Kelly Montaño: «Las modelos tienen que aprender que nunca les dirán siempre que sí. Deben tener esa capacidad mental, tolerancia a la frustración, porque todo llega para la que sabe esperar»

Fotografía Matías Moya

La colombiana revive su historia como modelo y también una parte de los 10 años que lleva radicada en Chile, lo que ha sido una oportunidad para cumplir sus sueños.

Fue una frase que la marcó para siempre: solo triunfa el que se obsesiona. La escuchó de una persona en uno de sus primeros desfiles en Chile, cuando aún no había logrado lo que ahora sí. Kelly Montaño, quien tiene 26 años, quien es colombiana, risueña y una persona muy afable de conocer, está cumpliendo su sueño en nuestro país de ser modelo profesional y pronto poder transitar por las pasarelas más importantes del mundo. 

«Si te obsesionas por tu sueño, lo madrugas, lo trabajas, lo lograrás», asegura para Gritonas. Nos reunimos con ella un sábado en Providencia, en el Costanera Center. Tal vez el centro comercial más concurrido de Santiago, por su centralidad, conectividad y acceso al transporte público, lo que fácilmente podría calificar como un mal lugar para una entrevista. No obstante, poco de eso fue así. 

Montaño estaba en un café pequeño, recóndito, escondido, de modalidad autoservicio, que bien parecía un oasis del silencio en medio del caos de los pasillos y las tropas que los circulaban. Ella venía saliendo de una reunión y se encontraba en una mesa sin acompañantes colaterales. Al vernos se mostró dichosa de contarnos más sobre su historia. Ese día un ceñido vestido negro se dejaba caer sobre su cuerpo, al igual que dos enormes colgantes que combinaban con su sonrisa luminosa, grande y extendida. 

Llegó a los 18 años a Chile luego de una infancia y adolescencia en Cali, Colombia. Fue por la mala situación económica que enfrentaban junto a su familia; su madre y sus siete hermanos menores. En ese tiempo ella estudiaba administración de empresas en la universidad, hasta que llegó el punto de tomar una decisión. Seguir con los estudios o ponerse a trabajar. Optó por lo segundo y se vino a Chile, específicamente a Iquique, con los mimbres fuertes de la realidad. Estos son sus recuerdos.

«Me vine sola, aunque obviamente cuando llegué a Iquique tenía unos amigos cercanos. Comencé a trabajar con ellos y luego me independicé. Después me vine sola a Santiago, sin conocer a nadie, ni sabiendo cómo usar el metro, el bus, ni nada. Y así ya llevo 10 años acá. Todo fue un cambio que me dio duro. Tuve hasta depresión por haber dejado atrás a mi familia. Era la primera vez que me desprendía de esa manera con ellos». 

Haciendo de la necesidad virtud, en Iquique hizo distintos trabajos mientras explotaba una incipiente carrera como modelo. Lo hacía en una agencia local por la que participó en desfiles de mall y en sesiones de fotos. Y como en la Tierra de Campeones reside una numerosa comunidad cafetalera, «como que me sentía en mi tierra, por así decirlo. Muy acogida», expresa. No obstante, ella sabía que las oportunidades estaban en Santiago, tanto en los números como en la relevancia de dichas ocasiones. A los pocos años tomó sus maletas con denuedo y se fue a la Región Metropolitana. 

«Al principio fue frustrante. Fui a las mejores agencias de acá en Santiago y lo primero que me dijeron fue que debía bajar de peso. Normalmente, peso 50 kilos, y no estaba dispuesta a afectar mi salud para entrar al modelaje, ni para tener una agencia que me representara. En ese momento preferí trabajar por interno, de manera independiente, lo que me sirvió hasta el punto de grabar comerciales para Estados Unidos, Canadá y para Chile». 

De ahí que el ascenso de su carrera esté avanzando a su cénit. Hoy la podemos ver en distintos eventos, desfiles y espectáculos. En publicidades de redes sociales y de marcas relacionadas a la belleza, e incluso en los medios de comunicación. Hace poco fue parte del programa Conectados de la señal internacional de TVN, antes participó de Aquí Somos Todos de Canal 13 y hace poco fue entrevistada por la radio FMDOS. 

Sin que el azar dibuje sus chances, la colombiana también ha participado en videoclips de música urbana con miles de reproducciones. Un ejemplo es “Parcera”, de Pailita, donde no pasa desapercibida en el grupo de muchachas que acompañan al cantante: es la única morena, la única con bikini amarillo y la única que aventa una sazón que nadie más parece tener. 

