Francisca Gómez: «Hay conversaciones que no están socializadas y la burbuja de las redes sociales, donde hay mucho feminismo y empoderamiento, no es la realidad completa. Es una porción pequeña»

La periodista reflexiona sobre el tratamiento de los medios y las plataformas digitales a las temáticas de género, junto con su trayectoria como comunicadora radial. Un oficio gratificante por todo lo que puede lograr.

Antes de este día y de esta entrevista; antes de ser comunicadora y dedicarse a la radio; antes de tomar el micrófono y conducir su programa de seis a ocho; antes de ser mamá y afrontar los contratiempos que ciertos hombres provocaron por aquello; antes de todo eso y mucho más, Francisca Gómez cumplía el único objetivo que tenía en ese momento. Encontrar una pega que le permitiera ahorrar y así realizar su práctica profesional en México. 

Terminaba 2012 y si bien tenía otras opciones, decidió no trabajar en cualquier cosa. Ya lo había hecho como garzona durante mucho tiempo, pero ya egresada de periodismo, quiso apurar el camino que hoy la tiene como unas de las voces reconocibles del dial. Buscó una oportunidad con el editor digital de Radio ADN, pasó la entrevista de ingreso y terminó trabajando como reportera web en diciembre, enero, febrero y parte de marzo de 2013. Tras ello concretó su anhelo en Ciudad de México y fue practicante de la revista Nexos. 

«Aunque estando allá —dice para Gritonas, casi 10 años después—, siempre tuve claro que tenía que volver para mi tesis y examen de grado. Contacté a la gente de la ADN para ver si había una oportunidad de volver. Me estaba dedicando al periodismo escrito pero siempre escuché radio, desde chica, y quería meterme en el mundo. Llegué de México, conversé con el director de prensa y me ofreció reportear los fines de semana». 

Con Francisca, “Fran Gómez” como se presenta en radio, nos juntamos una mañana de otoño en un café cualquiera de Ñuñoa. El día era tenue, frío, lento, como muchos a contar de marzo, con gente disfrazada de oficinista por las veredas, mientras la locutora de Romántica llevaba una chaqueta de mezclilla y dos grandes aros circulares, casi tan dorados como su piercing. También un cigarrillo de tabaco, en la mano cuya dorsal tiene tatuada una telaraña, y una gran memoria, pues asegura que la pregunta del director de prensa fue un miércoles. Y que el sábado ya estaba afuera, reporteando, «sin saber nada de cómo hacer lo práctico».

Era una pauta relacionada al Transantiago, en Plaza Italia; Plaza Dignidad como le añade. Estaba el ministro y ella nerviosa, sosteniendo por primera vez el micrófono para despachar el boletín. Escribió todo lo que iba a decir, lo leyó al aire y fue una adrenalina brutal. Así lo dijo porque lo repitió. Brutal. Informar en la suprema gracia del aquí y el ahora. Una sensación de «estoy saliendo en la radio» de la que se enamoró. «Y claro, después me enamoré de los despachos en el estudio. De saludar, matizar ciertos tonos, el protocolo que significa. Todo eso fue encantador». 

En 2014 fue reportera semanal, de lunes a viernes, de tres de la tarde a once de la noche. Fue un año en que le tocaron hechos rupturistas que cubrir, como incendios en Valparaíso, la muerte de Gustavo Cerati —mientras ella entrevistaba a Chayanne en un hotel—, o la explosión de las bombas en el “Subcentro” del metro Escuela Militar. Lecciones de cómo entregar una noticia en momentos críticos. 

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Es interesante conocer a gente de radio o que trabaja con la voz, porque si solo los has escuchado, si nunca los has visto, piensas en alguien exageradamente diferente a quien realmente es. Y por otro lado, si sabes quién es la persona, también la proyectas de una forma, de una manera —capaz que haciendo algo—, mientras habla. 

