La bailarina y profesora de danza árabe nos relata su historia, brinda más detalles de su academia de baile y profundiza en el bienestar físico y emocional que promueve esta disciplina milenaria en las mujeres.
El origen de esta historia yace en una telenovela brasileña con la que nuestra entrevistada conoció y se empapó por primera vez de la danza árabe. Se trataba de “El clon” (2001), una ficción en la que su protagonista, una joven árabe nacida y criada en Brasil, se fue a vivir con su familia paterna a Marruecos, debido al fallecimiento de su madre.
En dicho país conoce a un brasilero multimillonario, que en esos momentos disfrutaba de sus vacaciones, y que se sorprendió por cómo ella le mostraba a otras mujeres el baile que le había enseñado su progenitora antes de morir. La conexión entre ambos fue cosa de minutos, cuya narración estuvo marcada por el acervo cultural, así como por otros temas que pocas veces se habían tocado en la televisión sudamericana, como la clonación, el abuso de drogas y las distancias interraciales.
La teleserie de O’Globo, prolífica en escenarios naturales, cuantiosa en tomas majestuosas y escenografías sorprendentes, fue un rotundo éxito. Tuvo más de 200 capítulos, lideraba la sintonía local, se tradujo a muchos idiomas y se emitió en más de 90 países, entre ellos Chile, en donde dos hermanas no se perdían ningún capítulo.
Una de ellas era Cindy Omaira, bailarina profesional y profesora de danza árabe, quien con su hermana Yasna, eran seguidoras, cuanto más fanáticas, de dicha pieza audiovisual precursora. Fue el primer registro de este tipo que dio a conocer el baile en Latinoamérica. Y como podremos ver en los párrafos siguientes, Yasna también es particularmente trascendente en su vida artística, pues fue ella quien rompió la atonía y tomó un taller sobre esta disciplina en el colegio donde estudiaba.
Cindy iba en octavo básico cuando se decidió a acompañarla a una de sus clases. A por primera vez hacer lo que solo había visto por televisión. Desde ese momento, su historia nunca más se detuvo.
«A través de la danza árabe yo pude crecer mucho como persona. A desarrollar mi personalidad. Desde siempre fui una persona muy tímida, pero muy muy tímida. Muy vergonzosa, entonces, desde ahí, fue como un canal para explorar esta habilidad que no la tenía desarrollada», comienza para Gritonas.
De ahí en más, una vez a la semana, todos los sábados, se dejaba maravillar por estos ritmos, movimientos y expresiones que la cautivaron. Lo suyo fue avanzando hasta la frontera de lo profesional, hasta que se dispuso a estudiar el profesorado de danzas árabes. Cinco años de estudios, de ensayos, de evaluaciones y de ritmología, porque esto no era solamente bailar, sino que profundizar en la cultura local, en los símbolos, en las vestimentas, en los instrumentos.
«Esta es una danza que existe hace miles de años, cuyo origen es en el Medio Oriente y el norte de África. Tiene diferentes movimientos de cadera y de vientre, así como otros ondulantes y que incorporan otros elementos. Es importante enfatizar que su origen parte desde mujeres que rinden honor a la fertilidad. Por lo tanto, es una danza que se realiza entre y para mujeres. Ese es el origen y es algo importante de recalcar porque a veces se tergiversan las cosas».
La tergiversación a la que se refiere es la que fue promovida por la religión musulmana, la que prohibió este tipo de baile. Para ejercerlo, solo estaban “autorizadas” las mujeres casadas, y únicamente para sus esposos.
«La danza árabe es para todo tipo de mujeres», discrepa Cindy más adelante. «Ya sea por su peso, contextura, relaciones, etc. Cualquier mujer puede realizarla porque lo que predomina es cómo la expresas. Cómo interpretas lo que estás haciendo. Lo más importante es cómo transmites la danza árabe hacia las otras personas y hacia ti misma. Cómo te sientes al estar bailando, indistintamente de cómo se hace. Eso es lo más importante».
***
Pese a su formación como profesora, nunca estuvo entre sus planes iniciales tener su propia academia. Sí reconoce que, como nos ocurre a muchos con nuestras pasiones, pensó en profesionalizar lo que más le gustaba hacer, pero su objetivo principal no era precisamente formar a otras como ella. Eso se fue dando con el tiempo.
