hasta nuestros pulgares se han ido modificando. Hay como una involución. Un ser polímata puede hacer muchas cosas, pero hoy pasa seis horas pegado en Tiktok consumiendo información y recibiendo estímulos… Deberíamos, por ejemplo, estar enseñando metaverso, diseñar en 3D, aprender inteligencia artificial, en todos los colegios técnicos». 

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–¿Por qué eliges relacionarte con el espacio público? Por ejemplo, cuando te postulaste como constituyente. 

–Porque los humanos somos seres sociales, y creo que a las personas se les olvida eso. Los seres humanos comenzamos a hacer cosas estúpidas, por ejemplo, a destruir el planeta en el que vivimos y loco, no hay otro, relájate y bájale dos. Asumen que alguien más va a arreglar sus problemas y eso es algo súper erróneo. Yo me involucro porque la comunidad es todo. A lo largo del tiempo me ha tocado vivir y entender que las diferencias son constantemente discriminadas. Soy parte de la comunidad LGBTI y también viví eso con mi familia, con la sociedad, y entonces, ¿por qué no podemos vivir en paz? Simplemente vivir en paz y buscar lo mejor para todas. Yo creo que por eso estoy muy apegada a la tecnología, para buscar ese tipo de justicia de comunidad. 

Lara es promotora de la inclusión de talento femenino en TI, pero por veces su discurso se malinterpreta como una propuesta de guerra entre géneros. Frente a esto, explica la necesidad que esta área en particular tiene de contener equipos diversos. Un espacio en que, de acuerdo a la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de la Información (ACTI), la participación femenina es del 5%.

«Necesitamos equipos altamente diversos para que pensemos en soluciones de esas características. Es súper importante que no existan sesgos, problemas específicos ni discriminación aleatoria, y por eso se busca que tantas mujeres participen en TI, y no es fácil encontrarlas. Los sistemas están hechos para las personas sin importar su sexo, religión, condición, ni etnia. Por eso las mujeres van a aportar una parte que antes no existía». 

«Hay muchas soluciones o tecnologías que fueron creadas sin ellas, que fueron probadas en un hombre promedio y nadie se preguntó si funcionaba para una mujer porque en el equipo solo eran ingenieros. Por ejemplo, los celulares, de a poco y de forma gratuita, han incorporado calendarios menstruales, y eso es porque seguramente metieron a una mujer que cuestionó el pago que debemos realizar por una aplicación que lleva algo tan simple. Ahora lo puedes ver en Android y en iOS. Por eso es importante que estén».

Barbarita incluye más dimensiones a considerar en la formación de equipos TI. 

«Y ojalá que también sean personas con especialidad en neurodiversidad, porque hay muchas soluciones que no están pensadas para personas en situación de discapacidad, tanto física como digitalmente, y dices “pucha, que lata, ¿Quién habrá hecho este testeo?”. Mi enfoque siempre es que si las soluciones no están hechas para todas las personas, no sirven. Por ejemplo, el otro día el sistema SAE funcionó “perfectamente” de acuerdo a las noticias, y sí, funcionó donde había señal, ¿pero dónde no? No funcionó. No funcionó perfecto, porque no es para todas. Las personas de Santa Juana no recibieron ningún mensaje y sobrevivieron porque se metieron a una piscina, porque fueron rápidos durante los cinco minutos que se les quemó todo. Claro, se probó en un lugar donde había señal pero no pensaron en las otras características del territorio. Por eso necesitamos equipos cada vez más diversos, en muchos sentidos». 

Cortesía Barbarita Lara

–¿Por qué es importante considerar la educación Steam (sigla de origen inglés que significa Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas) para las sociedades del presente y futuro? 

–Es preocupante que nos eduquen como hace 100 ó 150 años, cuando tenemos desafíos distintos. Ahora, si la educación no está basada en proyectos, no sirve. Los proyectos identifican un problema, generan y crean una solución, la prueban y pueden resolver ese desafío. La educación en este momento está enfocada en la ciencia, la tecnología, las artes y la matemática, pero hablan de forma separada, en ningún momento hay un aprendizaje multidisciplinario. Ese es el error y eso es lo que busca cambiar la educación Steam. Me gusta hablar del Steamy, que tiene que ver con dicha educación, enfocada en emprendimiento e innovación. 

–Cuando hablamos de innovación, ¿Cuál es para ti la diferencia entre una innovación social y una innovación a secas? 

–Innovación es introducir un cambio para agregar valor, entonces cualquier cosa podría ser una innovación. Pero específicamente las sociales, son innovaciones que están referidas a solucionar una problemática localizada de una comunidad, de una población en específico. 