«¿Cuáles son mis referentes? Dentro de las modelos, admiro a Naomi Campbell. Me gusta ella desde que tengo memoria. Mi sueño es conocerla o trabajar con ella. Me cautiva su destreza y desplante, porque a pesar de la edad, sigue rompiendo estereotipos, marcando diferencias. Y es un ícono en el modelaje. Su trayectoria y su historia, que no fue fácil, es inspiradora. Además, me encanta ella porque es angelical». 

–¿Tú tomas cosas de ella para nutrir tu carrera?

–La sigo en sus redes. Cuando te gusta alguien, tratas de copiar siempre lo bueno de esa persona. Mi sueño es viajar y conocerla. Es mi referente. Yo creo que gracias a ella, de alguna forma, estoy donde estoy. Porque si no tienes disciplina, no tienes constancia, no luchas por tus sueños, que es lo que Naomi Campbell hizo, no llegarás a ninguna parte. Ella muchas veces ha dicho que no a muchos trabajos, y yo muchas veces he hecho lo mismo porque, o no te quieren pagar, o quieren jugar con una.

***

–El modelaje suele generar estereotipos en las mujeres. ¿Cuál es tu reflexión sobre aquello?

–En este mundo se vive mucho de eso. Lo que te contaba. Cuando llegué acá, fui a hacer un casting a una de las mejores agencias de Chile y me dijeron que no porque tenía que pesar menos de 50 kilos. Eso es jugar con la salud de una, tanto la física como la mental, porque ahí te cuestionas y dices bueno, no sirvo para esto. ¿Por qué me dicen que no? ¿Por qué contratarán a otra modelo? 

–¿Te ha pasado algo así recientemente?

–La otra vez tenía que hacer unas sesiones de fotos para una tienda y me pinté el cabello rojo. Siempre estoy cambiando mi estilo. Y al final, la niña de la tienda me dijo que no por eso mismo. Ni siquiera le respondí. Es mi estilo, si yo me siento mejor así es lo único que importa. Con esa tienda no fue, pero puede ser otra. El día de mañana me puede llamar otra colaboración. 

–¿Qué lecciones tienes de eso?

–Las modelos tienen que aprender que nunca les dirán siempre que sí. Deben tener esa capacidad mental, tolerancia a la frustración, porque todo llega para el que sabe esperar. Muchas mujeres han sufrido de bullying, por ejemplo, porque para ciertos cánones son muy gordas. Entonces, supuestamente no te puedes colocar una talla en particular y debes buscar otra. Pero todas somos bellas, cada quien tiene su belleza, su esencia, y yo creo que es algo que está cambiando gracias a las manifestaciones de las mujeres por el mundo. Yo he visto niñas muy lindas que dicen que no quieren modelar porque son gordas. Tú no eres gorda, les digo yo. Eres lo que proyectas. 

–¿Cómo aconsejarías a una persona que vive en esos u otros casos similares?

–Que trabajen en su paz mental y tranquilidad, porque eso es todo. A mí me han dicho que no muchas veces. Que esto, lo uno o lo otro. Que muy flaca, no sé. Pero yo como de todo. En mi caso, yo no engordo, no hago dieta. Es genética (ríe). No me someto a una dieta drástica por temor a quedar hospitalizada, no sé, por anorexia. Tu cuerpo es tuyo y si no tienes amor propio, nadie te lo dará. Yo le puedo decir a una chica que está hermosa, divina, pero si ella no tiene ese amor propio que puede tener, nadie lo verá. 

Cortesía Jonathan Arriagada

–En una actividad tan extenuante como el modelaje, ¿cómo te preocupas por tu físico?

–Como te dije, no hago dieta. Obviamente, me preocupo de comer sano, pero en general como arroz todos los días (ríe). Cuando tengo que grabar, trato de tener ropa ajustada a mi cuerpo. En esos casos, prefiero llevar mi propia ropa, y si hay allá, trato de escoger los colores que mejor vayan con mi piel. Igual es algo que no me complica porque siempre tengo un estilo diferente. Ya te dije, hoy puedo tener el cabello rojo, mañana puede ser verde. 

–¿Cómo ha sido tu experiencia en Chile de acuerdo al trato de la gente?