«Aquí vuelve mi hermana a la historia», dice riendo.
«Ella comenzó a hacer clases en una academia y por asuntos de su trabajo, no pudo seguir. Recuerdo que me pidió reemplazarla y ahí empezó todo. Era 2013. Me quedó gustando y dio buenos resultados. Se sumaron más mujeres y descubrí que tenía habilidades para enseñar, que era algo que en un principio no sabía que tenía».
Eso dio pie a que, al poco tiempo, quisiera formar su propia academia: la Escuela de Danzas Árabes Cindy Omaira. «Las cosas de la vida, mi segundo nombre es Omaira. Mi mamá me lo puso porque le gustaba y es, coincidentemente, de origen árabe. Y si bien ella no lo era, fue perfecto para lo que me estaba dedicando como profesora, así que lo transformé en mi nombre artístico».
Al provenir de una cultura milenaria, Omaira tiene varias acepciones y significados, a causa de sus raíces árabes, tan añosas como un cerro.
Algunos lo asocian a “longevidad”, otros a “flor” y un resto a “amirah”, que se traduce como “vida”.
También se vincula con cualidades admirables y de dignidad, ya que puede ser interpretado como “aquella digna de admiración” o “mujer honorable”.
Y otra de las versiones que se repite y que suele coincidir en las búsquedas es que Omaira significa “bendita”. La que está bienaventurada para algo.

Cortesía Cindy Omaira
–Pensando en las lectoras que nunca han practicado, ¿Qué se aprende en clases de danza árabe?
–Aprendemos movimientos de cadera y movimientos de vientre. El estilo que yo enseño es una mezcla, es una danza árabe estilizada que incorpora elementos de la clásica y la contemporánea. Más completa. Se ocupan desplazamientos, posiciones de brazos, de pies y se incorporan giros. Todo está pensado para que se haga en el escenario. También vemos el estilo egipcio, que es uno más a tierra, que tiene el énfasis en las caderas y en los cortes. A mí me gusta una mezcla de ambas y queda muy bonita.
En las clases aprenderás ambas cosas. Desde lo clásico, la postura, la técnica, hasta lo que se puede trabajar más a tierra y con fuerza, ya que fortalecemos la musculatura. Además, podemos aprender de la ritmología, porque para poder bailar es importante incorporar los ritmos árabes. También se verán distintos estilos de danza árabe, porque la del vientre es una de ellas, como también la con sable, la con bastón, con el velo, con abanicos, con alas de isis, con candelabros. Son varias. Y todo eso se aprende a medida que vamos avanzando.
–¿Qué es lo que te gusta de dar cursos? Porque me imagino que hay una diferencia entre hacerlo para una y enseñarla para otras.
–Sí, de hecho, yo siempre digo que una cosa es ser bailarina y otra cosa es ser profesora. Lo que más me gusta de enseñar es que otras mujeres vivan la experiencia de sentirse protagonistas de su propia vida. De ese momento. Y si me preguntas de qué es lo que elijo, si ser bailarina o profesora, yo elijo lo segundo porque a través de ese espacio que se crea, se multiplica por otras 10 mujeres que están sintiendo lo mismo y que le están dando un sentido a su vida. Un sentido de poder desarrollar su sensualidad, su feminidad, también favorecer su autoestima, de mirarse al espejo sin problemas.
–¿Cómo así?
–Hay quienes llegan a una clase y bailan mirando al suelo. Les cuesta mucho hacerlo hacia el frente, mirándose. Pero después de que pasa un año, pasan haciéndolo frente al espejo, sacándose fotos. La persona cambia mucho, como la percepción que tiene de sí misma, siempre positivamente. Junto con eso, en todas las danzas siempre hay un elemento de frustración.
–¿De qué manera?
–En que al principio, obviamente, hay cosas que no van a salir, pero eso es normal. De ahí entra el rol de profesora de guiar y contener de que todo esto es un proceso. Al primer mes no podremos lograr lo mismo que una chica que lleva un año.
–En términos generales, cuando esas mujeres llegan a ti, ¿qué suelen estar buscando en una escuela de danzas árabes?