Paul Auster decía que la realidad no existe si no hay imaginación para verla. Ustedes imaginen lo que fue para Gómez compartir con Beatriz Sánchez en el estudio de Radio ADN —«un ícono, una ídola que escuchaba de chica»— y también haber alcanzado un programa propio. Era nocturno, de noticias, música y compañía. De nueve a doce, aunque duró poco porque pronto se sumó a Radio Biobío, en marzo de 2015. 

Corrió la voz. 

«Me fue bien y mal. Bien porque era una radio con llegada y alcance, donde aprendí a ser una voz más allá de las noticias. A dar mi opinión, lo que admito me hizo sentir miedo, un vértigo de saber cuál era la mía. ¿Qué es lo que tengo que decir? ¿Todo lo que tengo que opinar o decir? Fue un lindo aprendizaje, pero también vino lo malo. Era una radio que te alejaba totalmente de tu vida personal. Y una de las primeras cosas que me dijeron es que ojalá que no me embarazara». 

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En lo sucesivo, a finales de ese año, supo que estaba embarazada. Se lo hizo saber al director de la radio y a su consigliere, —«que así le digo yo, era el encargado de decir estas cosas»—, quien ya le había dado la advertencia gestacional de no más haber entrado a la radio. Y si bien reconoce que en su minuto no lo advirtió como algo negativo, porque no era consciente de eso y tampoco era que se hablaba tanto de lo que te podían decir —o no decir— en entrevistas de trabajo, cuando comunicó su gestación, en diciembre de 2015, no cayó bien. 

«Tuve un embarazo de alto riesgo, entonces mi licencia fue a los tres meses de embarazo. El problema fue que cuando volví, después de mi postnatal, este consigliere dijo que mi reemplazo estaba siendo bueno, por lo que yo tendría otro horario. No es que me lo ofrecieron, me impusieron un bloque no tan escuchado, los fines de semana, y también me fueron marginando de eventos y coberturas especiales. La cosa era rara con las mujeres que habían sido mamá hace poco», rememora. «»

Se mantuvo así todo 2016. Al año siguiente, a partir de la demanda de su amiga y en ese tiempo periodista de la emisora, Rayen Araya, reconoció distintas falencias que la afectaron como madre y mujer. Acusó las precariedades del lugar —ausencia de una sala de lactancia, de sala cuna y de mujeres en cargos de poder— y presentó su renuncia ante el director, sintiéndose consecuente con su apoyo al proceso legal de la colega. 

De ahí vino un paso de cinco meses por Rock and Pop y de seis por comunicaciones estratégicas, pero a los meses supo que no era lo suyo. Quiso recuperar lo que de alguna forma le pertenecía. «Recuerdo que había muerto Areta Franklin y a nadie le importaba, lo que me hizo saber que no estaba en el lugar correcto. Yo quería estar en la radio. Busqué pega y llegué a la Radio Romántica. Mi primera salida al aire fue el 24 de diciembre de 2018».

–¿Qué tiene la radio?

–Es un lugar donde puedes llegar a gente que jamás piensas que puedes hacerlo. Incluso, a la invisibilizada por los medios de comunicación. Te puede escuchar alguien con mucho poder y una persona que trabaja de noche en la conserjería de un edificio. Además, te brinda la posibilidad de llegar a través de la voz, que es un estímulo diferente porque solo está eso. Tu voz, nada más. La música obviamente, como el caso de esta radio, pero no hay otro. La posibilidad metafórica de sentarme en el lugar donde la gente escucha es muy bonita y gratificante. 

–¿Antes te llamaban la atención otros formatos?

–Sí, lo escrito. Las revistas, los reportajes, las entrevistas, los perfiles. Cuando era chica jugaba básquetbol y veía harto hockey porque un pololo jugaba. Su papá era entrenador y me decía que ambos deportes eran iguales. Las mismas funciones, cinco contra cinco. Me pasa lo mismo con la radio y otras plataformas como el diario. Es básicamente lo mismo. Elaborar una pauta, estructurar la información de cierta forma, aunque claro, con otra dinámica y ritmo.