Sobre todo ahora, que estamos en una crisis climática, todas las innovaciones deberían ser sociales, enfocadas en ser sustentables, en la comunidad, en cómo poder ayudar a las personas, en cómo disminuir la huella de carbono y cómo no mal utilizar los materiales. 

Por mucho tiempo se pensó que las innovaciones sociales no podían tener profit —ganar dinero— y no, no tiene nada que ver. Los modelos de negocios pueden ser lucrativos mientras tú generes aportes a la comunidad. Lo importante es cómo causamos un triple impacto: económico, social y medioambiental. De repente los emprendimientos fueron enfocados en unicornios, y no todos tienen que ser así. Pueden ser simplemente para vivir en paz y ser feliz, y eso te hace altamente exitosa también. 

Explica que hay emprendimientos que dependen de inversionistas, mientras las startups son emprendimientos específicamente de base científica tecnológica que se pueden transformar en empresas. Barbarita Lara reflexiona y añade más sobre su experiencia.   

«Es más difícil emprender pero creo que los beneficios son exponencialmente superiores. En el colegio nunca me enseñaron a hacerlo, entonces era súper raro porque tampoco me han enseñado gestión del fracaso, y tenemos una cultura súper extraña, que cuando se fracasa, se ríen de ti. Y debería ser al revés. Si lo intentaste, fracasar no importa, por lo menos tú ya tienes un fracaso en el cuerpo, tienes más conocimiento, más práctica y experiencia. En Silicon Valley había esa cultura. Si tú no habías fracasado antes no podías entrar al mundo del emprendimiento porque tres fracasos te generan un poder de experiencia y de entendimiento del mundo mucho más alto. Para que la educación Steam sea efectiva, nos tienen que enseñar también gestión del fracaso. Cómo hacer que las cosas pasen, pero pensando en la comunidad».

–¿Qué le recomendarías a una persona que quiere empezar a conocer más de este mundo digital y tecnológico?

–La invitaría a hackearse a sí misma, es una de las cosas que más digo. En un momento mi prototipo se transformó en lo que esperaba la sociedad de mí y me vi decepcionada de todo, incluso de mí misma. Sentía que le estaba cumpliendo a todo el mundo menos a mí, y dije, “está mal”. Por eso estamos con tanta depresión y problemas de salud mental, porque dejamos de pensar en nosotras, dejamos de buscar la felicidad y de ver lo que nos apasiona. El hackeo es encontrar la vulnerabilidad interna en un sistema. Nosotros somos un sistema ¿Por qué no hackearme a mí misma? Encontrar mis vulnerabilidades para entenderme mejor y empoderarme más. Volver a aprender de lo que me rodea y ocuparlo a mi favor y al de los demás. Para poder enamorarnos de la tecnología y de lo que conlleva, tenemos que enamorarnos de nosotros. Tenemos que entender que cada una viene de una historia de soluciones que lograron nuestra sobrevivencia. Ahora más que nunca deberíamos estar enfocados en eso, porque estamos viviendo una crisis climática que podría matarnos. 

Toma un sorbo de su café y sigue.

«Ahora más que nunca necesitamos crear. Y la creatividad es lo único que nos va a diferenciar de la inteligencia artificial y de los robots. Para la gente que no lo entiende, la inteligencia artificial nace de todo lo que ya existe. El ser humano es el único que puede crear algo que nunca ha visto, que obviamente tiene que ver con nuestro alrededor, con nuestras vivencias, pero incluso si comenzamos de un punto cero, tenemos potencial creativo. Los robots no, la inteligencia artificial no, las máquinas no. Ese es nuestro valor, nuestro valor más profundo en el universo es que somos seres inteligentes y que podemos crear. Para eso tenemos que ser prototipos que de verdad estén pensando en cómo hacer lo mejor». 

Y finaliza. 

«Me dan esperanza las niñas y niños que están pensando en la meta de sostenibilidad, en la crisis climática, en el adultocentrismo. Que se sienten parte de los problemas y también parte de la solución. No tiene sentido no escucharlos. En el momento que estamos viviendo ahora es cuando deberíamos entender que somos capaces de re aprender cosas o cambiar completamente nuestra profesión. Si aprendimos o somos algo, podemos cambiarlo mañana. Es necesario hacer este upskilling y reskilling porque el futuro necesita personas que hagan diferentes cosas… Y estoy segura de que una de las soluciones más potentes es entender y valorarse como ser humano».