–Hay distintos casos. Lo principal que ocurre es que llegan buscando un espacio para poder desarrollarse artísticamente. También quieren desarrollar su sensualidad y su feminidad. Hay mujeres que quieren hacer algo por su cuerpo, como hacer ejercicio, y claro, como la danza árabe también tiene una parte de cardio, al estar bailando una hora, hay una quema de calorías. Se fortalecen los músculos.Y también sirve para botar tensiones y liberar estrés.
–¿Hay muchos casos que te sorprenden por sus avances?
–Sí, son varios porque al principio pueden llegar chicas con muchos complejos con su cuerpo, pero después se dan cuenta que su físico vive un cambio que pueden transmitir. Se quieren más y llegan mucho más empoderadas a la clase. Salen a la calle y caminan diferente, se sienten más lindas, se quieren más y eso repercute en todos los ámbitos de su vida.
Tengo varias alumnas que han avanzado y de hecho, en estos momentos, tengo a una de mis alumnas dando la clase que yo daba el sábado en la academia. Imagínate lo que significa para mí dejar a alguien a cargo de un curso. Ella ha trabajado harto tiempo y le tengo mucha confianza, porque desde que empezó conmigo creo que solo faltó dos veces a clases. Lleva como cuatro años y es muy disciplinada, que es lo más importante, y muy seca.
***
Todo lo que se conoce aquí ocurrió el frío y lluvioso sábado 29 de abril, mismo día en que se celebraba —como ella recordó después con un mensaje de WhatsApp— el Día Internacional de la Danza. Nos juntamos en un café de Vitacura, a pocas cuadras del recinto de salud que forma parte de sus otros trabajos, porque Cindy, además de ser profesora de danza árabe, también estudió dos carreras ligadas a la medicina.
Es así como completa los días de su agenda. «Después de que estudié danza árabe, lo hice de técnico en enfermería. Y hace poco, el año pasado, en diciembre, me titulé de terapeuta ocupacional. A eso me dedico, a las tres cosas. Trabajo en un vacunatorio, en un Cosam, y en la semana hago mis clases de danza árabe».
–¿Y te alcanza el tiempo?
–Sí. Tengo tiempo para todo eso afortunadamente
Quedamos a mediodía y no más haber ingresado a la cafetería nos hizo encontrarla puntualmente en una de las mesas más cercanas a la entrada. Ella vestida con su ropa clínica, con su teléfono, una mochila y una bolsa de género que olvidó en otra silla durante breves segundos, mientras veíamos lo que íbamos a beber.
Una vez sentados, listos y dispuestos para esta conversación en el ruidoso nivel inferior de la cafetería, dimos inicio a todo esto que leen. Nos quedamos en la parte de que todo lo que ella estudió, a fin de cuentas, tenía que ver con lo mismo. El organismo y cómo entendemos nuestro cuerpo.
«Por ejemplo, la terapia tiene que ver con favorecer el bienestar de las personas a través de la ocupación, fomentar la autonomía y participación social. Y desde ahí trabajar de forma terapéutica, cómo te decía, mejorando la calidad de vida de las personas, por eso te digo que tiene directa relación. La danza árabe también tiene un fin terapéutico, que es favorecer el bienestar de las mujeres, liberar tensiones y estrés, al igual que favorecer la autoestima de las mujeres».
Todo esto y mucho más late en el corazón de la Escuela de Danzas Árabes Cindy Omaira, ubicada en Providencia, la que cuenta con tres tipos de clases. Dos básicas y una intermedia-avanzada. La idea es seguir abriendo más opciones —por ejemplo para niñas, dice su directora—, lo que no quita que su formación sea para mujeres desde los 13 años en adelante. Sin un máximo de edad: «He tenido alumnas de 60», asegura.
¿Y si un hombre quisiera tomar una clase? «He tenido alumnos hombres. No hay problema. La primera vez tuve un alumno que quería vivir la experiencia de aprender danza árabe. Estuvo un tiempo y todo bien. Después hubo otro que quiso tomar clases un rato, pero por lo general no se quedan. Acepto hombres a pesar de que el espacio es para mujeres. No hago diferencia ni pongo limitantes».
Otros servicios que ofrece su escuela son presentaciones para eventos. Principalmente matrimonios, como también fiestas sociales, de empresas y cumpleaños.