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Cortesía Francisca Gómez

Fran Gómez conduce “La Terraza Romántica” de lunes a viernes, entre las 18:00 y las 20:00 horas, como repasa el jingle. Es un programa de actualidad, música y acompañamiento en el que propone perspectiva de género e integración, especialmente desde la igualdad y la diversidad sexual de gays, lesbianas y «la comunidad LGBTBI, porque no hay noticias sobre eso todos los días en los medios tradicionales. Pese a la importancia que tiene». 

Como su editora, la rutina casi siempre es la misma. En la mañana consume todos los medios de comunicación posibles, tradicionales y no, para hallar temáticas que no salen en todos lados. Elige temas y también apoya la producción de los otros programas de la radio, para luego dar seguimiento a lo mismo y a lo nuevo ya entrada la tarde. Y en el momento de salir al aire. Un espacio de goce y grandes obligaciones. 

Un ejemplo que dejó claro fue la pandemia, donde tomó la posición de acompañar y contener, sin dejar de informar. Sin dejar de hablar sobre lo que estaba pasando, que si no recuerdan, no se sabía mucho. Su buena memoria dice que esa semana, la del 14 de marzo, partió a su casa al mismo tiempo en que llegaron los equipos para transmitir. 

Su hija de tres años a su lado.  

«Fue difícil porque ella no entendía lo que estaba haciendo. No cachaba nada. Estaba todo el día jugando conmigo, pero también demandando tiempo que a veces yo no tenía. Y eso también intentábamos transmitir en la radio, que había gente muy exigida con el teletrabajo y la crianza. Fue complejo, pero también fue interesante que mi hija estuviera cerca de lo que estaba haciendo. Que se diera cuenta cuál era mi trabajo».

Continúa. «También hubo momentos en que estaba en la radio y llegaba mi mamá para decirme “Oye francisquita…”, y yo “¡Mamá estoy al aire!” (ríe). O también llegaba a la puerta y me miraba, solo me miraba (ídem). Me acostumbré al estrés de esos estímulos y no perder el foco de lo que estaba diciendo».

Ahora el panorama es distinto, en formato híbrido. Y como tiene crianza compartida, asiste al estudio semana por medio. En ambos escenarios la responsabilidad es la misma. Otro ejemplo fue cuando se inició el camino para una nueva Constitución. 

«Desde el estallido de 2019 surgió el eterno problema de cómo decir las cosas al aire para que la gente se sintiera cómoda. No somos una radio informativa, tampoco una netamente opinante, entonces, no podemos llegar y decir lo que opinamos tal como lo haríamos con amigos. Los temas de contingencia, si no tienen una vuelta como de Radio Romántica, mejor no tocarlos». 

–Porque si bien varios temas pueden aparecer en varios medios, lo que cambia es el prisma con que se analiza y se da una opinión. ¿Cómo se te da el rol de acompañamiento?

–Hay algo que es muy de una, que no se aprende, y no digo que sea algo único, pero no sé si los grandes comunicadores fueron enseñados en cómo serlo. Es más bien algo que surge, probablemente escuchando mucha radio y poniendo en práctica la empatía. De saber cómo le contarías cierta noticia a una señora que está sentada contigo, o también a una adolescente. Es como pisar huevos. Acompañar, pero también llevarte bien con la persona con que estás conversando, sin peleas. Dar tu opinión, pero sin poner tu moral por sobre la del resto. Es una línea muy delgada porque siempre habrá alguien que le molestará lo que estás diciendo.

El nombre del programa también es gráfico sobre lo que se quiere lograr, como sentarte en un lugar y hablar sobre lo que pasó en el día, con lo que te hizo sentido y reflexión. Leíste en la mañana que se aprobaron derechos, por ejemplo, reproductivos y sexuales. Ok, en la tarde, ¿qué pensaste a propósito de eso? Después de toda la información en redes sociales, ¿qué es cierto y qué no? Eso es lo que busco, lograr esa compañía en la reflexión de lo que está pasando. Porque siempre informo sobre lo que pasó. 