–A mí me sorprenden las redes sociales. Cuando subo una foto las mujeres siempre me escriben que quieren ser como yo, y a veces eso me impacta. Vengo a Santiago y me preguntan dónde voy a estar, y así aprovecho de tomar un café con ellas. 

–¿Y con los hombres? 

–Con los hombres, uno que otro irrespetuoso, porque a veces una no alcanza a responder todo y te encuentras con sorpresas, pero cuando voy por la calle todo es muy cordial. Qué morenaza, o que me recuerdan porque salí en el video de tal o cual. A mí me gusta eso porque soy de interactuar. O cuando las niñas quieren ser modelo, las envío a las agencias en que trabajo y les digo que van de parte mía. 

–¿De dónde viene esa cordialidad?

–Obviamente, a mí la vida me ha marcado muchísimo, pero de un tiempo para acá he sabido llevarla de una manera más relajada. Antes era muy a la defensiva, pero ahora no. He cambiado en ese ámbito porque trabajo mi tranquilidad y eso es lo mejor. Sobre todo después de la pandemia y los brotes de depresión. Quiero vivir mi vida relajada, de buena manera. Que si hoy no fue, mañana sí puede ser. 

–¿Cómo viviste el confinamiento?

–En la pandemia justo estaba en Colombia. Había participado en un certamen de belleza, entonces adelanté el vuelo y justo llegué a Chile cuando cerraron las puertas. Me fui con mi pareja a vivir a la playa porque no quería quedarme acá en Santiago, por el estrés y todo lo apurado que es. 

–¿Te complicó la situación?

–Fue súper complicado porque no podía hacer fotos. De tener muchos eventos y desfiles, pasé a no tener nada. Era una rutina en la que me levantaba a las seis de la mañana para estar en un lugar temprano, que se quedó en cero. Todo fue muy caótico. 

–Otro estereotipo que se forma en esta actividad es que las modelos tienen una vida ideal, relajada. Que es muy fácil sacarse fotos, cuando tiene sacrificios. ¿Cómo explicarías tu trabajo?

–Ser modelo no es nada fácil, señoras y señores (ríe). En las jornadas no alcanzas a desayunar, no alcanzas a almorzar, siempre estás rodeada de gente, tienes que cambiarte de ropa sin pudor de nada ni de nadie. Si tienes que estar en tacones todo el día, es así. Maquillarse, desmaquillarse, mañana elegir este tono, el otro día este otro, entonces no es sencillo. Tienes que madrugar y también trasnochar. Y las que hacen dieta, seguirla estrictamente. 

–Nada simple…

–No es que yo me pare, tomen la foto y listo. El fotógrafo te dice la foto que él quiere y tiene que salir así. Hay veces en que una llora, ríe, la verdad es que pasa de todo. Y si bien una en la foto una sale sonriente, detrás de la sonrisa hubo un sacrificio enorme. 

–¿Qué te provoca ver esa foto final que te pide el fotógrafo?

–Una siente una felicidad enorme. Valió la pena todo lo que lloré (ríe). El sacrificio. Es gratificante ver los resultados.

***

Kelly Montaño, como buena colombiana, dice que es vallenatera. Y como caleña, es una amante de la salsa, del merengue, la bachatica. «Me gusta también el reggaeton, pero soy de salsa y vallenato. Muy de mis orígenes y de mi tierra», menea sus hombros como si estuviera sobre una pista de baile. Es probable que una buena parte de esa música también se escuche en el supermercado que administra en El Tabo junto a su pareja, otra de sus ocupaciones. 

Así, gracias al momento y a las oportunidades que experimenta en Chile, hoy vive con una hermana y un hermano en estos territorios. La primera trabaja en el mencionado negocio familiar y el segundo cursa la enseñanza media en el colegio. Hoy intenta destinar su tiempo libre a ellos, como también a ir al cine, juntarse con los amigos, tomar algo, mayormente cuando se encuentra en Santiago. 

Claro está que Kelly es también una fanática de la estética y la moda, como se refleja en su cuenta de Instagram. Si algo la define es su adopción de estilos, algunos que la vuelven cambiante y al mismo tiempo singular, como si de un camaleón se tratase. Su impronta, su centimetraje y su cabello también brindan lo suyo. Momentos antes de esta entrevista un hombre, seguramente extranjero por su acento estadounidense, se acercó a ella para pedirle una foto por su parecido con Grace Jones. 