«Tenemos un show de siete minutos, el más corto. Otro donde son dos canciones, llevamos un elemento para el baile y una canción que se hace con el público. Y una tercera opción, más completa, en donde llevamos dos elementos de danza árabe, que pueden ser sables, abanicos, velo, más las canciones con el público. También ofrecemos llevar cotillón, en donde destacan unos sombreros de Tutankamón, unos caderines para los invitados, velos, etc».
–¿Cuáles han sido tus mayores logros como bailarina?
–Cuando me gradué como profesora de danza árabe, pues además tuve la oportunidad de bailar acá en Chile con el cantante Tony Mouzayek, quien hizo las canciones de la teleserie “El clon”, la misma que veía cuando era chica. Mi profesora lo trajo como invitado a su gala.
–¿Cómo fue eso para ti?
–Emocionante. Desde que partí ya escuchaba sus canciones, y después bailarlas, maravilloso. Otro de mis logros en la danza árabe fue ir a bailar Argentina en el 2018, en un lugar que se llama Espacio Artístico Colette, que es de la famosa Orquesta de Mario Kirlis. Y después fui a Brasil a bailar, en Sao Paulo específicamente, en el restorán que es de este mismo cantante que hacía las canciones para “El clon”, que se llama El Maktub.
–¿Y tus logros como profesora?
–Haberme mantenido, a pesar de la pandemia. En esos momentos todo lo presencial se suspendió y estuve un año entero con clases online. Fue conocer un mundo paralelo a través de la virtualidad, todos los días, dos veces a la semana. Que las chicas se conectaran, manteniendo esa regularidad, fue un logro para mí en un año súper difícil. En donde el contacto físico, la presencialidad, era muy importante para enseñar danza, por lo que poder lograrlo de forma virtual fue un logro.

Cortesía Cindy Omaira
–Lo que no quita que fue complejo.
–Fue complejo el tema de la distancia, pero también lo fue adaptarme a otros espacios. A buscar uno en mi casa, donde hubiera un espejo y que las estudiantes pudieran captar lo que yo quería mostrarles. Afortunadamente, tenía uno que resultó muy bien y tuve los medios para tener un celular con buena cámara para las filmaciones.
–¿Qué proyectos tienes para este 2023?
–Este año, o el próximo, quiero ir a Argentina con mis alumnas a bailar. A un espacio nuevo que se abrió, ya que allá la danza árabe está más avanzada.
–¿Sí? ¿En qué lo notas?
–Hay más escuelas y allá, las danzas en general, están mucho más desarrolladas que acá. La gente toma más clases, invierte más en lo cultural. Acá en Chile también, pero no tanto como allá. Hay más orquestas árabes, hay más espacios en donde se puede bailar, hay más rubro por así decirlo.
***
–Algo que suele llamar la atención de la danza árabe es la coordinación de mujeres en grupo.
–Es increíble. De partida, la danza árabe es un canal para empoderar a las mujeres, pero también algo interesante que ocurre es que importa quién instruye, y que las estudiantes se complementen entre ellas. Por ejemplo, si hacemos una coreografía, les digo que no están bailando solas. Que somos un grupo que debe estar pendiente de sus compañeras. Estamos mirando hacia el frente, pero igual pueden estar mirando hacia los lados y si es que alguna se equivoca, ustedes la pueden ver y pueden apoyarse. Esa es la idea, de que haya cohesión. De que se note que en el escenario, al momento de presentar una coreografía, hay compañerismo. Y eso ha pasado.
La idea es que el grupo sea bien unido, pues mientras más compañerismo haya, todo saldrá mejor. No estamos haciendo coreografías solas, sino que estamos en un grupo. Y lo más importante es que estén en sintonía, que se miren, que se pongan de acuerdo con las miradas, y que se note.
–¿Qué provoca eso?
–Lo que se da es bien interesante, porque aparte de formarse un grupo de mujeres, se crea comunidad. Y que sea así, quiere decir que se comparten experiencias, que se forman vínculos entre ellas, y al ser así, se contienen. Se hacen amigas. Es un espacio seguro para todas las mujeres que van y no existe competitividad entre ellas, porque como digo, la idea es instruir para que eso no ocurra, y mientras estén más cohesionadas, mejor.