Algo muy importante también es que no das por sentado que todos saben lo que ocurrió, a diferencia de las radios informativas. En esa lógica, siempre me refiero a que existe un debate que está dentro de tal marco, de tales temáticas, que hay noticias falsas al respecto, así que ojo con esto, informémonos bien, etc. Es tratar de decir algo que tú piensas que puede tener sentido, pero siempre con respeto e interés entre las partes.

–¿Cómo describirías a la audiencia del programa y de la radio?

–De partida, no son solo mujeres. Es algo que a mucha gente le cuesta sacarse de la Radio Romántica, porque la creen solo femenina, pero también la escuchan muchos hombres. Sorprendentemente, la mayoría de los comentarios que me llegan en la tarde son de hombres escuchando la radio y agradeciendo los debates. No se molestan por escuchar de identidad de género o de feminismo. La idea de que “ya está hablando la feminista”, no es tan así. Hay muchos que se interesan, yo creo, porque todo va en cómo lo comunicas y cómo los integras. A mí no me interesa segregarlos. 

–¿Y cómo lo haces?

–Me interesa que estén dentro del debate y la conversación, para que ambas cosas las hagan suyas. Para mí es importante no pararme desde la moral feminista, porque sé que lo rechazarán de inmediato. No es algo socializado y los medios tradicionales se han encargado de hacer esa separación, pero no creo justo para ellos estar fuera de todo. Pero también veo necesario marcar una perspectiva de que hay mucho por hacer desde su género. Es una audiencia muy inteligente, pero también, como todos nosotros, personas que vienen formateadas para pensar de cierta forma, en el sentido de que hay cosas que no se hablan, que no se dicen o que nunca se han hablado. 

–¿Por ejemplo?

–Cuando tratamos el acoso callejero o ese tipo de situaciones, como que levantas una piedra. Sale todo lo que han vivido las mujeres y lo que nunca han podido hablar. Y que alguien lo esté diciendo en la radio, y en esta radio en particular, sorprende. Escriben que les pasó lo mismo, que a una le han dicho esto o lo otro, como cuando hablamos sobre si se han dado cuenta de que la gente opina sobre tu cuerpo, sin preguntar. Y te responden que sí. Que a muchas les ha pasado, toda la vida, que el médico habla de los suyos como si fuese algo malo, y te das cuenta que hay conversaciones que no están socializadas y la burbuja de las redes sociales, donde hay mucho feminismo y empoderamiento, no es la realidad completa. Es una porción pequeña. Son personas marginadas de dicha conversación, porque siempre ha estado en el plano intelectual. 

–¿Y cómo se trabaja eso?

–Mi interés está en bajar las conversaciones de ese plano y hacerlas comunes. No siempre las banderas y los encargados de llevarlas tienen un lenguaje cercano, por lo que las comunicadoras y comunicadores debemos asumir ese rol. A todos nos pasan cosas similares, sobre todo a las mujeres, por lo que el público necesita y merece saber de la actualidad y también de que no está solo. Por algo ocurren muchos de los despertares sociales. 

–Como en Chile…

Ha pasado, claro está, que mi programa ha tenido más de despertar social que tranquilidad (ríe). Al año de programa, o ni siquiera, hubo un estallido social y todo giró a eso, a lo inmediato. A lo crítico. 

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–Una crítica recurrente hacia los medios es que crean estereotipos, sobre todo de mujeres. ¿Cómo trabajas el asunto en la radio?

–Comercialmente, las radios deben tener esos estereotipos, porque el mundo de la publicidad todavía no ha avanzado, quedándose con “a quién” le estamos vendiendo. Hay veces donde se choca cuando se quiere vender a una mujer que quiere estar más flaca, sacarse las canas o la celulitis, apuntando a un tipo del cual ya no vamos o que hablamos en contra de eso. Afortunadamente, hemos podido modificar cosas para no vender inseguridades. El área comercial se ha adaptado a nuestro discurso y ha sido bacán, porque no ha sido al revés. No nos han presionado para que sea diferente. 