«No sabría decir qué estilo tengo porque normalmente, cuando tengo eventos, trabajo con mi diseñador Franco Ricciardelli. Normalmente, mi estilo es muy sobrio, tranquilo, como me ven en las redes sociales. Soy de usar falda, vestidos, short, de todo. No me complica. Me encanta el escote, un vestido largo con una buena apertura», sonríe.

Es así como sus días de modelo son itinerantes entre la Región Metropolitana y la de Valparaíso, lo que, ante nuestra consulta, es la rutina que más le gusta y acomoda. «Sobre todo con esta ola de calor en Santiago, que es insoportable», añade. 

Cortesía Kelly Montaño

–Es sorprendente que una colombiana se queje del calor…

–Sí, es que acá el calor es como que te quema. No es húmedo como en mi país. Ahí está la diferencia. Acá es mucho horno, muy desesperante. 

–¿Cómo han sido estos 10 años en Chile?

–Yo me siento chilena. Incluso, estoy viendo el tema de la nacionalidad, porque este país me abrió las puertas y me tiene aquí. Gracias a Chile mi familia está bien y yo también. Una llega a un país y siembra una semilla para que crezca bien, porque si haces cosas malas, eso no hablará bien de ti ni de tu país. Trato de hacer las cosas bien porque Chile es muy lindo. Tiene gente muy amable y cariñosa, que te abren las puertas, que te sientan en tu misma mesa, y está en una ser agradecida y brindarle un aporte de manera positiva, mas no negativa. 

–Porque, volviendo a los estereotipos, se crean muchos para los extranjeros. Como que fomentan la delincuencia, la violencia, la sensación de inseguridad… 

–Sí. Para mí es triste cuando veo las noticias y veo el tema de la delincuencia, y que todos son extranjeros. Como que se arruga el corazón porque una lucha día a día para dejar cosas positivas y que vengan otros a dañar. Claramente, una no se siente identificada con ese tipo de personas. Una no trata de entrar en conflictos, pero tampoco faltan quienes te dicen que por ser de tal lugar te devuelvas a tu país. 

–¿Te ha pasado?

–Sí, más que nada en el supermercado, porque trabajar con atención al público es complicado. Como todos los que trabajamos ahí somos extranjeros. Llega cualquier chileno y dependiendo de cómo se sienten atendidos, comienza el trato. Mucha gente se molesta que yo sea la encargada o que en el lugar trabajen muchos extranjeros.

–¿A qué lo atribuyes?

–Yo creo que a la idea de por qué logramos tanto en tan poco tiempo. Y porque siempre nos ven, porque trabajamos de lunes a lunes. El tema está en hacer cosas positivas porque si las haces, conseguirás muchas cosas así, pero si te relacionas con gente negativa, olvídate. 

–Volviendo a tu actividad, ¿qué tipo de modelaje no realizas?

–Literalmente, cuando estás en una pasarela tienes que vestirte con todo lo que esté ahí. No sufro de pudor. Si tengo que vestirme en medio de la calle no tengo ese problema (ríe). He realizado todo tipo de modelaje. Hasta ahora no he hecho un desnudo artístico, pero sí cuerpos pintados, porque me encanta eso de la liberación. 

–En tiempos de un mayor empoderamiento corporal para las mujeres, y siendo modelo, ¿cómo reflexionas sobre ese tema?

–Primero, los estereotipos sobre el cuerpo no deberían existir. ¿Quién soy yo para juzgar el cuerpo de otra persona? ¿Quién es ella para hacerlo sobre el mío?. Yo creo que cada quien tiene que vivir su vida, alimentar su cuerpo como quiera. No hay que aceptar críticas negativas. Cuando son constructivas, positivas, sí. Las personas deben tener amor propio. Si una no se acepta, no logrará nada. Todo está en aceptarse a una misma. Si a mí el día de mañana me llaman para un desfile y soy la única morena, que me ha pasado, voy a lo que voy. Y listo. No estoy pendiente de lo que hace una, la otra, nada de eso. 

–¿Cuáles son tus proyecciones para el 2023 y lo que se venga por delante?

–Tengo varias. Viajar, viajar y viajar (ríe). Me gustaría participar alguna vez en el Festival de Viña. Desde que llegué a Chile he querido ir. En Colombia yo lo veía en televisión y me decía que algún día iba a estar ahí. Es uno de los festivales más grandes del mundo, muy bien organizado. Es otro de mis sueños que quiero cumplir aquí. También me gustaría estar en un canal de la televisión chilena, tener mi propio programa y otros proyectos personales. 

Deja un comentario