–Otra cosa que sorprende es el empoderamiento corporal que promueve en tiempos de tanta digitalización, metaverso, ambientes no reales.
–Sin duda que la danza árabe hace que te conectes con tu propio cuerpo. Como decías, estamos en un tiempo en que vivimos en redes sociales, como si hubiera un mundo paralelo, pero en estos momentos de baile nos desconectamos de eso y todo lo hacemos con nuestro cuerpo. ¿Y qué pasa en este caso? Que al bailar te conectas con tu corporalidad, con los movimientos, con los músculos, con lo que estás haciendo con tus pies, con tus manos, con la cabeza. Qué estás haciendo con los ojos, la boca, la postura. Te conectas en un 100% con tu cuerpo y puedes desarrollar autoestima. Te empoderas y sales al mundo de una forma diferente.
–¿Tienes próximas presentaciones?
–Este año en particular será importante porque nunca he hecho una presentación de mi academia por sí sola. He participado con alumnas en otros eventos, como invitada, así como en otras galas. También hemos salido en la tele, en Zona Latina y en TVN Internacional. Una de mis estudiantes trabajaba en el ámbito y nos hizo el contacto cuando necesitaban llevar espacios culturales.
–¿Y cómo te fue? ¿Estabas nerviosa?
–Sí, pero fue súper lindo y buena oportunidad de mostrar lo que se hace en mi academia. Lo mejor es que las estudiantes y alumnas estaban felices, porque es un momento que se registró y en donde todas salen muy bonitas. Donde destaca la coordinación. Quedó plasmado y lo podemos ver cuando queramos.
–¿Cómo lidias con el pánico escénico y esas cosas?
–Eso nunca se pierde. Lo más importante para poder sobrellevarlo es ensayar mucho antes. Ensayar. Y tener confianza. También la mentalidad de que puede que una se equivoque, pero lo importante es salir de eso. Seguir. La sincronía con las demás. Una nunca baila sola. Los miedos nunca se acaban y eso es lo que a una igual le gusta. Sentir esas emociones, el nervio rico de salir antes de la presentación, y después terminar, es una experiencia genial.
–Me decías que este año era particular.
–Sí, te iba a contar que nuestra primera gala iba a ser dos semanas después del inicio de la pandemia, la cual se suspendió. Teníamos todo listo, los trajes hechos, las coreografías también, pero de ahí hasta ahora no se había planeado. Pero este año realizaremos la gala a fin de año. Debemos recordar las coreografías, ensayarlas, además que tendremos invitados de otras disciplinas. Danza tribal, danza hindú, para que sea un evento más completo y pueda haber variedad.
–Ya que lo comentaste, ¿Cómo trabajas la sensualidad con tus alumnas?
–Lo primordial es la elegancia. Se puede trabajar la sensualidad pero con elegancia. ¿Y cómo se hace? Con la técnica. Primero trabajamos técnica de brazos, de pies, de postura en general, y desde ahí llevamos en la práctica la sensualidad.
Hablando de eso, algo que me gusta es hacer fusiones de danza árabe con otras disciplinas, de otro tipo. Y este año hicimos una, que la llamo “Fusión sensual oriental”, que es una mezcla de movimientos de danza árabe con otra más sensual. Lo hicimos con una canción de The Weeknd, “The Hills”, con un velo.
–¿Cómo se te ocurrió esta fusión?
–Como bailarina, creo que siempre es bueno estar en constante aprendizaje. Este año comencé a tomar clases de Chair dance, que es una danza sensual que utiliza como elemento la silla. A partir de la práctica y de lo que significa explotar la sensualidad, se me ocurrió explorar esta temática con movimientos de la danza árabe e incorporando elementos como el velo.
Cabe destacar que mi foco siempre ha sido evitar erotizar la danza árabe, por lo mismo, la música que utilizamos para esta fusión es moderna, con toque oriental y movimientos ondulantes, usando el velo y haciendo énfasis a movimientos sensuales y sugerentes. Es muy interesante, porque es muy sensual pero, al mismo tiempo, bonita y elegante. En general, así se trabaja la sensualidad. Desde la elegancia se hacen cosas bonitas y se va el prejuicio. Y como es un espacio entre mujeres, debería desaparecer más rápido.