–¿En serio?

–Sí. Nunca me lo han dicho y bacán, pero es algo con lo que una siempre está lidiando. También ha sido bonito entre las mujeres que trabajamos en la radio, porque también tenemos estereotipos en la cabeza que hemos ido quebrando. Ponte tú, en las conversaciones editoriales decidimos hablar, por ejemplo, de la menstruación. Vemos la forma de abordarlo y de ahí surge un diálogo sobre cómo lo ha vivido cada una de nosotras y de qué manera rompemos el estereotipo. Ha sido bonito cuestionarlo y hacer un trabajo constante de hacia dónde mirar, más allá de donde siempre nos han llevado la mirada. Desafiante obviamente, pero bacán. 

–Sí…

–Hace un rato me hiciste una pregunta sobre los formatos que me interesaban, y la televisión ha sido uno que siempre me ha interesado, pero desde el punto de vista de cómo no se podrá hacer algo mejor. Creo que es el gran defecto de los medios de comunicación hoy en día. 

–¿En qué lo notas?

–Desde lo que uno ve, quienes aparecen en pantalla, hasta lo que se habla. La televisión está al debe de todo lo que está pasando. La sociedad avanza a un ritmo, mientras que dicho medio se queda estancado, y eso hace retroceder a todos quienes ven la señal abierta. El gran problema es que no podemos hablar de caídas de estereotipos, de igualdad de género, de diversidad sexual, si la televisión no está ahí. La radio siempre ha sido el lado B de los medios y siento que nunca podremos llegar a esa conversación tan masiva porque en la tele no está. Por lo tanto, veo una lucha constante con ese formato para que las cosas se digan de forma diferente. Muchos tienen miedo de decirlo porque está sujeta a lo comercial. 

Cortesía Francisca Gómez

–¿Qué opinión te merecen los temas que tocan con respecto a la identidad de género? 

–Pobre. En la televisión desde el estereotipo, la pena, el paternalismo, eligen una porción de la realidad muy al debe. Una muy ingrata para mostrar lo que en realidad es, cuando podría ser sin victimización, sin llanto, sin nada de eso. Hace no mucho fue la cobertura al caso de Cristel Rodríguez, donde el tratamiento de otros medios en torno a su discurso, de mostrar más tipos de cuerpos, fue desde el llanto, la víctima, de lo triste que ha sido para ella, cuando pudo serlo, pero mostrarlo desde ese punto de vista no nos hará avanzar. No romperemos nada. Su elección de historias es pobre e ingrato. 

–¿Y el país está preparado para hablar de las temáticas como las que tocas en tu programa?

–Es muy importante lo que está pasando y creo que, lamentablemente, está todo muy blanco y negro. Estamos casi que obligados a tener una postura en todo, cuando la realidad no es así. Las redes sociales también perjudican en eso. No debemos tener una opinión para todo en el mismo momento que estamos revisando lo establecido. Qué lata tener siempre la misma opinión en la vida, cuando la idea es nutrirse de otras visiones y miradas. Eso hace que la contraparte vea que no es necesario que todo sea agresivo, doloroso de integrar. Así como avanzamos en ciertas cosas, también creo que hay que detenerse en otras para ver si las estamos haciendo bien. Hay que parar y recordar que hay otras miradas. Que hay quienes que no avanzaron como tú y que te deben el mismo respeto que tu propio avance. ¿Qué harás con esas personas que no tienen integrado eso que tú sí? ¿La subestimarás, las alejarás, las marginarás, o te preguntarás por qué no están avanzando en la misma dirección? Nos debemos esa calma como sociedad.


Fotografía principal cortesía Francisca Gómez

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